Por Carlos Terranova
Hace unos días leí una nota de tapa de diario. “Los médicos del hospital le dicen no al aborto”. Los profesionales de la salud firmaron una declaración y se anotaron en un registro aduciendo un tema de conciencia. Lo primero que me produjo fue una gran alegría y por supuesto felicito y adhiero a esa decisión. Leo en la Biblia, el manual de vida de los cristianos y encuentro una palabra clara y reveladora, en el Salmo 139. Dice en los versículos 13 al 15... Dios mío, tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre. Tú fuiste quien formó cada parte de mi cuerpo. Soy una creación maravillosa, y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro! Tú viste cuando mi cuerpo fue cobrando forma en las profundidades de la tierra; ¡aún no había vivido un solo día, cuando tú ya habías decidido cuánto tiempo viviría! ¡Lo habías anotado en tu libro!, otra traducción expresa “tus ojos vieron mi embrión”.
El salmista dice que cuando se juntó el ovulo y el espermatozoide ya existió la vida, que esa vida la permitió Dios y que Él fue formando todo ese cuerpo con un propósito y un plan. Que Dios le puso a ese nuevo ser, fecha de nacimiento y fecha de vencimiento. Que está sólo en sus manos, dar o quitar una vida. Hace muchos años vi el video “el grito silencioso”, allí el doctor Berdnard Nathansón, médico, obstetra y ginecólogo, nos muestra el sufrimiento del pequeño que está siendo abortado. Él se confiesa un hombre que por años fue pro abortista, realizó en su clínica miles de abortos, sin embargo, el avance de la tecnología, la fetología y el ultrasonido le dejó ver el escalofriante grito silencioso de un ser indefenso. La verdad es que después de ver este video, uno queda horrorizado, es tal el impacto, que puede comprender que el aborto es lisa y llanamente, un homicidio, un acto violento contra un ser indefenso e inocente.
Podemos intentar justificar el hecho con variados argumentos, podemos hablar del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, pero la realidad es que no está decidiendo sólo sobre su cuerpo, sino que está decidiendo sobre otra vida, a la que nadie le pregunta si quiere nacer. Podemos argumentar que el embarazo fue producto de una violación, sin embargo más allá que la mamá quiera o no tener ese hijo, el niño tiene derecho a la vida y puede ser dado en adopción; no puedo remediar un flagelo con otro mal mayor.
Muchas familias hoy desearían tener un bebé y por problemas genéticos son estériles. Conozco padres del corazón maravillosos, hijos adoptados tremendamente felices. En realidad padres no son los que los engendran sino los que los crían, cuidan y educan, con amor y dedicación.
Los doctores Silvia y José Luis Cinalli contaron que se casaron muy jóvenes, ella quedó embarazada rápidamente, sus estudios recién comenzaban, ella quería ser médica y el abogado, sus amigos, algunos profesionales y otros allegados les aconsejaron abortar, porque a esa altura de su estudio, un bebé les arruinaría su futuro y no podrían terminar su carrera. Ellos decidieron seguir con el embarazo. Con mucho sacrificio terminaron su carrera y al mismo tiempo criaron a su hijo. La realidad es que ella nunca más pudo quedar embarazada y cuentan que si hubieran cedido a las presiones, hubieran matado a su único hijo. He tratado en mi consultorio de consejería pastoral muchas mujeres traumadas, mujeres llenas de culpa por haberse practicado un aborto. Una joven me dijo un día, -cada vez que veo un niño, me digo así sería mi hijo y me largo a llorar, el recuerdo y remordimiento me atormentan y me impiden ser feliz. Algunos bregan por legalizar el aborto, diciendo que el aborto clandestino siempre existirá, con los peligros que esto conlleva para la vida de la mamá. Argumentan que aprobarlo lo convertirá en un aborto seguro, libre, gratuito y legal.
La verdad es seguro porque, seguro alguien inocente muere. Porque en el aborto libre, alguien no tuvo la posibilidad de elegir. Porque en el aborto gratuito, alguien lo paga muy caro, paga con su vida. Porque en el aborto legal, la mayor ilegalidad es que el derecho a la vida no se respeta. Como cristianos creemos que cuando el óvulo es fecundado, ya hay vida, y cercenarla es un crimen. ¿Sabía usted que el aborto truncó más vidas que todas las guerras? Por eso decimos “no al aborto y sí a la vida”. Dios les bendiga.
El autor es pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista.
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