Por REDACCION
SAN FRANCISCO (AICA). - La diócesis de San Francisco celebró la llegada de su nuevo obispo, Sergio Osvaldo Buenanueva. El prelado prometió trabajar para interiorizarse en la vida pastoral de la diócesis. “Ábranme las puertas de sus casas para poder compartir la alegría del evangelio”, fue el pedido expresado a la comunidad, en la celebración eucarística en la que el arzobispo metropolitano de Córdoba Carlos José Ñáñez, lo puso en posesión de esta jurisdicción eclesiástica.
Buenanueva fue elegido el pasado 31 de mayo por el papa Francisco para esta misión pastoral, y que comenzó en la tarde de este domingo 25 de agosto con la celebración eucarística acompañada por cientos de fieles venidos de las distintas geografías del nordeste de la provincia de Córdoba.
El nuevo obispo, de 49 años, llegó a la catedral minutos antes de las 17, acompañado por Daniel Cavallo, hasta entonces administrador diocesano. Allí fue recibido por niños de la catequesis y una murga, que en parte transmitieron la expectativa generada tras casi dos años de sede vacante. En el atrio lo esperaban los miembros del Colegio de Consultores, quienes le ofrecieron una cruz para que bese y le entregaron un libro de los evangelios.
Luego de visitar al Santísimo Sacramento, realizar la profesión de fe y el juramento de fidelidad al Santo Padre -ritos previstos por la Iglesia para quienes desempeñan estas funciones-, el arzobispo metropolitano de Córdoba Carlos José Ñáñez, inició la celebración eucarística. A su momento, se leyó la bula papal por la que se designó a Buenanueva obispo de esta diócesis, y tras el gesto, el presbítero Raúl Martini, del Colegio de Consultores, rubricó el acta de inicio del ministerio pastoral. Tras el saludo, Buenanueva ocupó la cátedra episcopal. Contemplaban con atención Carlos Baldomero Martini y Carlos José Tissera, quienes ocuparon ese sillón de 1989 a 2004 y de 2004 a 2011, respectivamente.
También concelebraron Carlos Franzini, arzobispo de Mendoza (ex obispo de Rafaela); José Arancibia, emérito de la mencionada arquidiócesis; Alfonso Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo, y Juan Puiggari, arzobispo de Paraná; Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje; Samuel Jofré, obispo de Villa María; José Rovai, emérito de esa diócesis; Eduardo Martín, obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto; Gustavo Zurbriggen, coadjutor de la prelatura de Deán Funes (ex párroco de la Catedral San Rafael); Adolfo Uriona FDP, obispo de Añatuya, y Hugo Barbaro, obispo de San Roque de Presidencia Roque Sáenz Peña.
En su primer mensaje a los fieles, el obispo habló de recibir el Evangelio con corazón creyente y abierto al Espíritu, al mismo tiempo que pidió contemplar la actitud de Jesús camino a Jerusalén -y a su pasión-, quien enseñaba y predicaba por el camino.
“Contemplemos a este Jesús misionero y caminante, todo El tomado por el intenso deseo de la Pascua. Casi podríamos decir que El ha pasado antes que nosotros por la puerta estrecha, haciéndose pequeño para entrar en el Reino del Padre. Dejémonos atraer por El y que su Espíritu nos incorpore a su caminar ligero de Resucitado, vencedor de la muerte y dador de vida en abundancia”, expresó.
Buenanueva expresó que, como obispo, puede invitar a un solo sendero para transitar: el de las huellas que deja Cristo. Y sostuvo que llegó a San Francisco para “sumarse al camino de fe y evangelio” que transitan los fieles. “Sumarme quiere decir contemplar la obra de Dios en ustedes, escuchar, observar, aprender, pero sobre todo orar, orar, con ustedes y en medio de ustedes”, explicitó.
El flamante obispo dijo conocer el plan diocesano pastoral, “que refleja sin dudas un camino evangelizador”, por el cual San Francisco transitó la espera de un nuevo obispo, y adelantó que buscará conocer cómo ese programa se traduce en la vida eclesial: “Espero leer ahora en un contacto personal, mano a mano, lo que Dios escribe en el corazón de cada uno de ustedes, en la originalidad de cada persona, familia y comunidad cristiana, y ruego al Espíritu que me infunda docilidad interior para dejarme yo evangelizar”.
El prelado también realizó un pedido: “Abranme las puertas de sus casas para poder compartir la alegría del evangelio”. Y agregó: “Vengo también a sumarme a una sociedad dinámica y laboriosa, orgullosa de su pasado, y abierta al futuro”.
Atento a la dinámica social de esta zona de Córdoba, y del progreso económico de los últimos años, Buenanueva manifestó, como en otras ocasiones, que no se debe perder en la vida de la comunidad la luz del evangelio. “Quisiera hacer todo lo que esté de mi parte para que nunca falte el punto de vista católico en la búsqueda del bien común, alentando la cultura del encuentro, el diálogo, la reciprocidad y la colaboración leal”, expresó.
El obispo agradeció la cercanía y el aliento de los sacerdotes, y el trabajo del hasta anteayer administrador diocesano Cavallo, quien lo introdujo en la dinámica eclesial de San Francisco. Y también dejó un mensaje para los jóvenes: “Yo también espero que hagan lío como dijo el Papa. En realidad, si dejan a Jesús meterse en sus vidas, la vida de cada uno se les va a escapar de las manos, porque va a quedar en las manos de Jesús. Eso le pasó al joven Francisco de Asís cuando se dejó mirar por el Crucificado que lo sacó de sí mismo, lo hizo libre con la misma libertad de Jesús y lo mandó por los caminos del mundo. Es Jesús el que hace lío en nuestras vidas”.
Al concluir la celebración, el presbítero Daniel Hidalgo, la hermana Elba Dotori y una laica dieron la bienvenida al obispo. El sacerdote expresó su fidelidad al obispo, en tanto que la consagrada y la laica dieron cuenta de las congregaciones e instituciones eclesiales que conviven con las áreas pastorales de la diócesis. Tras las palabras, Buenanueva salió a la explanada del templo mayor a saludar a los fieles.
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