Por Germán Sánchez
Vuelven de a una las imágenes. Y se empiezan a encadenar sin solución de continuidad. Pareciera mentira que ya pasó una semana de esa montaña de adrenalina y emoción rockera que invade las sierras de Córdoba y que contagia cada vez a más gente. Horas antes del inicio del maratón musical, el empresario Jose Palazzo, mentor de toda esta hermosa locura hablaba de que se estaba frente al mejor Cosquín Rock de la historia. Fue sin lugar a dudas, un gran festival y la gente volvió a levantarle el pulgar, aun cuando la lluvia imponderable volvió a decir presente.
Todas esas imágenes vuelven como una película. Desde la primera peregrinación por el ingreso en el que un gran cartel rezaba “Que placer verte otra vez”, hasta la despedida de No te va gustar en las primeras horas del martes feriado. O la sorprendente cantidad de parejas con sus bebés en cochecitos. O los padres jóvenes con sus niños aún más jóvenes. O lo padres más mayores con sus hijos adolescentes seguramente disfrutando de su primer Cosquín Rock. O la búsqueda casi infructuosa de una sombra que te proteja del sol impiadoso de febrero. O las corridas hacia las carpas cuando la lluvia, mucho más impiadosa, repiqueteaba contra decenas de miles de fanáticos. O la presencia en casi todos los escenarios de un personaje entrañable y muy querido en el ambiente rockero como lo es Panchito Chévez, que cantó con todos, que tocó su armómica fue uno más en cada show, un ejemplo de vida para alguien que no tiene brazos ni piernas, pero que vive con la música.
De la misma forma, el recuerdo de una veintena de shows presenciados durante tres días inolvidables. Más de una vez, mientras se repasaba la grilla propia armada a gusto, surgía esa sensación que siempre uno se estaba perdiendo algo muy bueno.
Desde muy temprano comenzó la seguidilla en el escenario principal, aún a sabiendas que no llegar a ver a Fabio Posca o La bomba de tiempo, era un lujo imposible de darse. Mientras Las manos de Filippi empezaba a ponerle picante al soleado sábado o Los Pericos repasaba apenas una parte de su historia o The Wailers hacía un show tan prolijo como escuchable. Había tiempo para cruzarse en medio del campo con las intervenciones de Fuerza Bruta, mientras aparecía la potencia de Almafuerte o la llegada de Salta La Banca. Luego sí, no daba para otra cosa que concentrarse en la recta final. Fiesta de Kapanga, buen show de La Beriso y sobresaliente presentación de Ciro y Los Persas.
El domingo arrancaría. Un concurridísimo recital de Estelares y luego el imperdible Madera Microchip de Catupecu como para embalentonarse y aguantarse lo que venga, aunque lo que vendría era la lluvia. Ya Don Osvaldo lidió con la cortina de agua, pero igual hizo delirar a su gente. Eruca Sativa tuvo que acotar su presentación a una media hora que daba para bastante más, lo mismo que Guasones, La Vela y las Pastillas. Acaso, la única y no deseada mancha de esta edición, porque fue una jornada con una multitud tempranera que en muchos casos se dispersó por el mal tiempo.
El lunes, había promesa de gran cierre y rezos para evitar la lluvia del domingo. Y todo se cumplió. 4 al Hilo, La triple Nelson y Los Caligaris le hicieron el aguante al arranque de la tarde. Más tarde hubo tiempo para instalarse en el Alternativo para ver un show distinto como el de Casciari y Sambayonny (“Una carpa llena de gente escuchando en silencio como les leo un cuento, increíble”, reconocía Casciari en el escenario, entre sorprendido y feliz). O para disfrutar de Agarrate Catalina. Claro que allá en el principal había que prestarle atención a Bersuit, Babasónicos y Las Pelotas. Y en el Temático había mucho para ver con Los Gardelitos, El Bordo, Cielo Razzo y Jóvenes Pordioseros. Si por todos lados había con qué entretenerse.
Y el broche de oro, con el regreso de No te va gustar y una faena increíble. Con músicos que se sumaron a la formación estable, con invitados como Hugo Fattoruso, Fernando Ruiz Díaz (Catupecu Machu), Agarrate Catalina, Bersuit y Turf, como para que a la despedida no le faltara nada. Hubo mucho para ver, para disfrutar, para recordar, para revivir, para volver a contar y, sobre todo, para esperar que llegue 2017, sólo para confirmar que el mito de las sierras sigue vivo.
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