Por REDACCION
Por Ovidio Perotti. - Recordando a mi maestra de la escuela Alberdi, promoción 1941, decía Palmira Reale de Arcos, en su libro "Por huellas de Gabriela".
El fervor de Gabriela vuela por los aires, se asienta en las cosas, se apodera del paisaje... su huele, se gusta, se palpa, se mira, se escucha. Gabriela está en el cielo y en la tierra; en el río y en la montaña de greda; en el amanecer y en el véspero. En todo: en la flor y en el ave, y en el llanto y en la caricia, y en la impetración y en el juego. En todas partes su omnipresencia...¡en todas partes ella! Es como si el mar y la piedra y el cielo y la greda, se hicieran eco de ese nombre ¡Gabriela!.
Premio Nobel 1945. Lucila Godoy Alcayaga 1889/1957 con el seudónimo de Gabriela Mistral.
Decía mi maestra/amiga, en un viaje que realizamos a Bariloche, que en su visita a la tumba de Gabriela, Monte Grande (Chile) recordó el comentario de que en su tumba paseaban los burros... (Y yo pensé: si en la vida la patearon tantos "burros" ¿por qué no pueden ahora regodearse paseando por su cuerpo?).
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