Por Pastor Carlos Terranova
La semana pasada hablamos de 7 enfermedades que afectan a la familia, hoy quiero que pensemos juntos en siete claves para lograr la felicidad en el hogar.
* La primera es tener un verdadero compromiso con los demás. Los hogares felices, valoran la familia como unidad. Aunque cada cual tenga sus metas, debe estar dispuesto a eliminar aquellas, que puedan amenazar la familia. Debe tratarse de comprender los deseos, sueños y sentimientos del otro. Los cónyuges deben ayudarse mutuamente a desarrollar su carácter, planes y sueños. Se debe fomentar un ambiente alegre, los hombres deben brindar ayuda práctica, especialmente si la mujer trabaja, eso es tener verdadero compromiso.
* El segundo aspecto es tener aprecio. Las familias felices se aprecian, se valoran, se aman. ¿Cómo se puede alimentar ese amor? Dando y recibiendo pequeñas expresiones de cariño, se pueden alegrar a nuestros seres queridos. Veamos los puntos positivos y las virtudes de nuestro cónyuge e hijos y no solamente las flaquezas. En lugar de críticas, destáquense las buenas cualidades recíprocamente, estimularán el amor y la superación. Evitemos las palabras ásperas y ofensivas. Volvamos a practicar el elogio y el reconocimiento.
* El tercer secreto es la comunicación. Un investigador calculó, que las parejas tienen un promedio de 17 minutos de conversación por semana. ¡La semana tiene 10.080 minutos! La televisión, la web, etc. roban a menudo a la familia un precioso tiempo que podría utilizarse para conversar. La comunicación es fundamental para la comprensión y para alimentar el amor. Las experiencias vividas en el trabajo, las vivencias diarias con los hijos, nuestras alegrías y preocupaciones, nuestras ideas o desilusiones vividas fuera del hogar, pueden ser temas de conversación. Cuando notemos que alguien del hogar no se comunica, veamos por qué. Hablemos y resolvamos la dificultad. Hay diversos grados de silencio que pueden ser más destructivos que las palabras. Quizás la esposa se sienta acomplejada o frustrada por algo. Tratemos siempre de comprender lo que piensa el otro. No pretendamos atemorizar, dominar, culpar, controlar ni ganarle al otro. No se griten, por el contrario al hogar debe llenárselo de risas, amor, entusiasmo y sana alegría.
* El cuarto consejo es aprender a pasar tiempos juntos. Se les preguntó a 1.500 escolares: ¿Qué crees que hace más feliz a una familia? La respuesta más frecuente fue: "Hacer cosas juntos". Busquemos tiempo para hacer cosas juntos. Asociemos a nuestros hijos en nuestra actividad y recreación. Compartamos los problemas y la felicidad. Aunque cada uno es bombardeado por actividades que nos absorben, debemos planificar de tal modo nuestro tiempo, que podamos dedicarnos a la familia, o terminaremos disgregados.
* El quinto aspecto es aprender a estar unidos en la adversidad. La familia sólida, se une para hacer frente a los desafíos de una crisis, pues hay un compromiso mutuo. Es necesario desarrollar esa capacidad de hacer frente a la adversidad. ¿Pero cómo? Dios desea tendernos sus manos de amor en medio de la tormenta más violenta. Si hay problemas, no busquemos culpables sino soluciones. No cuesta nada decir: "lo lamento" o "te perdono". La pareja, los padres y los hijos, no deben acostarse nunca enojados. Debemos aplicar el consejo divino: "No se ponga el sol sobre vuestro enojo" Efesios 4:26. Uno de los grandes males de la familia es la falta de perdón. Esto trae heridas que afectan profundamente la relación familiar.
* En sexto lugar debemos tener una sólida estructura moral. Se ha comprobado que esto es un denominador común en las familias estables. En el cultivo de las virtudes cristianas hay bendición. La estructura moral incluye: integridad, honradez, lealtad, responsabilidad, virtud moral y los principios de la utilidad y del amor. Las Escrituras Sagradas dicen: "¡Quien diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre" Deuteronomio 4:29. El hogar es la primera escuela. Cuando un hijo ve que los padres dicen una cosa y viven otra, lamentablemente pierden el respeto y lo que es peor aún heredan sus mañas. Una acción vale mal que mil palabras. En la segunda carta de Pablo a Timoteo (1:5) le dice… "trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también". La clave es ser ejemplo. La mejor herencia que podemos dar a nuestros hijos es una fe no fingida, como Loida y Eunice dejaron a Timoteo.
* La séptima clave es tener a Dios en el hogar. En una encuesta realizada en diversos países, se ha comprobado que la mayoría de las personas cree que la fe en Dios es una gran ayuda para el hogar. Pero que lamentable es comprobar, que el materialismo está desplazando las cosas del espíritu y destruyendo la fe. El diálogo sobre cosas profundas, une a la familia maravillosamente. Dios desea bendecir a quienes lo buscan y le aman. Solamente El puede cambiar nuestro carácter, darnos fortaleza en las horas difíciles y guardar a nuestros hijos de los grandes peligros que enfrentan. No descuides tu vida espiritual. Haz de las Sagradas Escrituras la guía para tu vida y tu hogar. Ella nos aconseja, nos orienta, ilumina la senda de nuestra vida y nos llena de esperanza. Si has fracasado en tu vida conyugal y familiar, busca a Dios, pues nadie mejor que Él para cambiar el rumbo de nuestra vida. Si eres feliz dale gracias y cuida esa dicha. Pero haz tu parte, practicando los principios del amor. Y ¡no pienses jamás en el divorcio! Hay que buscar soluciones, hay que pensar en los hijos…Hay que volver a la verdad de Dios que planeó un hombre y una mujer unidos y para toda la vid. El hogar es un lugar donde Dios quiere y puede obrar, el hogar donde entra Jesús jamás vuelve a ser igual. Querido lector te desafío a que invites a Jesús a ser el huésped de honor de tu familia, El te dará la victoria. Dios te bendiga.
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