Por REDACCION
Luego de dos años sin tocar en Buenos Aires, Andrés Calamaro tardó un segundo en poner a 25 mil personas a cantar. Su recital del sábado en el Hipódromo de Palermo comenzó con los clásicos "Mi enfermedad" y "A los ojos"; luego pidió disculpas por llegar tarde y prometió recuperar el tiempo perdido presentando las canciones de Bohemio, su último álbum de estudio.
Vestido de negro, con un pañuelo con calaveras diseñado por Alexander McQueen que separaba sus rulos de sus Ray-Ban Maverick, Calamaro mostró oficio escénico y un gran manejo de la ansiedad del público. Mezcló hits definitivos de su carrera solista y Los Rodriguez como "Todavía una canción de amor" y "Crímenes perfectos" con "Cuando no estás" y "Bohemio". La banda sonó enérgica, entre la furia y la euforia. Las guitarras de Julián Kanevsky y Baltasar Comotto (guitarrista del Indio Solari), el bajo de Mariano Dominguez (ex IKV), los "teclados tradicionales" de Germán Wiedemer (ex Ratones Paranoicos y Memphis) y la batería del prodigio Sergio Verdinelli (ex colaborador de Luis Alberto Spinetta y Fito Páez) fueron un pack demoledor en "Loco", "Flaca" y "Sin documentos", hicieron gala de potencia en "Días distintos" y dieron nota de gran versatilidad en los temas de características más tropicales, como "Tuyo siempre".
El recital estuvo atravesado por las referencias a sus pares, ya una tradición en los shows de Calamaro: envió un afectuoso saludo a Pablo Lescano por su cumpleaños antes de "Tres Marías"; honró a "su hermano mayor" León Gieco después de cantar "Algún lugar encontraré", y lanzó un tiro por elevación a Charly García: "En ausencia de otros hermanos mayores es, según mi punto de vista, el padre del rock nacional, el rock argentino, el rock que nació bien", dijo (una referencia críptica al famoso juego de palabras de García: "El rock-nacio-mal"). Saludó al Indio Solari después de "El Salmón" y cantó un fragmento de "Te vi" de Fito Páez a mitad de "Te quiero igual".
En esa dirección, hizo un pequeño homenaje a Lou Reed enganchando "Carnaval de Brasil" con "Walk on the Wild Side", donde Andrés agregó ademanes de sexo oral para traducir el significado menos literal de la letra. Y se dio el gusto de entonar "Volver" en el legendario hipódromo en el que Carlos Gardel vio correr a su caballo ("Lunático se llamaba", recordó el cantante).
Al promediar el show, que duró poco más de dos horas, Calamaro y sus músicos se embarcaron en un momento peculiar para un vivo de estas dimensiones: una meseta instrumental de casi siete minutos de acid jazz-rock inspirado, según el propio cantante, en los años eléctricos de Miles Davis, que el público recibió en silencio y con respeto, lo que la banda premió inmediatamente después tocando "Estadio Azteca".
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