Por Redacción
De las cataratas del Iguazú a la llanura pampeana; del furor turístico al campo, las industrias y la cuenca láctea; del movimiento constante por gente que llega de todo el país a la tranquilidad de una ciudad que sigue manteniendo la siesta como costumbre de descanso diario. Gabriel Moreno es un joven de 25 años que decidió dejar Puerto Iguazú (Misiones) para venir a estudiar a Rafaela. Hoy es un reciente Licenciado en Comercio Exterior, recibido en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), y nos cuenta su gran experiencia.
¿Cómo surgió la chance de venir a estudiar a Rafaela?
Yo quería estudiar algo relacionado con Aduana y mi mamá prefería una carrera universitaria. Así que comencé a buscar e indagar por internet diferentes universidades del país, sobre todo de la zona de Paraná porque ahí tengo familiares. En un principio, me había gustado la posibilidad de Rosario, pero mi mamá no estaba muy segura porque es una ciudad muy grande. El tema de Rafaela surge cuando llega a Puerto Iguazú un contingente de Rafaela. Mi mamá trabaja de guía turística, generó una buena relación con esos rafaelinos y ellos nos dijeron: "En Rafaela está la carrera de Licenciado en Comercio Exterior, es en la UCES, una buena universidad, ya tiene una trayectoria importante en la ciudad. Aparte Rafaela es una ciudad más chica, segura y tranquila que Rosario, te podés manejar caminando o en bici, y está cerca de Paraná también". Y eso le gustó mucho a mi mamá.
Había un Instituto privado en Posadas que también tenía la carrera pero estuvimos averiguando con diferentes personas e investigando en Internet y la UCES tenía un mejor reconocimiento y una mayor trayectoria. Entonces, un día que fuimos a Paraná seguimos consultando y las referencias de la ciudad y la universidad eran muy buenas así que nos acercamos a Rafaela y me decidí. A finales de 2008 recorrimos la ciudad, nos gustó y me inscribí para ingresar en 2009.
¿Y cómo fue esa experiencia?
Al principio costó porque era otra ciudad, otra provincia, diferentes formas de vivir, estaba a 1.000 km de mi familia, y no estábamos seguros de si me iba a gustar y me iba a poder acomodar. Entonces, decidí quedarme en una pensión para estar en contacto con gente, y después el cursado de la carrera me permitió hacerme más compañeros y todo se hizo más fácil. La verdad que fue una experiencia muy positiva, un crecimiento personal enorme, porque hubo momentos que no fueron tan fáciles, incluso el rafaelino es cerrado y desconfiado al principio, pero después pude hacer muy buenas relaciones.
¿Te gustó Rafaela?
La experiencia en la ciudad fue positiva, se aprende mucho. Cuando uno se va de su lugar, todo cuesta porque tiene que crecer de golpe, valerse por sus propios medios, cocinarse, hacer relaciones. Es más, yo no conocía a nadie y a veces te vas dando la cabeza contra la pared porque vas conociendo todo tipo de gente, a veces uno confía en ciertas personas y luego te terminan defraudando, como también están aquellas que son de fierro y estuvieron siempre junto a mí. Además, el rafaelino es mucho más cerrado comparado con el misionero, nosotros somos más abiertos por el hecho del turismo, por lo tanto hacemos relaciones constantemente.
Por otro lado me gustó mucho la ciudad, la verdad que está muy bien diseñada, tiene una buena urbanización, es una ciudad muy linda que cuenta con todos los servicios. Comparada con el norte, se vive muy bien en Rafaela, en Misiones se ve mucho más la pobreza. Incluso en el tema educativo, en Rafaela hay muchas más carreras y posibilidades de estudiar que en Misiones. Y generalmente, se hacen charlas gratuitas sobre diferentes temas, ya sea en UCES como en las otras instituciones educativas, la Municipalidad, el Centro Comercial, etc. Y en el norte hay muy poco, y la mayoría hay que pagar un monto elevado. Yo eso lo valoro mucho, porque se siente la diferencia entre el centro y el norte del país.
¿Cómo fue el vínculo con la carrera?
Cursé durante 4 años, luego estuve sacando algunos finales y ahora pude presentar el trabajo final y recibirme. Es la última materia donde hay que presentar un proyecto de exportación y ahí englobás lo aprendido en muchas otras asignaturas. La experiencia de la carrera fue muy buena, aprendí mucho de economía, las políticas comerciales de Argentina, bloques regionales, cómo es el trabajo con otros países. Incluso, mientras estaba preparando la tesis, fui a Posadas a realizar un curso de Comercio Exterior donde iban muchos jóvenes de los Institutos de allí y me puse muy contento porque la mayoría de los temas que enseñaban en ese curso, yo ya los había aprendido en UCES mientras que para el resto de los asistentes era algo totalmente nuevo. Ahí sentí cierto orgullo porque me sentía bien formado, cuando en realidad se trataba de temas muy específicos.
En cuanto al comercio Exterior, Rafaela es una ciudad que está muy bien preparada, con muchas empresas que se dedican a importar y/o exportar y que ya tienen experiencias en ese tema, incluso hay una Cámara que las nuclea y las ayuda constantemente. En cambio, en Iguazú hay mucho más por hacer, la ciudad tienen 80 mil habitantes y yo soy el cuarto Licenciado en esta disciplina, así que hay mucho por desarrollar.
¿Qué objetivos tenés ahora?
Me gustaría poder ingresar a una empresa para poder hacer experiencia en todo lo que es comercio exterior. Y después ya sí poder estar en alguna Pyme para poder desarrollar yo mismo todo lo relacionado al comercio internacional. En lo personal, me interesa mucho toda la parte aduanera, logística y comercial, eso es lo que más me gusta. Pero también salimos muy bien preparados para trabajar en la sección de pagos internacionales o finanzas en bancos o en la parte de Marketing; eso depende del gusto de cada uno y las oportunidades que vayan saliendo.
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