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Información General Sábado 18 de Marzo de 2017

Constructor de puentes

4º ANIVERSARIO DEL PONTIFICADO DE FRANCISCO

Redacción

Por Redacción

ROMA (Por Alejandro Sola). - Agradezco a LA OPINION la propuesta de hacer una evaluación de los cuatro años del pontificado de Francisco. No podía comenzar sin añadir a la gratitud el reconocimiento de que no me siento capacitado para una empresa así. Por tres simples motivos: el primero, es la "distancia" en el tiempo y las herramientas metodológicas que se necesitan para apreciar con seriedad un hecho (que además tiene alcance y relevancia mundial); el segundo, mi falta de competencia en relación a tantas otras personas realmente capacitadas (y que se han especializado en un conocimiento de primera mano) en la vida de Jorge Bergoglio y en los procesos históricos de la Iglesia y del mundo. El tercer aspecto nos sobrepasa a todos: en mi humilde entender creo que Francisco será mejor valorado no tanto por lo que "hizo" en concreto en sus años de ministerio sino por las semillas que deja, por las posibilidades "por hacer" y por las puertas que abre hacia adelante. Por eso quizás se lo llegue a entender mejor en "prospectiva" antes que en "perspectiva"... y esto sólo las generaciones venideras lo podrán evaluar. Con la conciencia de que "el tiempo supera al espacio"; muchas iniciativas y enseñanzas de Francisco miran a retomar o a iniciar procesos (lo cual ya habla de una visión grande, capaz de trascender el horizonte de sus contemporáneos). Por eso sólo intento, desde la simple mirada de un creyente, recoger algunos trazos de la huella que su ministerio ya hoy va dejando entre nosotros.

Me acuerdo que pasé hace un par de semanas por lo de Maurizio Rocci, el "barbiere" (peluquero) del barrio (que acá en Roma, como en Argentina, es como un segundo "confesor") y le pregunté qué decía la gente sobre Francisco. Maurizio ya es un hombre entrado en años y lleno de una sabiduría simple y profunda. En ese momento dejó las tijeras y con un semblante serio (y la voz grave y apasionada de un "tano" de pura cepa) me dijo: "Francisco nos llegó al corazón". El mismo parecer me expresaron compañeros de la universidad que vienen de diversos países; incluso de lugares donde la fe católica es apenas una minoría. Me impresionó más todavía cuando encontré la misma respuesta de parte de voluntarios que asisten a inmigrantes que, por el dolor que cargan y las condiciones duras de su presente, suelen medir con mucho cuidado en quién ponen su confianza. La conclusión era siempre la misma: "El Papa les tocó el corazón".

Podríamos decir que Francisco hizo un "hueco" en los muros vaticanos, en los muros que distinguen y separan a las naciones, a las culturas, incluso a las religiones. Ha llegado a romper otros muros más hondos e invisibles: los muros del prejuicio, de la desconfianza, hasta de cierto rencor guardado por alguno hacia su persona (como Jorge Bergoglio) o hacia su figura (como Papa).

Fue entonces que caí en la cuenta de que Francisco dejó de ser el "Papa argentino"… aquel que se anunció hace cuatro años. Dejó de ser argentino porque ya pertenece al mundo. Y es valorado más allá de su ser Papa; para muchos no católicos y no creyentes ha llegado a ser una referencia y una verdadera "autoridad" moral. Esto no quita (más bien confirma); que el "llegar a los corazones" implique también que se disparen resistencias, objeciones y hasta reacciones muy claras y directas que llegan a la crítica abierta y personal. No deja de ser la verificación de una vida que se vuelve profética para su tiempo. Y sabemos que el Evangelio, cuando se encarna y se hace historia, nunca deja indiferente.

No estamos hablando de Francisco como un super hombre o un semi-dios. El es el primero en reconocer su condición de pecador; y desde esa conciencia anuncia con alegría y libertad de espíritu la misericordia y la ternura de Dios. Asimismo como pueblo en la fe llevamos la herida de nuestras incoherencias; por eso también la certeza de ser "rescatados". Y desde ahí Francisco desafía a la Iglesia a ser un "hospital de campaña" abriendo su corazón de madre a los heridos, a los mutilados, a los descartados de nuestro mundo. Esta preferencia por los "últimos" se ve reflejada en gestos claros que Francisco tiene con cada persona, pero también en sus opciones pastorales. En su callejeo por el mundo dio prioridad a países marginales y, dentro de ellos, llegó al margen del margen entrando en las villas, en el sector de cuidados paleativos de enfermos terminales, en las cárceles, en los pueblos afectados por terremotos, a la orilla del mar donde murieron náufragos inmigrantes.

Pero no ha quedado solo en los "gestos". Está encarando reformas estructurales con consecuencias de largo plazo para la Iglesia y el mundo. Respecto de la Iglesia, en el ámbito que le es propio, afrontó la reorganización de la curia romana, la simplificación y accesibilidad de procesos canónicos, los protocolos más estrictos para garantizar la protección de los menores, el camino sinodal enriquecido por la consulta "a las bases" y el debate y el discernimiento conjunto; el sistema de controles para dar mayor transparencia a la administración de bienes; la elección de obispos y cardenales según su cualidad pastoral y su diversidad de origen (para expresar la catolicidad de la Iglesia), entre tantas otras. Respecto del mundo no podemos olvidar los profundos gestos ecuménicos e interreligiosos (cuando invitó y abrazó a sus dos amigos, el rabino Skorka y el líder musulmán Abboud junto al muro de los lamentos; el encuentro con el patriarca de la iglesia ortodoxa rusa después de mil años de separación, o la visita reciente a Suecia por los quinientos años de la reforma protestante); también la apuesta fuerte por la pacificación del mundo en la vigilia de oración que detuvo un ataque estadounidense a Siria; el encuentro en los jardines vaticanos entre el primer ministro israelí y el presidente de la autoridad palestina; la intervención decisiva en el mejoramiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, y en las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla colombiana.

Los gestos y reformas se apoyan en el marco teórico de su magisterio que, a la vez, hunde sus raíces en la impronta fuertemente pastoral del Concilio Vaticano II y de la rica tradición del magisterio latinoamericano. El Papa invita a compartir la alegría del evangelio con un lenguaje accesible a todos y realista (capaz de abordar acontecimientos globales hasta cuestiones de la vida cotidiana). Nos anima a hacer fieles escuchando a Dios en su Palabra y en los acontecimientos de la historia. Desde sus documentos también hace un llamado urgente a todo el mundo a la inclusión (frente al resurgir de los nacionalismos), a la construcción de una justicia que garantice la paz (ante el peligro de una "tercera guerra mundial en pedazos") y que respete la integridad del hombre y de la creación (hoy, en un estado crítico).

Francisco es un incansable constructor de puentes... Puente hacia la reconciliación interior, puente con nuestros hermanos marginados, puente entre las religiones, puente entre las naciones, puente con la naturaleza, puente hacia el legado del Concilio, puente hacia el futuro con reformas de largo aliento para la Iglesia y para el mundo. Pero detrás de todos estos puentes Francisco vislumbra otro más grande... O podríamos decir que, en realidad, cada uno de ellos son las arcadas de un único puente, aquel que une la vida de los hombres con la de Dios. Aquí se juega la vida del pastor: haciendo presente el corazón del Buen Pastor Jesús que en su amor y en su persona unió para siempre las dos orillas.

¿Qué hace que desde el barbiere hasta el inmigrante se sientan "tocados" por el Papa? Francisco sabe que no es él, que eso sería estéril. Por eso pide continuamente "recen por mí"... para que cada enseñanza, cada acción y cada gesto sea todo de Dios, único capaz de tocar y de transformar lo profundo de los corazones y de hacer nuevas todas las cosas.


El autor es rafaelino, sacerdote diocesano y está cursando la Licenciatura en Teología Fundamental en la Pontificia Universidad Gregoriana.

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