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Información General Martes 5 de Mayo de 2015

El íntimo abrazo de Galeano a la escritura

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Hugo Borgna

Por Hugo Borgna

“...El prójimo no es tu hermano ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos condena el hambre de pan y a muchos más el hambre de abrazos” (El hambre/2, de “El libro de los abrazos”)

Eduardo Galeano, mucho más que un pensador, que un ciudadano, que un escritor, es alguien que se necesita como compañía.

Desde el 1971 estremecido por la aparición de “Las venas abiertas de América Latina”, hoy un clásico, Galeano reprodujo muchos sentimientos profundos y encontró en el libro un aliado ideal para la comunicación con los seres vivos y sensibles (nosotros, que lo somos siempre aunque no vivamos demostrándolo).

El tono reflexivo es su característica de comunicador; en los medios televisivos donde el mensaje llega, pausado y eficaz, en el cotidiano medio periodístico y, fundamentalmente, en el ámbito literario. Eduardo Galeano amó la literatura y la abrazó con el alma, dándole todo su calor humano y su color de vida.

Aunque no se puede decir a esta altura del siglo y de todos los siglos anteriores que puede crearse un nuevo género literario, sí se puede afirmar que Galeano consolidó una feliz fusión de poesía, crónica y prosa poética, que incluyó la belleza sensitiva de las metáforas y las aseveraciones severas de la realidad, a veces al modo más crudo de la redacción periodística.

Son muchos libros los que nacieron desde aquél de 1971, ellos fueron “escuchados con los ojos”. Son emblemáticos de su escritura, al mismo nivel de emoción y reflejo del hombre, “El libro de los abrazos” (1989) y “Espejos” (2008). Más allá del sentido informe social de “Las venas abiertas...”, desarrolló Galeano una intensa vinculación con el lector comprometido con la vida y sus manifestaciones, refiriendo a situaciones cotidianas que hacen trascender un mensaje de defensa de los valores básicos y permanentes.

Estilísticamente su modo de expresión le permite incluir relatos muy cortos con la consistencia del cuento, como también la reproducción de un aviso publicitario de un diario uruguayo de 1840 (veintisiete años después de la abolición de la esclavitud, donde se ofrece en venta a “una negra de edad de trece a catorce años, sin vicios, de nación bangala, además de un mulatillo, una criada y una negra “medio bozal”), o asimismo utilizar el recurso poético de la repetición (“Los nadies”), la información periodística precisa (“Crónica de la ciudad de Caracas”), o la referencia a mensajes escritos en las paredes.

“Nos amábamos rodando por el espacio y éramos una bolita de carne sabrosa y salsosa, una sola bolita caliente que resplandecía y echaba jugosos aromas y vapores mientras daba vueltas y vueltas... Allí se quedaba aquella bolita que éramos ella y yo; y desde el fondo de la ensalada vislumbrábamos el cielo” (“El libro de los abrazos”).

Poesía, prosa, comentario, una nota romántica colocada como al azar: todo cabe y tiene lugar reconocido en el estilo Galeano, un sitio donde es posible encontrarse con uno mismo en cualquier ángulo o en el centro de una o de todas las páginas. El estilo libre de conexión directa -hasta se podría decir inevitable-, representa enriquecimiento y dignificación del libro como medio de comunicación entre humanos: sencillo, claro, profundo, lleno de frases inesperadas y multiplicidad de transparentes gestos amistosos.

Casi como tener frente a nosotros a una persona que nos sonríe permanentemente su afecto.

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