Por Amado Raspo
Como premio de las victorias de las Batallas de Salta y Tucumán, recibió Belgrano de la Asamblea del año XIII un premio de $ 40.000, y pidió nuestro prócer que ese dinero se aplicara a la construcción de 4 escuelas en distintos lugares del país.
Al justificar su donación decía:..."He creído propio de mi honor y de los deseos de prosperidad de mi patria, destinar los cuarenta mil pesos que me fueron otorgados como premio por los triunfos de Salta y Tucumán, para la dotación de escuelas públicas de primeras letras".
La donación de Belgrano fue aceptada por la asamblea del año XIII, pasando cinco años sin que nadie se diera por enterado. En 1823, Rivadavia manifestó que no pudo dar con los fondos; diez años después el gobernador Balcarce admitió que los fondos habían pasado a formar parte de la deuda de la provincia de Buenos Aires.
En 1858, Amadeo Jaques, director del Colegio Nacional, intentó ahondar la investigación, pero sólo consiguió que lo difamaran.
La investigadora tucumana, Marta Dichiara, encontró el registro de los fondos, los que durante 45 trimestres estaban en manos de los ganaderos bonaerenses, sin pagar un centavo de interés.
En 1947, se colocó la piedra fundamental para la creación de una escuela, en Tarija (Bolivia); la piedra durmió el sueño de los justos, hasta 20 años después, algún funcionario vio la posibilidad de hacer algún negocio. Dicho establecimiento educativo, pudo inaugurarse el 27 de agosto de 1974. La escuela de Santiago del Estero fue inaugurada por el gobernador Felipe Ibarra, con fondos propios, en mayo de 1822 y funcionó hasta 1826.
La provincia de Jujuy fue la que mejor cumplió inicialmente con el legado de Belgrano, sin esperar que le depositaran los fondos desde Buenos Aires; las obras comenzaron en 1813; y el 3 de enero de 1825, el Cabildo Jujeño inauguró la humilde escuelita, solventada con fondos propios.
El caso más patético, es de Tucumán, donde en 1976, el gobernador Antonio Bussi, formó una comisión para "cumplir con la memoria del prócer", se colocó una piedra fundamental, que fue robada. Luego el presidente Menen, retomó el tema, encargándole a la ministra Decibe que se construyera la escuela soñada por el prócer, lo cual no se hizo.
El gobernador Miranda, heredero de Bussi, tomó el desafío y con los años la escuela se construyó, pero claro mucho más chica y más cara de lo previsto. Concretamente, como comenta Pablo Calvo, en una exhaustiva investigación periodística, publicada el 14 de mayo de 2003, "no se sabe que pasó con los 299.033 pesos que quedaron de la diferencia entre el montón remitido por la Nación y el que pagó la Provincia para hacer dicha obra. El tema se halla todavía con el pedido del fiscal, para que se explique, dónde fue a parar el dinero".
Pero el sabio pueblo tucumano, consideró insuficiente el homenaje y a comienzos de marzo de 2003, se realizó una marcha encabezada por maestros, padres y alumnos, en la que se reclamó la finalización digna de la obra y la construcción de doce aulas nuevas, al grito de: "Belgrano es un patriota, no le rompan las p...". En fin el propósito de Belgrano no culminó como debiera ser, otros de los tantos ejemplos de las deudas para con nuestros próceres.
Lo relacionado fue extractado de "Los mitos de la historia Argentina" de Felipe Piña, vigésima edición.
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