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Información General Lunes 18 de Noviembre de 2013

Conformación de una Venezuela moderna

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REDACCION

Por REDACCION

Por Ana Davicino (Especial para LA OPINION). - Así como la economía y la sociedad argentina se transformaron en la primera mitad del siglo XX, la solidificación de la economía petrolera, con el paralelo retroceso de la agrícola, echó en ese tiempo las bases de la Venezuela moderna. Este proceso que se inicia en 1922 se configura en 1926 cuando el codiciado mineral pasó a ser el principal producto de exportación. Cuando el General Eleazar López Contreras asumió la conducción del país, en diciembre de 1935, planteo un nuevo modelo de país que intentaba ingresar en la modernidad. En enero del año siguiente López Contreras fue elegido presidente constitucional, y en febrero anunció un programa ambicioso, dirigido a solucionar los problemas más urgentes que confrontaba el país. Entre otras cuestiones, López Contreras entendió perfectamente la importancia del urbanismo. Utilizó los medios radio-eléctricos para dirigirse a sus conciudadanos y tomó medidas muy precisas para planificar el futuro de la capital. Inició un proceso tendiente a cambiar su faz arquitectónica (facilitado por las fabulosas entradas por concepto de la renta petrolera), la apertura política y social, y el nuevo status que pasaba a ocupar la educación en la nueva política del Estado.

Hacia la década de 1940, el arte que imperaba en Venezuela era el realismo social, que representaba el mundo rural que desaparecía tras todos estos cambios: las faenas del campo y las festividades religiosas. En esta línea se encuadran las primeras pinturas de Carlos Cruz Diez como “El papagallos verde”.

Hacia 1948 se funda el Taller Libre de Arte con el objetivo de crear un centro de actividades que sirviese no sólo para la confrontación de las ideas, sino también como sala de exposiciones y taller de trabajo orientado al estímulo, desarrollo e investigación de la plástica nueva. A partir de esta experiencia es cuando podemos encontrar los orígenes de un arte contemporáneo en Venezuela y el camino a la abstracción. En él participa Cruz Diez y expone Soto.

Eran épocas convulsionadas para la vida política de este país. En 1952 se inicia una dictadura que se extenderá hasta 1958 y en esa Venezuela compleja, mitificadora de los valores criollos por un lado, y abierta, por otro, al modelo de American way of life, se dan contradicciones que se manifiestan no solamente en la vida cotidiana, sino también en la política cultural del estado y en el contexto de las artes visuales. Al igual que pasaba en Argentina, encontramos aquí una fuerte tensión entre lo tradicional y lo moderno: mientras los realistas sociales eran acogidos por su tendencia a mitificar la vida del campo, algunos sectores aplaudían al grupo de artistas, que principalmente en París, identificados como “Los Disidentes” o de manera autónoma, orientaban su trabajo hacia nuevas maneras de expresión. Fue este el momento de la consolidación del arte abstracto geométrico como un movimiento sólido y rico en el panorama de la pintura venezolana de la década del cincuenta y de los proyectos arquitectónicos que definieron a las ciudades venezolanas, principalmente Caracas, llevados adelante por la dictadura de Pérez Giménez que vio en el arte abstracto una manera de mostrar la modernización que proclamaba. El arte abstracto se relaciona en el imaginario social con desarrollo, tecnología y expectativa de futuro.


PARIS. MOVIMIENTO Y LUZ. SOTO Y CRUZ DIEZ

En París se desarrolló el Arte Cinético (presente un movimiento real u óptico o una transformación en el cuerpo físico del obra), corriente que estuvo desde sus inicios atravesada por la presencia de artistas latinoamericanos, no olvidemos que Kosice presenta Royi, ya en 1948 y van a ser dos artistas venezolanos los que tendrán un papel importantísimo con sus investigaciones y producciones: Soto y Cruz Diez.

Dentro de un grupo de artistas venezolanos que se desarrollaron en Francia, cuyas búsquedas tienen como punto de partida los principios de que se nutre la abstracción geométrica y cuyos nexos con los Disidentes hace que muchas veces se los identifique como parte de éste, pero que, sin embargo, son artistas independientes, encontramos a Jesús Soto, el primero en formular una visión coherente en torno al problema del movimiento y que se convertirá después de 1960 en una de las figuras capitales del cinetismo internacional.

Mientras tanto, en Venezuela, los artistas concentraron sus esfuerzos en el juego entre luces y colores en las telas para garantizar la experiencia visual, como Carlos Cruz-Diez, un antiguo miembro del Taller que arribó a conclusiones sorprendentes, manejando el color y recién en 1959 marchó a París.

Ambos artistas, si bien conservaron fuertes lazos con Venezuela, desarrollaron lo principal de su obra en Francia.


ARTE EN MOVIMIENTO: JESUS SOTO

Jesús Soto partió de Venezuela con muy pocas referencias del arte moderno, algo de cubismo y muy poco más, en Francia descubre un mundo nuevo y fascinante. Comenzó a buscar dinamizar la obra de Mondrian y en ese camino desarrolló un lenguaje que se independizaba progresivamente del soporte artístico y ponía especial énfasis en la relación obra-espectador.

La utilización de nuevos materiales, como años atrás habían comenzado a utilizar los Madí y una profunda reflexión sobre el color, le permiten generar espacios. Estudió la música dodecafónica y serial y cuando entendió cóomo funcionaba, decidió traducirla al color: "Para aplicar la noción de lo permutable hice una serie de ocho colores a los que adjudiqué una relación matemática, la cual necesariamente tenía que elegir de antemano y que luego respetaba en todos sus resultados". La creación de espacios condensa en los Penetrables, que como el mismo definiría “el espectador se introduce entre los hilos o varillas verticales que han invadido todo el espacio disponible y constituyen la obra misma. Desde ese momento, espectador y obra se encuentran físicamente mezclados de un modo inextricable. Con esos Penetrables llego a materializar totalmente el sentimiento profundo de la situación del hombre inmerso en un universo “lleno”, en el cual materia, espacio y tiempo son un “continuum” de vibraciones. El Penetrable no es ni siquiera una obra, es más una idea del espacio, que puede materializarse en cualquier situación y a cualquier escala.”

“El arte que yo hago ha desarrollado la abstracción, y es más bien un arte concreto, un arte que trata de demostrar sensaciones físico-sensibles del universo, pero lo que pasa es que sigue siendo no figurativo. Es un arte de invención pura. Yo diría que mi arte es de proposición a la investigación y de proposición a la participación.”[Nota al final] Pero también, como señala Acha, es un arte con un fuerte lirismo, muy latinoamericano.[Nota al final]


CRUZ DIEZ Y EL COLOR

El color no es, como acostumbramos pensarlo, un pigmento sólido sobre un soporte sino un elemento inestable: no es sólido y depende de la interacción de la luz con un pigmento y, también, de la manera en que el ojo procesa esa relación. Estos fueron las principales preocupaciones de Carlos Cruz Diez cuando inició su éxodo a Francia. Cruz Diez provenía de las artes aplicadas y se había dedicado al diseño.

Dos series gemelas (Color Aditivo y Fisicromías) son las que inauguraron, en 1959, su producción cinética, después de que descubrió los efectos ópticos que habrían de constituir el fundamento teórico y el campo de aplicación práctica de su obra.

En la serie Color Aditivo (iniciada en 1959), la superposición, en ligero desfase, de un conjunto de tramas de líneas paralelas de distintos colores produce una serie cambiante y progresiva de zonas de contacto y de ocultamiento-aparición (en relación de proporción inversa) entre los distintos colores. Esta relación dialéctica, reiterada indefinidamente entre las diferentes áreas cromáticas provoca en el espectador una serie de ilusiones ópticas. De este modo, para mejor lograr la “impresión” de dinamismo y vibración en la luz-color, Cruz-Diez explota al máximo las limitaciones psico-fisiológicas del acto de la percepción visual y las posibilidades derivadas de la perduración de la post-imagen en la retina.

La serie de las Fisicromías (comenzada en 1958) es, sin duda alguna, la que más notoriedad y prestigio ha reportado a Cruz-Diez. Una Fisicromía es una estructura plana de color aditivo sobre la que se fija perpendicularmente, en relieve, una serie de láminas paralelas de metal pulido o de plástico coloreado transparente. El conjunto así estructurado crea una triple situación o condición cromática: la del color aditivo, la del color reflejo y la del color sustractivo. La situación del color aditivo se verifica entre las tramas superpuestas de líneas paralelas coloreadas que configuran el fondo o soporte plano de la obra. La condición del color reflejo se manifiesta en una doble dirección, tanto cuando la luz directa, al incidir sobre el fondo policromo del soporte, rebota sobre las láminas laterales perpendiculares, como cuando éstas se reflejan unas en otras en forma de ondas o imágenes derivadas. La situación de color sustractivo, en cambio, se produce doblemente, no sólo de modo directo, cuando la luz, al atravesar diagonalmente las láminas laterales transparentes de plástico coloreado, se tiñe cromáticamente creando una atmósfera matizada en el interior de cada módulo, sino también de modo derivado, cuando la atmósfera coloreada así generada produce simultáneamente una serie de interferencias aleatorias con los distintos colores que configuran el fondo de cada módulo.

Sus investigaciones lo han llevado a profundizar estas búsquedas, salir al espacio público, hacer partícipe al espectador de sus experimentaciones a vivir el color en su espacio y su tiempo.

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