Por Orlando Pérez Manassero
El 9 de noviembre de 2011 visitaban la redacción de este diario Carlo y María. Eran de los tantos italianos que habían llegado a estas tierras para conocer una parte de su propia familia formada al otro lado del mundo por parientes inmigrantes, esos que un día abandonaron Europa para buscar un futuro en América.
Aquí encontraron a los descendientes de aquellos pobres aventureros y por cuatro veces vinieron a Argentina para reiterar el emocionado abrazo con quienes portaban su misma sangre. Y hablando de sangre había en estos dos viajeros algo que los distinguía de otros visitantes piemonteses. Carlo Barberis y María Gerbaudo fueron, mientras la edad se los permitió, activos donantes de sangre.
Ambos son habitantes de Faule, provincia de Cúneo de la Región del Piemonte, población de poco más de 500 habitantes hermanada con nuestra vecina localidad de Humberto I. Durante el año 1956 Carlo comenzó con sus donaciones y hoy a los 83 años, ya retirado, contabiliza más de 130 extracciones. Su esposa, María, con el ejemplo de su esposo por delante, alcanzó alrededor de 80 donaciones durante su tiempo activo.
Durante el año 1984 Carlo y un grupo de dadores dieron vida a AVIS Faule, Associazione Volontari Italiani del Sangue de Faule (Asociación Voluntarios Italianos de Sangre de Faule) que el domingo 5 del pasado mes de octubre cumplió los 30 años de su fundación.
Tal acontecimiento se celebró con un desfile de voluntarios donantes por las calles del pueblo acompañados por la banda Filarmónica Morettese, una santa misa en la parroquia, el saludo de las autoridades y un almuerzo social donde se agasajó a todos los donantes presentes. El sindaco de Faule Giuseppe Scarafía y el actual presidente de AVIS Tivano Piercarlo agasajaron especialmente a Carlo Barberis por esos treinta años pasados y en especial por su larga participación como dador de sangre, motivo por el cual ya había recibido, al alcanzar las 10 donaciones, una medalla de bronce, a las 25 de plata, a las 50 de oro, a las 75 un distintivo y a las 100 la Cruz de Oro.
Ya retirado el hombre fue por más todavía; construyó él mismo el monumento a los donantes y se avocó incansablemente a la difusión de la necesidad de ser donante por lo que su patria, Italia, le otorgó el título de Caballero de Honor. Para aquellos que los conocieron es esta buena noticia (estuvo en nuestra zona en 1997, en 1999, en 2006 y en 2011) y para el resto de los lectores sirva el ejemplo de Carlo y María; piensen que donar sangre es donar vida.
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