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Información General Sábado 14 de Octubre de 2017

El Tropezón: aquella eterna rutina…

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Agrandar imagen FOTO ARCHIVO// EL TROPEZON./ El Salón de Callao 248, reducto de diputados y senadores.
FOTO ARCHIVO// EL TROPEZON./ El Salón de Callao 248, reducto de diputados y senadores.
Pepe Marquínez (Sunchales)

Por Pepe Marquínez (Sunchales)

Acaso constituya por historia, dentro del segmento gastronómico (comedores, bodegones, fondas y restaurantes) el más famoso de Buenos Aires de los últimos 150 años. En setiembre pasado, luego de haber bajado sus persianas en 1983 reabrió El Tropezón en el lugar en que lo conocí en 1962: Callao 248.

El primitivo Tropezón, estaba enclavado en la esquina nor-este de la encrucijada de Callao y Mitre. El restaurante fue fundado por un asturiano que se llamaba Manuel Fernández y un gallego de Santiago de Compostela llamado Ramiro Castaño. Corría el año 1896. Cinco años más tarde, el establecimiento fue trasladado a Cangallo 1819 (casi Callao) pero el 7 de julio de 1925, un derrumbe -sin consecuencias graves­- terminó con ese reducto. En los altos funcionaba el Hotel Callao.

El negocio fue reabierto en el lugar que sería definitivo hasta el día de hoy, en febrero de 1926, es decir 7 meses después.

Tuvo tanta notoriedad este lugar que las letras de tres tangos lo aluden: En 1926 Manuel Romero y Enrique Delfino compusieron uno de ellos y lo titularon “Que querés con ese loro” y sus versos nos dicen “Y aseguran los que han visto a tu adorada, meterle al diente cuando está en El Tropezón, que es mejor que invitarla a una morfada, comprarle un traje y un tapado de visón”…Fue grabado por Libertad Lamarque y Olinda Bozán entre otros.

Varias peculiaridades hicieron famoso a este sitio: una de ellas fue la época en que tenía abiertas sus puertas las 24 horas del día, pero tal vez fue su famoso “puchero” en especial el de gallina el que le dio el estrellato definitivo dentro de los restoranes porteños.

En realidad el “puchero “argentino tiene su origen en el cocido español, pero corregido y mejorado con los ingredientes que le fueron agregando en nuestro país. Es por ello que a la papa, zanahoria, nabo, garbanzos, tocino, panceta, cerdo, aquí se le agregó choclo, batata, repollo, osobuco, caracú, la carne de vaca,  chorizo y morcilla. Cuentan que los pucheros del Tropezón eran interminables y en las fuentes se notaba el exceso de las raciones.

“No vayas a lecherías a pillar café con leche, mandate tus pucheretes en el viejo Tropezón”. Segundo tango que refiere al legendario lugar gastronómico. Se llama ”Seguí mis consejos” compuesto en 1928 y es de la autoría de Trongé y Salvador Merico. La grabación más conocida es la de la orquesta de Francisco Rotundo con la voz del uruguayo Carlos Roldán, (1949) quien antes había hecho lo propio en la agrupación de Francisco Canaro. Pero también lo grabó Gardel (junio de 1929) y fue estrenado por Olinda Bozán en el Teatro Nacional el 17 de agosto de 1928, en la presentación del sainete Musolino

Se afirma que Gardel, que era asiduo concurrente, ocupaba invariablemente la mesa 48. Por lo general lo hacía acompañado de su entrañable amigo Irineo Leguisamo.

También se hizo tradicional por la concurrencia de legisladores y políticos fruto de su cercanía con el edificio del Congreso Nacional. Allí se lo veía tanto a Yrigoyen como a Balbín o Illia, Perette, Alfredo Palacios, y los grandes músicos que luego de terminados los bailes de la zona o las funciones teatrales, concurrían para cenar y rematar la noche, ya entrada la madrugada. Federico García Lorca durante su estancia en Buenos Aires (1933) fue un visitante frecuente.

Hay un tercer tango que hace referencia a El Tropezón y su autor Roberto Medina, un cantor de tangos de Lanús lo títuló “Pucherito de Gallina”. Tuvo la gran suerte, que lo grabara Edmundo Rivero lo que le dio una notoriedad inusitada, sin perjuicio de la calidad de la obra. El autor manifiesta en sus versos: “Cabaret, Tropezón, era la eterna rutina”. Es decir, que los nocheriegos porteños tenían la costumbre de ir al cabaret (por aquel entonces costumbre muy en boga) y luego al Tropezón a cenar, ya de madrugada. También los versos de este tango refieren al vino Carlón, que era denominación de origen de la zona de Castellón, norte de la Comunidad Valenciana (España). Vino potente, de alta graduación, color tinto oscuro. En aquella época, competía con el vino Carlón, como lo tengo dicho de procedencia española, el Barbera que también era denominación de origen, pero de procedencia italiana (de la zona de Asti, Piamonte). Este vino es de un color rojo intenso pero algo más áspero. Llegaban desde Europa en toneles.

La letra de este tango Pucherito de Gallina, nos dice… ·Cabaret, Tropezón, era la eterna rutina, pucherito de gallina, con viejo vino carlón”

El 25 de setiembre pasado abrió sus puertas nuevamente El Tropezón. Ya no se ve la boiserie que lucía en sus épocas doradas y la barra fue colocada sobre la pared que da a Recoleta, o sea enfrente a la que yo conocí hace ya muchos años, pero el recinto luce impecable.

Callao 248. La mesa está servida.


 

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