Por Hugo Borgna
“El crimen de san Alberto”, de Fernando Sorrentino (edición 2008, de Losada, 185 páginas), muestra nuevamente la conocida habilidad narrativa de este autor nacido en Buenos Aires en 1942.
Las historias están relatadas en cinco cuentos, cuatro de ellos más breves y el último –el que da nombre al libro- de una longitud igual al total de los cuatro primeros, del que casi se podría decir que, por la complejidad argumental, es la base de una novela expresada como cuento.
Fernando Sorrentino logra entretener y hacer pensar y, para lograr esos dos objetivos, se vale de una prosa ágil, divertida por momentos, que va ocultando la intención final del relato, que es la sorpresa.
Para Sorrentino lo real no es lo que se conoce como normal, cotidiano y aceptable, sino los inverosímil, llegando a tomar con gracia la influencia de lo sobrenatural. Sus personajes son criaturas inefables que cubren el espectro de lo que siente el humano; en algunos casos llenos de ternura, en otros de comprensión hacia lo ilógico y llega a presentar incluso al personaje que mata.
Psicológicamente, ellos son una mezcla indefinida de lo que llevan dentro y de lo que la sociedad les inculca, pero, en todos los casos, está el toque de un autor sensible que les da una vida propia, más allá de lo creíble y lo sensible, son personajes cabales, fieles a sí mismos.
La lectura de Sorrentino es grata e invita a conocer nuevos textos. Se mueve en la estructura del cuento, presenta los estrictamente necesarios hechos que gravitan e interaccionan, consecuentes con un final coherente, que llega en relativamente pocas hojas. Fantasía y realidad juegan armónicamente creando un nuevo ámbito en el que lo relatado es verosímil y lógico, aunque muy pocas veces predecible.
“Bien. En el colegio donde me apodan Ghandi conocí a La Hormiguita Viajera (...) Como muchos, leí alguna vez el cuento de Constancio C. Vigil y creo recordar la figura de La Hormiguita Viajera (por lo que considero acertado el apodo que le pusieron los alumnos). En efecto, Mabel Ester Ferrer parece una hormiga, una hormiga negra, no roja, es morena y apagada (...) de piernas flacas como escarbadientes. No tiene pechos, no tiene trasero, no tiene caderas. Si las hormigas hablaran, lo harían con la voz de Mabel”.
Fernando Sorrentino, escritor reconocido, es libre cuando elige y desarrolla sus historias. Escribe para el público adulto y más joven. Para los primeros, entre otras obras, están “Imperios y servidumbres” (1972), “Sanitarios centenarios” (1979) y “Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza” (2005). Para el público más joven, desarrolló “Cuentos del mentiroso” (1978) y “La recompensa del príncipe” (1995), aparte de otros. Además es autor de dos libros de entrevistas “Siete conversaciones con Jorge Luis Borges” (1974 y “Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares” (1992), ambos reeditados en 2007.
La invitación entonces es conocer y (si ya conocen algo de él, aprecien esta propuesta) entren a esta propuesta, un plato literario de un más que recomendable nivel narrativo, para todo tipo de lector.
Hugo Borgna
Especial para “La Opinión”, de Rafaela
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