Por Pastor Carlos Terranova
En la sociedad consumista que vivimos el hombre ha inventado un día para cada cosa. Día de la madre, del padre, del tío, del abuelo, del maestro, del médico, etc., etc. la lista sería interminable. No estoy en contra de la alegría, de los festejos, pero es bueno reflexionar que muchos de los recordatorios tienen un fin meramente comercial y las publicidades nos crean la necesidad de gastar lo que muchas veces no tenemos. Se aproxima el día del niño y vemos las vidrieras pobladas de juguetes, ropas, calzados, juegos electrónicos y otros ofrecimientos para hacer felices, al menos un día, a nuestros niños. La realidad me lleva a pensar que con esto no alcanza. Podemos dar un momento de alegría a un niño pero esto no hace la felicidad. El apóstol Pablo escribe a los padres… vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor. Efesios 6:4. En el texto encuentro varios consejos que pueden hacer que los niños sean verdaderamente felices. Lo primero que les dice a los padres es que no provoquen a ira a sus hijos. La pregunta es ¿cómo puedo hacer que mis hijos se enojen o provocarlos a ira? De muchas maneras, pero déjeme dar algunos ejemplos. Cuando soy incongruente en mi vida, porque digo una cosa y hago otra, lo frustro y provoco su enojo. Cuando hago diferencia entre mis hijos, teniendo preferencia por uno en desmedro del otro; cuando por una falla pequeña le doy una disciplina desmedida; cuando soy injusto o cuando no valoro sus esfuerzos. Cuando todo es crítica y escasean los elogios, son formas de hacer que ellos se enojen o guarden resentimientos en su corazón. El segundo consejo dice “Criadlos”… esta palabra implica mucho. Criar es desarrollarlo en forma integral. Criarlos es hacer que aflore su máximo potencial. Tiene que ver con ser ejemplo en lo ético, moral y espiritual, es formar en ellos valores y hacer de ellos personas de bien. Tiene que ver también con mi esfuerzo como padre de ser proveedor de todo lo que necesita para su desarrollo, esto incluye autoestima por medio de la valoración y el elogio, es proveer alimento, educación, salud y abrigo. Para cumplir este desafío debo invertir tiempo, dinero y no ser indulgente. El tercer consejo del apóstol es darle “disciplina y amonestación del Señor”, disciplina no es castigo sino que viene de una palabra griega con la que se describe el palo o guía que se le pone a un árbol pequeño para que crezca derecho. Habla de poner límites para que no se desvíe, de consejos para la vida sana, de forjar en ellos carácter, madurez y el valor del respeto. Es mostrar con el ejemplo el valor de ser trabajador, ser esforzado y ser honesto. La palabra amonestación no es represión o reto sino que se describe como instrucción, es decir explicarle qué se espera de él, es enseñarle cómo debe hacer las cosas y luego darle alas. Si se equivoca o desobedece debe mostrársele el error con amor y dar una nueva oportunidad y si así y todo vuelve a desoír el consejo, entonces si, se debe aplicar una disciplina correctora que apele a su cambio de conducta, pero siempre sin violencia, ni abuso de autoridad. El sabio Salomón escribe en el libro de Proverbios…Instruye al niño en su camino. Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. Proverbios 22:6. El nos está diciendo algo que confirma la ciencia y el estudio de la conducta humana. Todo lo que sembremos en el niño en los primeros años marcará su futuro, marcará su vida. Un niño que crece en un hogar en donde se odia, aprende a odiar. Un niño que crece en un hogar en donde se grita, aprende a gritar. Un niño que crece en un hogar en donde se amenaza, aprende a amenazar. Un niño que crece en donde se teme a Dios, aprende a temer a Dios. Pablo finaliza diciendo que toda esta tarea debemos hacerla “En el Señor”, ¿Qué significa?. Sencillamente que debemos buscar su ayuda y dirección, que debemos dejar nuestros propios conceptos y buscar los concejos de Dios en su Palabra. A la manera de Dios se consiguen los mejores logros. No olvide que El se presenta como padre y nosotros al entregarle nuestra vida somos adoptados como sus hijos. El mejor regalo que podemos dar a nuestros hijos es ser buenos padres, padres formadores, preocupados y ocupados en nuestros hijos.
Después si queremos llenémoslos de cosas materiales, que no falten los regalos y las atenciones, pero es bueno que entendamos que esto último le dará una alegría pasajera (a veces al poco rato de recibir el regalo, ya dejó su juguete tirado en un rincón), pero si le regalamos ser padres ejemplares, estaremos formándolos para ser felices toda la vida. Dios nos bendiga y nos dé sabiduría para tomar esa materia prima que son nuestros hijos y ayudarlos a alcanzar los mejores logros.
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