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Información General Domingo 3 de Febrero de 2019

En busca de aquella dignidad

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REDACCION

Por REDACCION


Cosquín es Cosquín. Verdad de Perogrullo. Pero lo consideramos así. Porque no es cualquier festival de folclore. Es casi el primero con estas características, que marcó un formato, que impuso un estilo hace seis décadas. Entonces hay sucesos que vienen siendo en su contenido actual que no encajan, que molestan, que exceden esa propuesta que nació más seria.

Por ello, es difícil aceptar en el escenario Atahualpa Yupanqui, que se oiga la versión de Carpas de Salta en un desaforado ritmo bailantero. Y repertorios ajenos al folclore con reminiscencias extranjeras aunque sean éxitos en otros ámbitos.

Tampoco hay lugar para homenajes a célebres del género, pero con cantores de trayectoria desencontrados y sin ensayo que evidencian solo estar para quedar bien y hasta demagógicamente, aunque suponemos que algunos de ellos perciben su cachet por esa actuación desprolija.

La programación está saturada de sonidos clonados desde hace 20 años cuando aparecieron los nuevos cuartetos salteños del romanticismo. Nada suena diferente. Nunca se podrán identificar las versiones de unos o de otros, que suman decenas con la misma estructura.

Se escucha mucho grito y saltimbanqui y revolucionarios apenas de maquillaje. Que se arrogan el derecho de pedirle palmas a la platea, en vez de preocuparse por mejorar la oferta. Y en nombre de la renovación todo se permite y nada se autocritica.

Hubo un tiempo pasado que fue mejor, aunque suene a clásico y estructurado: Vuelvan músicos salteños fundantes. Si pudieran volver aquellos que ya no están… Aquellos que con el solo pulsar de los primeros acordes e introducciones, ya anunciaban de qué se trataba y quiénes eran.

Por eso, nos permitimos sugerirles a los que están llegando estos últimos años, que se tomen el tiempo necesario. Canten, modulen, interpreten, sientan, conmuévanse en cada verso y en cada nota sin automatismos. Sean auténticos. Logren sonidos propios. Aprendan lo que no saben, reflexionen lo que nunca pensaron, modifiquen lo que no corresponde, crezcan cada día, fórmense profesionalmente, sean creíbles, honestos, genuinos. O no sean.

Las comparaciones son inevitables. Lo que ya conocimos y abrió el camino no tiene fecha de vencimiento. Siguen vigentes ante tanta orfandad de propuestas originales y con valioso contenido.

Es demasiado. Es demasiado poco. Es demasiado irrespetuoso.

Y el público, cada vez menos exigente, contribuye a la mediocridad y respalda estos vacíos existenciales de la cultura popular que supimos conseguir.

Cosquín, por este camino, es cada vez menos Festival de Folclore. Pero debemos reconocer, que el certamen de nuevos valores Pre Cosquín, sí garantiza esa continuidad del objetivo primigenio. Y al menos, la danza, que retomó protagonismo, también jerarquiza.

Siempre se vuelve a los sabios refranes: De lo sublime a lo ridículo, solo hay un paso.


Raúl Vigini







 

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