Por Antonio Fassi
La Tierra es un ser viviente que requiere respeto y trato preferencial, pues ella es la que nos alimenta, nos sostiene con vida, nos educa y nos provee el oxígeno necesario sin el cual nuestra esfera celeste sería un planeta sin vida alguna. Por eso debemos respetar sus reglas, sus mandatos y sus principios naturales, sin dañarla, pues cualquier ofensa, agravio o condición nefasta, hace que se vuelva contra el provocador, que a la corta o a la larga, sufrirá las consecuencias de su mal proceder, pagando con dolorosos golpes, que sin duda caerán sobre la parte más sensible del transgresor, su corrupta y extraviada conciencia.
Esta breve introducción viene a colación de hechos que se vienen sucediendo últimamente en el ambiente rural, donde los robos y despojos en los locales no habitados de las chacras de la zona, están a la orden del día.
Sustracciones de elementos depositados en las casas para uso del trabajo rural, arranque de cables de las instalaciones eléctricas e incluso el arrebato y desarraigo de los transformadores de energía, roturas desalmadas de puertas y ventanas, incluido a veces el pillaje de las mismas. Y lo peor del caso, es que estos depravados y perversos seres, visitan periódicamente las mismas dependencias, sin que medien razones que permitan descubrir el origen y procedencia de los salteadores.
A modo de información, en el término de los últimos cuatro meses, la Cooperativa Eléctrica de Tacural, debió reponer más de 30 transformadores derribados de líneas eléctricas rurales a efectos de la sustracción del cobre de su interior. Y un transformador no cuesta "dos pesos". Es una erogación mayor que debemos pagar todos los que usamos energía eléctrica, incluidos los "fuera de la ley". Y esto es sólo parte de la reinante depravación que asola nuestro país, pero esta apunta directamente a la Tierra, a la Pachamama que tanto rindieron culto los antepasados de la América india, pero que hoy debe soportar el envilecido, perverso y destructivo comportamiento de una extraviada parte de sus originarios descendientes, pues el daño más directo que causa este erróneo camino del despojo en las zonas rurales, golpea directamente sobre el espíritu de la Madre Tierra, dado que la sustracción material puede reponerse. Pero la acción en si, perdura en forma inmortal en el inmutable pizarrón del tiempo y el espacio, impregnando el suelo del lugar siniestrado a la espera del momento oportuno para sacar a relucir sus armas defensivas y escarmentar a los culpables, sean autores materiales de los robos o encubridores del hecho en sí.
Y a la Pachamama no se le compra la conciencia con dinero ni con
baratas politiquerías, ni siquiera con el arrepentimiento. Aquel ladrón, vendepatria o encubridor escarmentará en carne propia el delito cometido, que sin ninguna duda, regresará cargado con dolorosos y torturantes intereses. La Tierra madre cobrará abundantemente el rastrero y vil desprecio por abusar de su intachable y perfecta sabiduría. Y lo hará en defensa propia y de quienes la transpiran.
Y la Tierra, no se cansa jamás, pero ¡tampoco olvida jamás!
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