Por Alicia Riberi
Cada vez que escucho hablar de Malvinas, se agudiza un nudo que llevo en mi interior desde hace mucho tiempo. ¿Cómo se recibió a los héroes de Malvinas? Con mucha frialdad y apatía, como si hubiese sido una obligación de estos jóvenes, tan jóvenes, defender nuestro suelo patrio.
Cuando llega esta fecha, pienso en tantas familias que quedaron sin un ser querido o con un ser querido muy herido y no solo en el cuerpo sino en su espíritu o tantos jóvenes que no soportaron sobrevivir a esa tremenda guerra.
Nunca sentí que se los agasajara como se merecen, ni fuimos capaces de pedirles perdón por tanta hipocresía social. Les digo a los muchachos de ayer y a los hombres de hoy, que de ninguna manera podremos entender la dimensión del dolor sufrido por ustedes y nada de lo que hagamos logrará congraciarnos con tanta indiferencia y desamor sufrido por nuestros “Héroes de Malvinas”.
Cuando concurro a los actos por más emotivos que sean, son un momento y después nada, pero a ellos deberíamos hacerles sentir siempre nuestro reconocimiento y su protagonismo en una sociedad que necesita de estos ejemplos, para empezar a salir de su desidia.
Una sociedad que a veces me pregunto si entendió el sacrificio de tantos chicos de dieciocho años y de más también, que truncaron su vida, sus sueños, presos de un mortero, de una bala, de un fogonazo que acabó con todo, de un silencio que se prolongó en el tiempo, en lugar de escuchar millones de voces gritando… llegaron los héroes… gracias… perdón… en cambio se extendió el silencio, por años.
Argentinos deberíamos volver a los valores que hemos dejado en el armario y reconstruir un entramado social en el que estemos todos y sepamos reconocer las grandes o pequeñas acciones del otro. Los valores son los pilares que no se pueden guardar en ningún armario, sino que deben mantenerse en alto, como un estandarte que todos debemos respetar y el que no lo haga deberá aprender y adaptarse.
Por eso yo necesito decirles a todos los que han combatido y están vivos en cualquier lugar de mi patria, como a los que ya no están y con los que nos reencontraremos algún día, que son héroes… gigantes y así lo siento desde el fondo de mi corazón, deseo decirles gracias y pedirles perdón por la indiferencia, por la hipocresía, por el dolor…
Desde hace unos pocos años empezamos a transitar un camino distinto… nunca es tarde para reconocer héroes, ni para sanar heridas.
Rindamos un gran homenaje a todos estos héroes, hoy y siempre.
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