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Información General Domingo 3 de Febrero de 2019

En tierras de Pakistán, por el desierto con custodia por la amenaza talibán

En un país difícil, avanzamos por una carretera célebre por el contrabando que surca el desierto de la nada misma. El viaje, en él tragamos arena, fue junto a Xuan, un mochilero chino. En una ciudad sufrí una dura caída con la moto.

FOTO A. VOLPATO  EN EL CAMINO. Hacia Quetta, con la custodia de los “Levies” (fuerza paramilitar) MEZQUITA. Construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb –Lahore-.
FOTO A. VOLPATO  EN EL CAMINO. Hacia Quetta, con la custodia de los “Levies” (fuerza paramilitar) MEZQUITA. Construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb –Lahore-.
FOTO A. VOLPATO EN EL CAMINO. Hacia Quetta, con la custodia de los “Levies” (fuerza paramilitar) MEZQUITA. Construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb –Lahore-. Foto 1 de 2
FOTO A. VOLPATO  EN EL CAMINO. Hacia Quetta, con la custodia de los “Levies” (fuerza paramilitar) MEZQUITA. Construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb –Lahore-.
FOTO A. VOLPATO EN EL CAMINO. Hacia Quetta, con la custodia de los “Levies” (fuerza paramilitar) MEZQUITA. Construida en 1673 por el emperador mogol Aurangzeb –Lahore-. Foto 2 de 2
Adrián Volpato

Por Adrián Volpato

NOTA IV


Al amanecer, sólo tengo ante mí, el desierto vacío y su misterio escalofriante atesorado entre dunas. Pero más allá, el sol juega tretas de espejismo y creo vislumbrar una lejana columna marchando…Al sureste, Bam, una anciana ciudadela, la mayor edificación realizada con barro moldeado del planeta, construida con anterioridad al año 500 a.C., deslumbra por su grandeza y mística.

Pakistán significa “Tierra de Pureza”, en urdu, su idioma oficial. Es un país musulmán de reciente formación (1947), desgajado de la India, pero que paradójicamente se articula en torno a la columna vertebral formada por el valle del río Indo, que dio nombre a la India.

Desde su independencia, la crónica de Pakistán está signada por una permanente inestabilidad política, y algunas partes están consideradas riesgosas para los viajeros e inclusive hay sectores vedados a los foráneos.

Ni bien traspaso la frontera me conducen a un destacamento militar. Se abre un raído portón e ingreso a un cuartel con un patio atiborrado de vehículos oxidados con perforaciones de bala, perros famélicos, rodeado de vetustas oficinas.

El ventilador de techo hace vanos esfuerzos para derrotar el calor y un oficial me indica que tome asiento; eso es todo. Allí conozco a Xuan, un chino mochilero. Frugal cena, y a descansar. A la mañana siguiente, presento mi documentación, y comienza la odisea.

El carro militar abre la marcha por una solitaria vía, famosa por el contrabando, que se adentra en el desierto. Un horizonte amarillo y ardiente, con remolinos arenosos, parece no llevar a ninguna parte. Cada tanto aparecen casamatas de piedra, que ofician como puestos de control, alternados con rudimentarios repostajes.

Así, los “Levies” o “Police Escort” -escolta policial- se pegan como una segunda piel, y el fantasma de los talibanes -sanguinario grupo fundamentalista islámico- acecha. El calor es una realidad absoluta. Se mastica sol y se traga arena…

A la noche, junto a Xuan, somos conducidos a algún refugio, donde permanecemos bajo guardia y sin contacto con el exterior.

Pasamos por Quetta, capital de la provincia de Baluchistán, cerca de la frontera con Afganistán en la entrada del estratégico paso montañoso de Bolán usado milenariamente por tribus nómades, mercaderes e invasores.

Se conduce por la izquierda. En las ciudades el tránsito es caótico y sufro una estrepitosa caída. Felizmente, sólo tengo que lamentar una rodilla sangrante y daños mecánicos menores.

Por fin, al cabo del quinto día, somos liberados en Sukkur, sobre los bancos del río Indo, que cuenta con una presa que alimenta el mayor sistema de riego del mundo. Y me despido de mi amigo chino, al que los pakistaníes bautizaron “Chin Chan”.

Al principio tengo un sabor extraño, como de cierta inseguridad sin la guardia armada, pero pronto lo supero, y ahora sí logro un contacto real con el entorno. La señalización es casi inexistente, y los pocos carteles están en urdu, ininteligibles para mí.

Con todo llego a Lahore, núcleo cultural del país, con numerosos finos ejemplos de arquitectura mogol, mientras que una caminata a través de la atmósfera de los callejones de la ciudad amurallada se traduce en mezquitas, bazares y mercados.


Estoy por ingresar a India, un país de más de mil millones de habitantes, con treinta idiomas diferentes y alrededor de 2.000 dialectos aunque se admita como oficiales el hindi y el inglés. Un país de misterio, complejidad y fuertes contrastes.

El país más espiritual y uno de los más fascinantes de la Creación. Por todo ello, la India, no es una nación, sino un mundo. Y estos datos, golpean con fuerza.



 

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