Por REDACCION
En la tarde del viernes, el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) fue sede de la última jornada del evento educativo que congregó a más de 800 participantes durante tres jornadas para debatir las distintas dimensiones y funciones sustantivas de la universidad. El VIII Encuentro Nacional y V Latinoamericano La Universidad como objeto de investigación “La Reforma Universitaria entre dos siglos”, se constituyó como un espacio de intercambio y debate en torno a la problemática universitaria adquiriendo especial relevancia de cara al centenario de la Reforma Universitaria en Argentina, que se cumplirá en 2018.
La ocasión fue el marco para la entrega del título Doctor Honoris Causa al Dr. Néstor García Canclini, quien ha sido una figura clave en el desarrollo y consolidación de los estudios culturales, desde una mirada global y a la vez anclada en el contexto latinoamericano.
La ceremonia fue encabezada por el rector, Miguel Irigoyen, quien, acompañado por el decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC), Claudio Lizárraga, remarcó que se ha puesto el foco en interrogar y reflexionar acerca de la Universidad, oportunidad “sumamente apropiada para reconocer al Dr. García Canclini, en tanto su producción nos convoca incesantemente a preguntarnos sobre los complejos procesos sociales y culturales contemporáneos signados por cambios acelerados y permanentes”.
Retomando una idea expresada en la apertura del Encuentro, el rector recordó que “si algo importa resaltar en proximidad al centenario de la Reforma es cómo pensamos el porvenir y la Universidad Pública Argentina posterior a los cien años de la Reforma de 1918”.
Luego de la entrega del diploma y la resolución universitaria que le otorga la máxima distinción, García Canclini se dirigió al público presente y explicó que su sensación de agradecimiento se mezcló con el asombro: “Tendemos a vincular los doctorados, aunque sean honoris causa, con la relación de trabajo con una universidad y yo no he tenido un vínculo académico durable con Santa Fe. Pensé entonces, que esos hijos pródigos, de los que nunca sabemos bien dónde están, que son los libros que uno escribe, habían tenido amigos por aquí, y eso me generó un orgullo secreto e inseguro”.
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