Por Redacción
Por Holger Zenklussen (*)
Estamos dispuestos a luchar, sin violencia pero con inteligencia, para lograr que la tarea de los jefes intermedios, sea respetada en todos los lugares de trabajo, tanto por los obreros como por los patrones, ya que la misión de los mandos intermedios es servir con eficacia y justicia a todos los hombres de buena voluntad, para instaurar el Bien Común dentro de las empresas, fábricas, talleres y todo tipo de organizaciones.
Buscamos el encuentro de los trabajadores con Cristo. Entendemos por trabajadores a todos aquellos que con su esfuerzo físico, mental y espiritual, transforman la vida y la enriquecen.
Nos proponemos la renovación cristiana de las estructuras sociales, mediante la capacitación adecuada de todos los integrantes de cada célula de producción.
Lucharemos para que todas las empresas cumplan con las funciones sociales que les son propias: eficiencia, productividad, innovación, expansión, creación de fuentes de trabajo y apoyo a la comunidad.
No permitiremos que se considere a ningún hombre como un simple instrumento mecánico para la producción. Insistiremos para que no se olvide nunca que cada hombre es, ante todo, hijo de Dios y que como tal tiene un destino eterno.
Buscamos una mayor cultura humana y técnica en todos los niveles de las estructuras empresariales. Sabemos que con una mayor cultura, el trabajo será más efectivo y rendidor para toda la sociedad.
Afirmamos que quien no hace producir sus propios talentos, sea obrero, capataz o patrón, traiciona a Dios y a la sociedad. Daremos testimonio de que nuestro trabajo de jefes no está al servicio de ningún egoísmo, sino al servicio exclusivo del Bien Común.
Propugnamos una justa participación en la riqueza que producimos, y afirmamos que rechazar sistemáticamente toda forma de participación en los beneficios de la empresa es un atentado contra la dignidad de las personas que la integran.
Nos consideramos elementos esenciales dentro de las estructuras, y por tal motivo no admitiremos ninguna tutela ni paternalismo.
Pedimos la supresión de privilegios y favoritismos, que sólo consiguen crear ambientes de hostilidad y odio. Pretendemos que se logre una verdadera transparencia dentro de las estructuras, y que las jerarquías, niveles y naturales diferencias, tengan su lógica explicación en la capacidad y en la contribución específica de cada hombre, al aumento de la eficiencia y la productividad del conjunto.
Concebimos a la empresa como una comunidad de personas encaminadas al Bien Común, regida por la moral y el derecho, y respetuosa defensora de los avances de la ciencia y la tecnología.
Pedimos una organización del trabajo, que permita a los hombres desplegar sus iniciativas personales y ejercerlas con sentido de responsabilidad.
No aceptaremos la explotación de los trabajadores por parte del capital, cualesquiera sean sus representantes. A los trabajadores se les debe pagar bien y exigir bien, es decir con sentido de justicia y eficiencia.
Condenamos la lucha de clases por ser absolutamente errónea en su planteo. La empresa no admite separaciones ni conflictos permanentes dentro de su estructura, ya que toda ella funciona sobre la base de una unidad orgánica necesaria e imprescindible para su conservación y desarrollo.
Afirmamos que el esfuerzo de todas las organizaciones, para una mayor capacitación de sus integrantes, es una inversión necesaria e ineludible para asegurar el desarrollo integral y armónico de la sociedad.
Las Hermandades de Mandos Intermedios se comprometen a promover una mayor capacitación técnica, y una formación más profunda e integral, en todos los lugares y en todos los ambientes de trabajo.
Estamos dispuestos a una unión fraternal con todos los hombres que trabajan por el Bien Común, dentro de la paz y la justicia.
(*) Licenciado en Administración de Empresas de la Pontificia Universidad Católica Argentina "Santa María de los Buenos Aires", donde se desempeñó como profesor. Es consultor internacional de empresas e instituciones, conferencista y un pionero en jerarquizar a los mandos medios y su rol como bisagras en las organizaciones. Fue Director de la primera Escuela de Mandos Medios en la Argentina. El presente artículo forma parte de su libro "El Taller de Nazaret", donde sintetiza sus ideas sobre el mundo del trabajo, las personas y las organizaciones.
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