Por Pablo Urso
Puntual. Llega antes que todos para conversar con la maestra, preguntarle cómo está, qué es lo que se tratará hoy en clases y hablar de la vida, ¿por qué no? Así es Clara Ester Iriarte de Palmero, que hoy sopla 83 velitas y que además, está en el nivel primario de la escuela para adultos Nº 652 "Villa Podio". ¿Qué me cuenta? "Cuando me dijeron que daban clases, yo rápidamente dije que iba a venir a la escuela. Y me vine, y ya está... y es raro que yo vaya a faltar”, dice.
Nació el 12 de noviembre de 1930 en nuestra ciudad y por cuestiones de la vida no pudo estudiar como ella quería, por eso hoy se da revancha y festeja poder estudiar. “Quise venir porque hace ya unos cuantos años que falleció mi esposo. Al quedar sola, tengo una casa grande, con trabajos y todo, me hacía pensar mucho. Esto de poder venir a la escuela es una idea muy buena que se me ocurrió, y no solamente vengo a las clases, sino que voy a carpintería, tejido, a todos los talleres. Estudiar me cambió la vida. Ahora tengo esto, estoy ocupada todo el tiempo, hago las cosas, estoy pensando en los quehaceres del colegio. Estoy feliz”, dice como primera respuesta esta excelente alumna.
Clara es rafaelina de cuna, radicada en el centro del barrio Villa Podio, tiene 5 hermanos, de los cuales tres ya fallecieron, mientras que uno radica en Buenos Aires y el otro en Córdoba. Llevó 53 años de casada, hasta que hace 8 años atrás, su marido murió. Se casó muy joven, con tan sólo 18 años.
En su infancia, y pese a esta actualidad, Clara comenzó a estudiar en la escuela Alberdi, pero su madre tenía animales y había que realizar las tareas habituales del campo. Sus hermanos, enfocados por la pasión, comenzaron a concurrir a los clubes de nuestra ciudad para aprender box, y Clara quedó sola con su madre en las tareas. “Me la pasé ordeñando, trabajando con los animales y demás. Mi madre siempre me decía 'hija; ¿en qué momento vas a estudiar? No se puede'... y así se dieron las cosas”, comenta.
EL PRIMER DIA
A Clara se le llenaron los ojos de emoción cuando este cronista le preguntó por aquel famoso día de clases (el que nunca se olvida), su primer encuentro, el ingreso al salón de clases y todos los temas que se tocan en esta instancia. “Tuve una emoción muy grande. La maestra es un sueño y ella era tan buena que para mi fue un cambio muy lindo. Me acostumbré y tengo muchas ganas siempre”. Acto seguido, extiende el cuaderno de clases, extremadamente prolijo y con una letra que parece tipografía impresa de computadora. “Mire cómo lo tengo al cuaderno”, dice orgullosa y agrega: “yo a pesar de que no pude ir antes a la escuela, leo mucho. Soy capaz de leerme una revista entera sin equivocarme. Leo cualquier cosa, me gusta”, expresa.
Además contó que de chica le gustaba la escuela. Lamentablemente tuvo que dejar porque no podía asistir y tuvo, entre otras cosas, que pasar la comunión a los 12 años, "porque no estaban todas estas iglesias que hay ahora. Fue una pena, pero hoy lo puedo cumplir”. En su vida, tuvo 5 hijos, Oscar Norberto, Graciela Clara, Lidia Teresa, José Regelio y Griselda del Carmen.
Clara no tiene una materia preferida. Dice que se adapta a cualquier cosa, tanto Lengua como Matemáticas, y que su esmero está en aprender mucho. “Se ha armado un grupo muy lindo. A veces hay chicos que no pueden venir porque trabajan y no pueden hacerse el espacio. Pero sino estamos todos y todos son muy buenos, sobre todo conmigo”.
A modo de cierre, esta alumna completa dejó un mensaje para todos aquellos que no pudieron estudiar en sus vidas, y que a pesar del paso del tiempo, están a tiempo de sentarse a escribir y a leer para aprender y formarse académicamente.
A Clara todo el mundo la felicita. Ven una tarea muy loable en su día a día, sobre todo por las ganas y el entusiasmo que le pone a la hora de asistir a clases: “Todo el mundo me dice algo. Acá me quieren todos. Toda aquella persona que tenga la edad y que no haya podido venir antes, que se anime a venir ahora, así se aprende, se pasa el tiempo y no se está pensando en otra cosa”, comenta.
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