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Información General Martes 11 de Marzo de 2014

Cuaresma: "comenzamos un camino hacia la Pascua"

En la homilía del inicio cuaresmal en la Catedral, el obispo Luis Fernández señaló que "no nos dominen el lujo, el dinero, que no sean nuestros ídolos. Trabajemos entre todos por una mayor justicia y equidad". Y agregó: "No bajemos los brazos ante el avance de las drogas, ayudemos a dar una mano, a los que caen en la dependencia del alcohol, del juego, o la pornografía, perdiendo el sentido de la vida, perdiendo la esperanza".

REDACCION

Por REDACCION

En el inicio de la Cuaresma con el "miércoles de cenizas", el obispo diocesano presidió la misa en la Catedral San Rafael. Dada su repercusión positiva entre los asistentes, algunos lectores sugirieron su publicación, a la que luego tuvo acceso LA OPINION y a continuación se reproduce:

El mensaje del papa Francisco para esta Cuaresma es que Jesús, siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza, (2 Cor. 8, 9).

La gracia de Cristo nos habla de un “estilo” de Dios. Dios no se revela al estilo del mundo, mediante el “poder y la riqueza” (poder de la fuerza, poder de las armas, de las drogas, del dinero). Este camino que vamos a emprender es el camino de Jesús, que es el de la “debilidad y la pobreza.”

Es el que venimos aprendiendo como cada año, en Navidad, en la Encarnación del Verbo de Dios, del que existe desde siempre, el que Es, consustancial al Padre, que se abajó, se hizo hombre, pequeño en el vientre purísimo de la Virgen, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado.

Todo esto por amor, para enriquecernos y el camino fue el de la humildad, el abajamiento, desprendimiento, sacrificio de entrega de la propia vida. Se aproximó, se hizo cercano, nos igualó a Él, al hacernos por su gracia hijos de Dios.

El amor verdadero crea, nos hace iguales, derriba los muros, las distancias. Dios, en Jesús, se acerca y comparte la vida del amado.


COMPARTE LOS

PROBLEMAS

Comparte nuestra pobreza para enriquecernos. Dios no nos mira desde lo alto, se abaja, comparte nuestros problemas, no nos da la vida, la salvación como una “limosna,” no nos da de lo superfluo, de lo que le sobra, nos da su propia vida.

Jesús vive en medio de la gente, carga con nuestros pecados, nos consuela, nos libera, no por medio de poderes mágicos, ni poderes del dinero, o por la fuerza. Dios no avasalla ni impone, nos salva por su pobreza, su humildad, su abajamiento; por hacerse el último, siendo el primero; por hacerse pequeño, cuando es el más grande; porque siendo rico, se hizo pobre.

Él cargó con nuestras debilidades. También nosotros, como Jesús, tenemos que tener su “estilo,” y cada Cuaresma es convertirse al estilo de Jesús, que se hace pobre en los sacramentos, en su Palabra, en su Iglesia. Somos un pueblo de pobres, como Jesús, con Él hemos estado y reconocido que la verdadera alegría no pasa por la violencia, el desencuentro, la inseguridad, sino por la pobreza de Jesús, que no es miseria humana, cuando a veces nos toca vivir la miseria material, que es maligna a la condición humana, porque se la priva de los derechos fundamentales, de la vida, de una vivienda digna, del trabajo estable, de crecimiento cultural.

Como Jesús, tenemos que salir en ayuda para curar esas heridas, que vive mucha gente. Tenemos que ver en el rostro de nuestros hermanos más pobres el rostro de Jesús; nuestros esfuerzos puedan ayudar a que no se violente la dignidad humana. Hermanos, que no nos dominen el lujo, el dinero, que no sean nuestros ídolos. Trabajemos entre todos por una mayor justicia y equidad.

No bajemos los brazos ante el avance de las drogas, ayudemos a dar una mano, a los que caen en la dependencia del alcohol, del juego, o la pornografía, perdiendo el sentido de la vida, perdiendo la esperanza.

Tiempo de Cuaresma es tiempo de mirar cuánto Dios nos ama, se acerca, nos tiende una mano, nos levanta y nos devuelve la dignidad.


DIOS NOS AMA

GRATUITAMENTE

La Cuaresma nos va a ir recordando que Dios es más grande que nuestro pecado, que nos ama gratuitamente. Jesús nos recordará que estamos hechos para la comunión, no para enfrentarnos, no para creernos más que los demás. Estamos hechos para una vida plena, para siempre, Dios no nos dio de sus sobras, ni para un rato, para aquietarnos o evadirnos de lo que a veces parece la única verdad, que es vivir de los otros, en la mentira, en el descalificar, juzgando a los demás, discriminando al que es distinto, pisando a los más débiles, trepando y ambicionando, aunque sea a costilla de los otros; viviendo como esclavos de nuestros vicios y satisfaciéndonos con el placer egoísta que denigra al otro, con tal de que lo pueda pasar bien yo, y que termina dejándome vacío, sin familia, sin amigos y echándole las culpas a los demás. La Cuaresma nos tiene que sacar de la inercia, creer que todo es igual, que todo va a seguir como siempre, que en este mundo sólo vive el mal.

La Cuaresma nos trae el estilo de Dios, la vida de Dios manifestada en Jesús. Es su misericordia la que nos llena de esperanza. Dice el papa Francisco que es hermoso experimentar la alegría de sabernos amados por Dios y compartir este tesoro con los hermanos, llevando a todos la Buena Noticia para, como Jesús, nosotros también vayamos a consolar los corazones afligidos, dar vida y esperanza a tantos hermanos y hermanas. Como Jesús, vayamos en búsqueda de las miserias humanas, no tengamos miedos de ir a los hermanos que más sufren y, como Jesús, tocar a los enfermos, acompañar el diálogo y el perdón en las familias, comprender y acercarse a los jóvenes para que no lleguen al suicidio, o a la huida de la realidad cuando se refugian en el alcohol o la droga, sino que experimenten lo hermoso de vivir en amistad, en solidaridad con amigos, con estudio, con trabajo, recreación y alegría en el deporte, el baile sano y la fiesta.

Jesús salió para darse, hoy el papa Francisco nos pide también salir de nosotros mismos, de nuestros egoísmos y encierros; ir en búsqueda, llegar a las periferias existenciales y abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.


VIVIR

POBREMENTE

Vayamos, empecemos la Cuaresma, que ahora cuando caiga la ceniza sobre nuestra frente, sea el signo de querer, como Jesús, despojarnos, vivir pobremente, con austeridad y sencillez de vida, a fin de ayudar y enriquecer a otros desde nuestra pobreza, no desde nuestras altanerías, vanidades, caretas de carnaval que ya pasó; ahora se muestra el rostro de Jesús, que nos invita a encontrarlo en los hermanos que sufren diversos tipos de miserias humanas, en la cárcel, en la trata, en la niñez sin clases, en los ancianos abandonados en los geriátricos.

En Cuaresma somos portadores de un poder que es el de Dios, pobres para enriquecer a muchos. Con María, aquella que había quedado como resto de Israel, algo así como descartable y abandonada, porque para los ojos del poder de este mundo, no sirve, no produce, ella con su pobreza nos acompaña en el camino de enriquecernos de verdad, hasta la Pascua.

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