Por Raúl Vigini
Fueron más que dos. Algunos creían que había más que una relación laboral. El se adelantó en destacarlo en la entrevista que le hice para La Palabra -cuya edición virtual recibía todas las semanas en su correo- cuando visité las instalaciones de TN el año pasado. Cada uno era el partener del otro. Supieron entablar una dupla de trabajo que se hizo afecto en el televidente. Miles de mensajes cada sábado y cada domingo daban fe de esa simbiosis que no siempre se logra a través de la pantalla fría y calculadora.
Hasta el mismo domingo pasado fueron los más vistos en esa franja horaria del fin de semana multiplicando los números de rating con los demás canales. Nos referimos a Dominique Metzger y a Edgardo Antoñana (62 años).
El falleció anteayer de un aneurisma y fue la noticia que nunca imaginaron ni hubieran querido tener que dar sus compañeros del canal. Así como desde otro medio nada afín al suyo decían por escrito en la pantalla: "Edgardo Antoñana, el competidor más querido".
Nadie percibía este desenlace fatal. Estaba en su casa de Cariló como era habitual, lugar en el que había desarrollado su proyecto altruista de rescatar perros callejeros y brindarles cuidado y atención, demostrando sensibilidad en la protección y defensa de los animales. Y falleció en una clínica de Pinamar.
Hombre conocedor, ilustrado, sentencioso, propenso a irritarse ante la noticia no deseada, pero siempre defendiendo su personaje que supo hacerse un lugar en tantos hogares que lo disfrutaban por lo espontáneo de su genio. Es probable que pase a ser uno más de los inolvidables.
Lo entrevisté el año pasado y es una de las visitas más vistas de la página de LA OPINION lo que siempre me sorprendió. La publicación tiene numerosos mensajes de los lectores que lo seguían en las redes sociales:
diariolaopinion.com.ar/noticia/91782/en-busca-de-edgardo-antonana-periodista. A continuación se transcribe parte de la entrevista publicada el 30 de abril de 2016:
-¿Cuándo volvió al país?
-Volví con la democracia y trabajé un tiempo en canal Nueve, muchos años en la antigua ATC, en la época del final de Raúl Alfonsín, bastante tiempo en la época de Carlos Menem, hice algunos otros trabajos más singulares, hasta fui productor periodístico de Susana Giménez, cosa muy rara, pero bueno… uno a veces hace cosas raras en la vida… después me incorporé al equipo del canal de noticias TN allá por el 2000.
-El programa del fin de semana con Dominique Metzger es un trabajo muy particular. La gente lo recibe muy bien y los acompaña mucho, porque es una forma diferente de hacer periodismo.
-Me pasa una cosa rara, hay gente que piensa que yo tengo alguna relación más allá de la amistad con Dominique, producto de que nosotros tenemos mucha empatía. Empatía que fue naciendo, en el transcurso, a ella no la conocía, sí conocía al papá que es una especie de leyenda de la televisión argentina. Es una piba agradable, simpática, siempre afable, simple, muy tendenciosa a la cosa humorística, y en ese aspecto, yo que ya soy más grande, dejo los espacios donde ella es más fuerte, los chimentos y cosas así, y me meto en algunas cosas de la rispidez periodística. Me parece que hemos hecho una linda dupla que no produce divorcio. La gente en la calle le pregunta a Dominique por mí, y a mí me preguntan por ella. Es muy singular, no me ha pasado con todas las conductoras lo mismo, y eso que he tenido buenas compañeras, y he tenido muy buenas relaciones con ellas, pero se da aquí una empatía muy extraña, muy particular.
-¿Qué se ha propuesto como periodista?
-Creo que hay una propuesta que va más allá de lo periodístico, como ser humano, donde uno tiene la sensación de poder hacer algo que convierta en algo mejor este mundo, en algo más noble, en algo con más valores. Uno tiene la sensación de que es un derrotado en esa intención, y esto parece medio quimérico, uno sigue en un mundo de violencia, de destrucción, un mundo de guerras, un mundo ciertamente difícil. Me parece que lo que tenemos que hacer es tratar de ganar las pequeñas batallas. Aquellos sueños quiméricos de querer cambiar al mundo, aquello del Mayo francés. Como Rolo Villar dice: querían cambiar al mundo y terminaron cambiando el auto, un poco de eso hay. Entonces uno, me parece, tiene que tratar desde las pequeñas luchas, por algún desposeído, por la gente que está excluida, luchar por los animales que son maltratados, luchar por esas cosas, resaltar los valores de gente que está escondida. Ya con eso me perece que nos tenemos que sentir hechos. Porque hay cosas que se le escapan, el mundo está manejado por personajes demasiado poderosos…
-¿Cómo vive el presente de Argentina?
-Tengo esperanzas, porque creo que salió de doce años de un oscurantismo dramático que la gente todavía no tiene conciencia. Nosotros sí, mucho más, porque sabemos cosas que la gente no sabía. Pero creo que cuando ve las cosas que está viendo por televisión, si uno ya niega eso... El tema es así.
-¿Qué ve en el rol de los medios de comunicación en el país?
-Me gusta trabajar en TN, trabajo con pluralismo. Conozco la línea editorial de la empresa, pero he trabajado con mucha independencia. A veces me enojo con algún entrevistado o los enfrento y nunca nadie me ha llamado la atención. En ese aspecto no tengo absolutamente nada que decir. Me parece que se aceptan las posturas personales mientras sean racionales, mientras sean mesuradas.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.