Por REDACCION
Por Horacio Baraldi. - ¿Llamamos al Hada Madrina? ¿A Mandrake el mago, quizás? O leemos este artículo.
Supongamos que se acerca un perro a morderlo, ¿qué es lo mejor que puede hacer? Quizás pensó en jugar con él. Pero intuye que ante todo, no debe tenerle miedo.
Si asimismo se aproximara una crisis amenazante que usted percibe con intención de “morderlo”… ¿pensó en jugar con ella? Probablemente no. Pero al igual que ante el can, el punto inicial es no temerle.
¿Qué es jugar con la crisis? Adoptar una actitud lúdica con respecto a la crisis nos permite objetivar la situación y nos predispone a:
1) Darle la verdadera dimensión que tiene. Si bien hay sectores más afectados que otros, el mundo no se “para” totalmente. Cuando hablan de recesión, se habla de valores que no alcanzan al 10%. Esto es un pequeño porcentaje menos de actividad global.
2) Ajustarnos a ella. Si llueve, lleve paraguas. ¿Qué es un paraguas en este caso? Por ejemplo: ser prudente con los gastos, tomar decisiones sobre inversiones que no surjan de apresuramientos sino bien pensadas.
3) Tener actitud positiva frente a ella. Rediagramo mis actividades de acuerdo con la nueva situación. Planteo actividades distintas. Si es posible, me propongo caminos para crecer.
4) Transformar amenazas en oportunidades. Lea lentamente, uno a uno cada interrogante y reflexione:
Puede preguntarse, por ejemplo: ¿Tengo más productos o servicios para vender? ¿Hay clientes potenciales que nunca he visto? ¿Hay regiones que no he visitado? ¿Puedo incorporar nuevos productos o servicios? ¿Existen canales de comercialización que no utilizo? ¿Percibo debilidades de mis competidores que puedo aprovechar? ¿Mis fortalezas son traducidas en ventajas competitivas? ¿Puedo negociar mejor con mis proveedores?
Preguntas podríamos hacernos muchas, respuestas seguramente encontraríamos más que aquellas. Ante la adversidad, siempre podemos tomar una actitud positiva.
Cada acción del contexto debe provocar en nosotros una reacción que nos favorezca. Una amenaza se trasforma en una oportunidad sólo cuando nosotros lo queremos. La actitud es la clave para lograrlo.
Ahora se preguntará: ¿qué es lo que tengo que hacer? Unicamente usted lo sabe. Y si no encuentra las respuestas usted solo, lo debe hacer con otros. En primer lugar, con la gente más cercana; después, con otros que resulten idóneos para alcanzar el éxito.
Las recetas mágicas no existen. Sólo existen habilidades para dirigir empresas, y estas se deben traducir en resultados. Los resultados se deben buscar siempre de manera incansable hasta encontrarlos. Si un camino no es el correcto o el más adecuado, es preciso buscar otra alternativa.
Así lo hizo San Martín. No desistió en su objetivo de conquistar el Alto Perú. Después de intentos fallidos de hacerlo a través de Bolivia, dejó la frontera al resguardo del General Güemes y realizó la epopeya que todos conocemos y que culminó con la concreción de su objetivo.
Aprendamos del padre de la patria. Los objetivos nunca se abandonan y deben orientarse al crecimiento. Será entonces cuando aquello, que parecía imposible, podrá hacerse realidad.
Las dificultades pueden constituirse -si así lo pretendemos- en el estímulo para generar estrategias de crecimiento. No permitamos que un contexto desfavorable nos desestimule.
Muy por el contrario: que nos encamine hacia las nuevas ideas, hacia la planificación y hacia el proyecto de nuevas actividades. En definitiva, en nosotros está el cambio.
El autor es rosarino. Vivió en Rafaela y tuvo una consultora de empresas en la década de los noventa: hrbaraldi@hotmail.com.
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