Por Hugo Borgna
“Relatos para el desAmparo”, de Jerónimo Rubino, es un libro distinto (como todos los libros), es una obra libre y feliz (como muchos libros), y es al mismo tiempo una experiencia única nacida del amor a la vida y a la escritura, un canto a la fresca y alegre gracia, esparcida como al pasar a lo largo de 91 páginas, surgido de “Editorial Palabrava” en mayo del presente año, con portada del óleo sobre madera “Como en sueños”, de Adolfo Previderé.
¿Cómo hacer, usando una prosa que, en el mejor de los casos es convencional, para hacer traslucir el encanto de una obra que ha vencido esa ley de gravedad que en general tiene la literatura? Aquí, los hechos no caen, flotan, están a nuestro alcance y no llegan al suelo porque los detiene la mirada -a 30 centímetros del suelo-, simplemente compleja de una niña (Amparo), y los provee de presencia imaginativa y vuelo.
Se trata de 28 relatos que, individualmente, no superan las dos páginas e incluyen una sugerente fotografía que alude a hechos de la historias referidas y cotidianas, por donde abundó el asombro. También tiene un epílogo, que cierra debidamente el libro. Son técnicamente relatos de acuerdo a lo que dice la preceptiva: tienen un principio, un desarrollo y un cierre definido.
El estilo desarrollado por Jerónimo Rubino es directo y claro, y crea la sorpresa permanentemente, a pesar de que hay pocos acontecimientos en cada historia, ellas cierran admirablemente con un giro inesperado que hace obligadamente reflexionar acerca del entorno de lo que se ha leído.
Lo insólito caracteriza los relatos y todo el libro. El autor, con el recurso de la visión dual, ha combinado sabiamente lo concreto con lo inasible; logró un equilibrio perfecto entre simpleza y complejidad, dando un resultado inspirador que perdura en el lector. Aunque el indubitable hecho es el mismo, resulta tan trascendente para el adulto tipo (el padre de Amparo), como para la niña, a pesar de la diferencia en cantidad de experiencias de vida: la emoción y el asombro son del mismo nivel.
Algunas frases sorprenden por el sabor fresco y suave que puebla el libro. Referida a quien padece el temible mal de Alzheimer, dice: “A medida que la gente se va olvidando de él, desaparecen de su existencia”. Otra: “Nunca compró tierras ni estuvo en alguna institución, así que no existe”.
En esta obra el eje no está constituido de hechos sino de lo que los trasciende y alumbra. Las sensaciones son tan vivas y gratas que no dejan espacio para la indiferencia. El elemento intelectual subyace y completa el matiz de cada anécdota, donde el ámbito es lo abstracto. Siempre quedan un mensaje y una reflexión.
¿Qué nos está sugiriendo entre líneas y sutilmente Jerónimo Rubino?
¿Será que estamos constituidos por una combinación de lo que somos y de lo que queremos ser? ¿Por qué, si no es así, es tan protagonista el punto de vista de una niña que conoce un terreno limitado a varias habitaciones y algunos exteriores? ¿Estará diciéndonos también que la lógica con que hay que ver las cosas es la de cada uno?
En esta obra todas las combinaciones y contactos son posibles y además, ocurren. Por eso se puede pensar que el autor quiere hacernos saber que la lógica que vale para sentir los hechos es la que adopta cada uno.
¿Por qué el desamparo, que el autor disfraza con “desAmparo”? ¿Será un juego de palabras para aludir al inestable mundo que ha creado y donde puede quebrar la insobornable ley de gravedad, colocando a pocos centímetros del suelo (para muchos, poca cosa) los mejores sueños? ¿Qué será la evolución, un viaje con idas y vueltas permanentes?
Jerónimo Rubino vive en Rafaela desde 1982. Es profesor de Historia, músico, redactor y director de la Escuela 25 de Mayo de Rafaela, docente a nivel secundario y terciario. Trabajó en la revista “El satélite”, coordinó el Museo Municipal de Rafaela. Junto a su hermano Facundo formaron “Monoplug”, un grupo de música dedicado a la composición de bandas de sonido para teatro, documentales y películas.
“Relatos para el desAmparo”, es un libro encantador (un debut auspicioso del autor en ese ámbito) donde Jerónimo Rubino, con un estilo directo, grato y original nos ayudará a transportarnos a un mundo donde nos gustará estar. Tiene coherencia, imaginación, ingenio y gracia, además de ternura y sabiduría. Y nada de eso es poco.
Y tiene amor a la vida, y tiene sueños. Acepten con gusto, lectores, el amparo que ofrece su mensaje.
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