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Información General Lunes 19 de Febrero de 2018

Bonet expuso en un encuentro de Consudec

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Agrandar imagen FOTO CONSUDEC EN CORRIENTES./ Alejandro Bonet representó al Colegio San José.
FOTO CONSUDEC EN CORRIENTES./ Alejandro Bonet representó al Colegio San José.
REDACCION

Por REDACCION

Del 6 al 9 de febrero pasados se realizó la 55° edición del curso de rectores, organizado por el Consudec (Consejo Superior de Educación Católica) en la ciudad de Corrientes, bajo el lema "La revolución de la ternura es hoy".

De nuestra ciudad participaron directivos del Colegio San José: Graciela Sereno (directora general), Ana Treiki (directora de Primaria), Paulina Strappini (vice directora del Jardín) y Alejandro Bonet (representante legal).

En la oportunidad, Bonet expuso sobre "La ternura revolucionaria es inteligente ante la realidad", que a continuación se transcribe su contenido, según la síntesis que resumió el presbítero Walter Alejandro París:

Con León XIII la Iglesia se abre a la mentalidad dominante para transformarla. La modernidad (Kant-Nietzche-etc.) eran el criterio con el cual se concebía la realidad y la Iglesia salió a su encuentro con el magisterio social. El Concilio Vaticano II fue el punto culminante de este proceso y se abrió a una perspectiva que comenzó con Pío XII, que alcanzó su plenitud con Benedicto XVI, quien profundiza el sentido del cristianismo como presencia original, y su capacidad de transformar la historia, y continuó Francisco en su dimensión revolucionaria y concreta.

Methol Ferre, un gran filósofo uruguayo, decía que la Iglesia después del Vaticano II dejó de ser furgón de cola de la historia para ser locomotora. En este Concilio abrió a la Iglesia a experiencia de la realidad y a un juicio nuevo que desafió las ideologías y le permitió entrar en diálogo con toda la realidad.

Benedicto XVI lleva a su plenitud este proceso al reproponer la experiencia cristiana con su método original: el pensamiento nace del acontecimiento y ese es el punto de partida para entender la educación. Así el acontecimiento transfigura la realidad y su relación con ella.

El Documento de Aparecida, cuyo gran redactor fue Bergoglio, plasma esta concepción de Benedicto XVI, es imposible pensarlo uno sin el otro, continúa su concepción. En Aparecida hay dos puntos que son el núcleo de los pontificados de Francisco y Benedicto XVI. En los puntos 243 y 244 están sintetizados estos núcleos en la perspectiva de que el acontecimiento de Cristo es el comienzo de una realidad nueva en la historia que es el discípulo. No se comienza a ser cristiano por una ética, sino por un acontecimiento y por un encuentro. Esto ha sido siempre el cristianismo, pero se lo redescubre.

La naturaleza misma del cristianismo consiste en reconocer la presencia de Cristo y seguirlo, reconociéndolo como respuesta a la sed de vida que llevaban dentro. Este acontecimiento hizo surgir la Doctrina Social de la Iglesia que nace de este método, no es una ideología que propone un itinerario educativo, todo lo contrario nació dentro de la tempestad de la historia.

Nosotros en el fondo somos racionalistas y no partimos de la experiencia de un acontecimiento y por eso reducimos la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) a una ideología. Todas las realidades de la vida las juzgamos desde la mentalidad dominante y no desde la fe, es decir, desde la pertenencia al acontecimiento.

La Iglesia a partir del principio “el tiempo es superior al espacio” se sumerge en las ideologías remitiendo al acontecimiento.

En Luemen fidei nos dice que la fe comienza escuchando y mirando y luego entiendo, o sea, parte de la experiencia. La fe juzga la vida y no al revés. Parte de una realidad concreta.

El magisterio social desde León XIII a Francisco es la misma experiencia de encuentro de Juan y Andrés con Jesús, nace una inteligencia nueva de lo real. Este es el núcleo de la DSI. Es un pensamiento que crece en su credibilidad con el paso del tiempo, al revés de la ideología que pierde credibilidad.

El magisterio social, partiendo del acontecimiento y nutrido de su autoconciencia, profundiza aspectos que acaban adelantándose al tiempo. El mismo compendio de la Doctrina Social es un salto cualitativo en la autoconciencia en su relación con la realidad, así evoluciona el dogma como respuesta a la realidad. El compendio es una inteligencia nueva de lo real, es embebernos en una fuente donde se nos ayuda a discernir este ambiente líquido en el que vivimos, madurando nuestra manera de pararnos delante de la realidad.

El compendio tiene los fundamentos de una nueva ontología de la sociedad, proponiendo un cambio social desde dentro de la realidad, no por la conquista del poder. Porque el método cristiano cambia desde dentro la realidad, desde la familia, el trabajo, no buscando alcanzar el poder, en esto la Iglesia, a veces, ha caído en la tentación.

En esta línea, la revolución de la ternura implica que una maestra mire con ternura a su alumno y así sanar las heridas que tiene en su corazón fruto de la violencia, del bullying o maltrato familiar. Esto es revolucionario porque cambia desde dentro, desde el corazón, sin poder alguno, con el poder del acontecimiento de Cristo, que responde al deseo del corazón humano.

El problema educativo no es un problema de los chicos sino de los adultos. Si un adulto no es maduro, y busca madurar, por más que sepa todo y domine su disciplina... no educa. Porque se educa desde la experiencia. Los chicos captan lo que nosotros somos. Una persona adulta es una persona que está parada delante de la realidad de una manera adecuada, es decir, cuando vive la realidad intensamente. Si me tomo en serio mis exigencias, entonces me tomo en serio las exigencias de todos.

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