Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Información General Sábado 29 de Marzo de 2014

El hombre de 80 años, que no paró nunca de volar por el aire

ANTES DE NACER YA ERA TRAPECISTA. EN EL VIENTRE DE SU MADRE, TAMBIEN TRAPECISTA

REDACCION

Por REDACCION

Por Javier Alfonso, (Redacción LA OPINION). - Anthony es su nombre artístico, y Antonio Pereira su nombre real (“con i latina”, remarcó), aunque quizás el sobrenombre que mejor lo retrataría sería el de “el hombre que vuela” o el de “águila humana”, como se llamó un famoso elenco que integró en la década del 60 junto a los mejores trapecistas del mundo. Porque eso es lo que Anthony es: un trapecista de circo.

Hijo de papá payaso y mamá trapecista, Anthony ya nació con el trapecio en la sangre. Su mamá, con Antonio en la panza y cinco meses de embarazo no paraba de volar por los aires en el trapecio. Y Antonio también: desde el vientre la acompañaba.

Nacido el 9 de noviembre de 1934 en Taco Pozo, pleno monte chaqueño, este año Antonio cumplirá 80 años de vida, y reconocido entre los récords Guinness como “el trapecista más viejo del mundo”, es uno de los pocos que se anima a dar triple mortal (tres vueltas) en el aire: “con red o sin red, me da lo mismo”, grafica el hombre volador mejor que nadie a sus 80 años.

Accidentes, sí que los tuvo. En La Carlota (Córdoba) lo habían dado por muerto; sin embargo se recuperó, y piensa hacer realidad esa promesa que le hizo a su madre: llegar a los 100 años en el trapecio. Con exigentes entrenamientos diarios y el físico perfecto de quien parece veinte años menos, es muy posible que Anthony cumpla y convierta esa promesa en realidad.

Integrante del legendario circo de "Piluso y Coquito" en los 70, Antonio trabajó con Alberto Olmedo y también lo hizo con otra leyenda: en el circo de José "Pepitito" Marrone, en los años 60.

Hoy está en Rafaela con el circo Merlín y junto a él “vuela” toda su familia: sus hijas, su yerno y también una nieta. El típico clan de artistas circenses que generación tras generación se reinventa.

El futuro cercano lo espera a fin de mes en México y en Las Vegas (USA); en esta última en un show llamado “Circus”, un circo para la Tercera Edad, ya que todos sus artistas tienen 60 años cumplidos o más.


ENTREVISTA

Antonio dialogó el miércoles pasado en La Rural -donde está el circo Merlín- con LA OPINION y esa charla publicamos a continuación.

-¿Nació en el interior del Chaco y de familia circense, verdad?

-Nací en Taco Pozo, al lado de Monte Quemado. Mi mamá tenía el Circo de los Hermanitos Pereira, aunque no era un circo sino un politeama (N.de R.: teatro donde se dan representaciones que pertenecen a diversos géneros). Allí se pasaba Canuto Cañete, Juan Moreira, Santos Vega, comedias, sainetes y obras donde la gente iba a divertirse. Hacíamos giras por el interior del Chaco, transportándonos en carros y caballos y a veces en un camión Federal con gomas macizas, modelo 1918. El camino era una huella dentro del monte, ni pensar en rutas, para hacer 30 km nos iban dos días. Mi padre era payaso y mi mamá trapecista. Yo quise seguir el oficio de mi padre, pero como decía Marrone, "no se hace payaso, se nace". Así que debuté en los trapecios a los 8 años y hoy ya llevo más de 70 arriba de un trapecio. La gente se sorprende y dice "Pobre viejito, ¿cómo va a hacer allá arriba?", pero ya tenemos una memoria tal que uno se deja llevar por el impulso... tenemos todo grabado.

-¿Su mamá, aún embarazada, seguía haciendo trapecismo con usted en la panza?

-Sí, hasta los cinco meses del embarazo. Hasta que mi papá le dijo basta porque ella trabajaba sin red.

-¿Es el trapecista el que elige usar o no una red?

-No. Ahora ya no permiten hacer el show sin red. Es una ley, al igual que la de los animales, que no se permite más tenerlos en el circo. A mí me da lo mismo usarla o no porque tengo la rutina grabada en la mente.

-¿Tuvo algún accidente grave?

-Sí. En La Carlota (Córdoba). Ahí estuve con el Circo Australiano y sufrí un accidente aún teniendo red y me daban por muerto. Fui a caer atrás del público y sufrí fracturas múltiples: en clavícula, cráneo, costillas, muñeca, dedos, pierna izquierda -no tengo rótula- y caderas. Caí de 24 metros, pero acá estoy, por el amor que le tengo a mi madre y por la decisión que hice de seguir su ejemplo.

-¿Tiene hijos?

-Tengo dos hijas, una de 47 y la otra de 29 años que trabajan conmigo, entran conmigo al espectáculo. También mi nieta de 17 años es trapecista, mi yerno y mi esposa (oriunda de México, pero ya retirada). Toda la familia volamos, y por eso es muy difícil encontrar una troupe de trapecistas hoy en día, porque se requiere mucho entendimiento y coordinación entre los artistas. Practicamos todos los días.

-¿Se siente muy exigido, físicamente?

-No me siento exigido porque es algo que lo vengo haciendo desde los 8 años. Igual no soy una máquina, y si estas se rompen, imagine el cuerpo humano. A veces me siento un poco cansado, pero al abrir las cortinas y ver el público este te da aliento y aparecen energías que uno no sabe de dónde se sacan.

-Usted fundó las “Aguilas Humanas”. ¿Qué eran?

-Eramos, allá por los años 50, viejos trapecistas que nos juntó la señora Trude Von de Sarrasani. (N. de R.: el Circo Sarrasani, fue el más grande de Europa durante el período de entreguerras mundiales, cuya sede estaba en Dresden, Alemania). El circo Sarrasani llegó a la Argentina a comienzos de los 50 y se estableció frente al Luna Park. La señora de Sarrasani, junto a los Venturino, y empresas de Chile, buscaron los mejores 20 trapecistas del mundo. En aquella época yo era uno de los tres que hacíamos triple vuelta en el aire, junto a un ruso y a un norteamericano. Así se formó el circo de “Las Aguilas Humanas” y debutamos en el teatro Caupolicán en Santiago de Chile. Es famoso, aún existe, y ahí los trapecios se encuentran altísimos, a unos 20 metros. Las “Aguilas” alcanzaron fama mundial. Salimos de gira desde Santiago de Chile y en Lima (Perú) cayó un compañero y murió. De veinte que salimos volvimos diecisiete, tres murieron. Eso fue en 1965. En 1973 volvimos a hacer otra gira y la última en 1977. Era un show espeluznante por las acrobacias, la gente salía 'con los pelos parados'.

-¿Trabajó con Alberto Olmedo y con Marrone?

-Olmedo me marcó en mi vida. Fue un patrón con un corazón y carisma irrepetibles. Trabajábamos en el circo de “Piluso y Coquito” en Av. Rivadavia y Carabobo (Capital Federal). Hice una gira de tres años con él. Cuando murió “Coquito”, Olmedo cerró el circo. Y con “Pepitito” Marrone, en el barrio de Once armaron su circo que se televisaba por Canal 13.

-¿Es cierto que quiere ser trapecista hasta los 100 años?

-Sí, es mi misión. Mi mamá murió a los 112 años y ella dejó casi a los 56. Como un homenaje a ella yo dije que iba a batir el récord. Me siento confiado porque mi abuela murió también a los 114 años.

-¿Cuál es su récord en Guinness?

-Soy el trapecista más viejo del mundo. No hay otro de 80 años. A este oficio no hay que perderle el amor nunca y hay que seguir e insistir.

-¿Lo entrevistaron muchas veces?

-Estuve almorzando con Mirtha Legrand. También en “Mañanas Informales” (por canal 13). En Canal 26, en el programa “Ejemplos de vida” y también en Cadena 3, entre otros.

-¿Dónde sigue la gira?

-Ahora vamos a San Francisco y casi seguro después a Villa María y Santa Fe. Igualmente, a principios de abril me voy por unas semanas a México y a Estados Unidos por un espectáculo que se organiza para gente de la Tercera Edad: se llama “Circus” y se hace en un casino de Las Vegas. Todos los artistas en ese certamen deben ser de 60 años para arriba y esta es la tercera vez que participo.

Seguí a Diario La Opinión de Rafaela en google newa

Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.

Te puede interesar

Teclas de acceso