Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Información General Lunes 21 de Noviembre de 2016

Cuando sea viejo...

Leer mas ...

Redacción

Por Redacción

Por Miguel Pettinati. - Un padre de familia quizá podría dirigirse a sus hijos y decirles que la vida también tiene una etapa que no es fácil de sobrellevar, pero que necesita mayor comprensión que nunca. Y podría agregar:

"Por eso, cuando llegue el tiempo en que sea viejo, les ruego que tengan paciencia y se esfuercen por comprenderme, porque siempre seré el padre que los ama y quiere que sean felices.

Entonces, si me escuchan repetir las mismas palabras y, les cuento lo que ya escucharon varias veces, no me interrumpan y escúchenme con renovada ternura.

Recuerden que, cuando ustedes eran niños y leíamos la biblia, yo les contaba cien veces la misma historia, y rezábamos el santo rosario para que se durmieran tranquilos y sonrientes.

Si me ven inútil e ignorante ante la nueva tecnología, no me lastimen con una risa burlona, recuerden que tuve paciencia y les enseñé tantas cosas; y si ahora saben enfrentarse a los problemas de la vida es porque tuvieron un padre que siempre quiso lo mejor para ustedes...

Si alguna vez no quiero comer, no insistan y no se enfaden, piensen que mi organismo tiene un ritmo distinto del de ustedes que son jóvenes. Recuerden que cuando ustedes comenzaron a tener dientes, yo les daba en la boca cada trocito con juegos de amor y ternura...

Si las piernas me fallan y comienzo a ser torpe por no tener el control sobre mi cuerpo, denme una mano firme y una sonrisa comprensiva, porque así lo hice con ustedes cuando empezaron a caminar...

Si no oigo bien y me tienen que repetir las cosas, si me olvido dónde he dejado los audífonos o rompo algún plato o camisa...no me griten ni reprochen, recuerden que ustedes no comprendían mis correcciones, rompían los juguetes cuando jugaban y yo fui tolerante hasta que se hicieron mayores...

Si alguna vez, cuando cae la comida y ensucio el mantel o ropa, no se avergüencen de mí, sepan que no lo hago por malicia, recuerden que les enseñé a usar los cubiertos y copas para que se transformaran en hombres y mujeres preparados para vivir sin complejos en sociedad.

Cuando algún día me escuchen decir que me quiero morir y le ruegue a Dios que venga a buscarme, no se angustien. Traten de comprender que todos estamos en el mundo como peregrinos y que nuestro destino no es terrenal, sino eterno, porque Dios nos ha creado para él y a él debemos ir.

Por fin nunca olviden que siempre quise lo mejor para ustedes y que he vivido para mostrarles el camino que están recorriendo.

Piensen que con mi muerte estaré mostrándoles el último tramo que todavía les queda antes de encontrarnos para siempre en la verdadera vida.

No estén tristes al verme como me ven, ayúdenme con el amor y la comprensión, como yo hice con ustedes cuando comenzaban a vivir; así como los acompañé en el camino de esta vida, les pido que me acompañen a terminar el mío, a fin de que pueda empezar a vivir para siempre, amén.

El papa Francisco en una de sus prédicas nos dice que nuestros viejos son la memoria, y que no nos dejemos arrastrar por la cultura del descarte, sino, más bien, sepamos vivir nuestra fe y anhelemos que todos los seres humanos lleguen a la unidad en el amor bajo el único Dios y pastor universal: hay un sólo Señor, una sola fe, un solo bautismo (Ef 4,16).

Seguí a Diario La Opinión de Rafaela en google newa

Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.

Te puede interesar

Teclas de acceso