Por Alicia Riberi
Nacemos, crecemos, nos desarrollamos libremente en la vida… cada uno de nosotros elegimos hacia dónde vamos, con quién, cuándo, cómo y nadie puede trazar nuestro propio destino si nosotros tenemos claro lo que queremos. A veces cuesta comprender que nuestra estructura espiritual es la que nos ayuda a sortear los obstáculos, ya que todos tenemos infinidad de obstáculos, avanzar depende de la fuerza interior de cada uno. En ocasiones me cruzo con personas, con muchas personas que no creen ni en Dios, ni en las cuestiones religiosas, ni en nada de lo que nos regala auténticamente esperanza, piensan que se mueren y ya está.
Analizando todas las respuestas, me corren escalofríos el pensar vivir sin Dios…Mi vida ha sido difícil y en muchas situaciones he flaqueado, pero siempre Dios estuvo ahí para sostenerme.
Yo me pregunto qué se festeja en Navidad, si no se conoce la historia de nuestro señor Jesucristo, que nació y murió por nosotros… Si Jesús no hubiese cumplido la voluntad del padre, se disolvería la esperanza de una vida nueva cuando nos vamos de esta y realmente es esperanzador vivir pensando que morimos, pero que nos reencontraremos en una vida nueva y conoceremos el rostro de quién nos dio todo sólo por amor. Cuando pienso en Navidad, mi corazón se llena de gozo y si bien en ella se notan las ausencias y a veces sentimos los vacíos, nos debe regocijar el saber que los seres que amamos, nos observan desde una platea preferencial, ya sin dolor, sin sufrimiento, sólo con paz, una infinita paz. Navidad es la fiesta de la esperanza, en donde cada uno debería preguntarse si hubiese sido capaz de dar la vida por los demás sólo por amor y voluntariamente. Sólo Dios nos mandó a su hijo para que comprendiera las debilidades del mundo, se hizo hombre y conoció todo lo que lo desmoraliza, lo que es capaz de quebrarlo, de bajarlo hasta los peores abismos… Es tiempo de pedir perdón, de ofrecer nuestro perdón, de cambiar nuestra vida, de construir un mundo diferente, de abrir los ojos y ver, no sólo observar, ver para hacer, hacer todo lo que podamos por nuestros hermanos, nuestro prójimo sin esperar ninguna recompensa y dando lo que nos cuesta y no lo que nos sobra. Es hora de descubrir a nuestro prójimo y dejar la comodidad para amar a los demás.
En el tiempo de Adviento nos preparamos para recibir a Jesús, limpiando en profundidad nuestro interior, regando nuestras voluntades, abriendo los lugares más oscuros de nuestro corazón, para sanar las heridas que impiden que nos realicemos plenamente.
La luz en nuestra vida la recibimos de Dios a través de su hijo en Navidad y del Espíritu todos los días al sacar fuerza de donde no sabemos para seguir… Es el Espíritu de Dios que nos fortalece y no deja que abandonemos nuestras metas.
Navidad es tiempo de reflexión, para reconstruir nuestras vidas, reforzando los cimientos y renovando lo que se deterioró, pero con el condimento de la perseverancia, no conmovidos sólo por la Navidad, sino descubriendo que luego de un cambio profundo se vive mejor teniendo fe, la fe es capaz de transformarlo todo. Amigos…dejemos lo que estamos haciendo, mejoremos nuestra vida y que no sea por un golpe letal, sino por propia voluntad. Vayamos en esta nueva Navidad al encuentro del Señor…feliz Navidad para todos los que me quieren y los que no, los que son mis amigos y para los que no me conocen…paz y amor en esta nueva Navidad.
Navidad es el reencuentro con uno mismo… sólo si queremos.
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