Por Alicia Riberi
Más recorro la vida, más me convenzo que la mentira fue avanzando en el mundo como un flagelo, que fue envolviendo al mundo y lo fue anestesiando, acostumbrando. Es por eso que el mentiroso dice una gran mentira como si fuera la verdad más rotunda del mundo.
Observando alrededor, he descubierto que las personas se excusan asiduamente con “justificativos mentirosos” y creen que así quedan bien y, en realidad, es disfrazando la realidad que van avanzando por el oscuro túnel de la mentira, del que es difícil salir por no haber aprendido simplemente a decir “la verdad”.
Expresar la verdad es como transitar por verdes praderas, en donde se puede respirar profundamente, sembrar con libertad, sin importar si algún habitante corrupto del mundo te roba el halo de vida que Dios te regaló.
Aunque parezca lo contrario, la parte nefasta del mundo cree avasallar y destruir a la parte que queda, crédula, confiada y honesta. Pero hay algo muy llamativo en la humanidad, cuando todo pareciera destruirla un milagro de Dios aparece. Dios da múltiples señales para que el justo no se caiga y siga edificando con la energía del que nunca se cansa, del que brota una fuerza interna inexplicable.
La mentira es como el cáncer, devasta amistades, familias, matrimonios, ciudades, países... al mundo... simplemente por no darle paso a la verdad. La mentira lesiona a la verdad y cuando la lesiona es difícil remontarla porque se pierde la noción de lo justo y de lo que no lo es... porque el ser humano siempre encuentra excusas para justificar lo injustificable y eso es lamentable.
En nuestro país, las mentiras han causado el efecto de un tsunami, han saqueado la inocencia, han facilitado la invención de paliativos para suavizarlas y creen así que nos hemos vuelto ignorantes, tontos, ilusos los que defendemos la verdad con uñas y dientes.
La mentira es un ejercicio traicionero, porque cuando las personas cubren con “pequeñas mentiras” situaciones que no se quieren o no se sienten con fuerza para enfrentar, es ahí cuando se produce el acostumbramiento. Se piensa... me dio resultado y la voy usando para distintas situaciones y es entonces cuando se descubre que se hizo un “triste hábito” y eso nos impide ejercer la libertad que Dios nos regaló.
Dios, al nacer, nos envolvió en pañales de libertad, para que a pesar de los años, no dejáramos de usarlos y es más, para que los cuidáramos como si fueran oro y resulta que el hombre se preocupó más por amasar fortunas sin reparar en acciones honestas o deshonestas, que en cuidar su libertad y la de sus hijos. Todos deberíamos ser custodios de las grandes verdades de la humanidad, para que nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos y muchos más, puedan seguir como centinelas que cuidan la fortaleza de la verdad y así se impida la destrucción del hombre por el hombre mismo.
Seguramente podré cometer o mejor dicho cometo y cometeré muchos errores, pero el engaño, la mentira me parecen repulsivos ya que me gusta acostarme día tras día mirando los ojos de mis hijos y mis nietos, para acordarme siempre, que debo defender los valores significativos y universales, por ellos... merecen un mundo mejor. Los adultos tenemos la responsabilidad de construirlo para que ellos se espejen en él y puedan seguir construyendo, sino, de qué los podemos culpar.
Los niños y jóvenes no nacieron de un repollo, nacieron de familias que se comprometieron ante el mundo y la ley y para mí mucho más importante, nos comprometimos ante Dios, a brindarles mucho amor y un patrón de valores que los guiara como indicadores o señales para que no se pierdan... pero... qué podemos pedirles si los perdidos somos los adultos.
La mentira se enquista... pero hay un antídoto para ella y es el amor. Siempre se está a tiempo de cambiar, no es tarde…estamos a tiempo de reconstruir todos juntos la verdad, para los que nos siguen... la verdad no está en los ojos del que la ve…es una sola…luchemos por ella…los que nos siguen lo merecen.
La mentira es una construcción social, que cada uno consolidó con sus excusas personales, la ha alimentado... ¿triste no? Pero podemos revertirlo... esa es la esperanza que Dios nos regala.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.