Por REDACCION
Anoche se recordaron los 100 años del nacimiento de Julio Cortázar, y la Secretaría de Educación brindó un rincón lectura de una selección de Historias de Cronopios a cargo de Teresita Tosco, textos que también se publicaron para su distribución en espacios públicos y educativos de nuestra comunidad.
Teresita, amante de Cortázar, dijo a modo de introducción que "esta idea nació hace 100 años, cuando nace Cortázar", entre risas... Destacó la facilidad para escribir del gran Cortázar y dijo que "todos aquellos que tuvimos la posibilidad de leerlo, nos sentimos convocados para estar un ratito acercándonos a su persona. Yo hablaba con amigos y dije que hoy -por ayer- no es el cumpleaños, él es eterno, infinito", expresó la ex docente ante LA OPINION.
La condición del encuentro fue pura y exclusivamente disfrutar de la lectura de su obra, en donde también, se leyó parte de "Rayuela", esa obra inmortal que fue y es furor en el mundo.
Además, Tosco destacó que "leer a Cortázar me significó penetrar en la personalidad del escritor. Tuve un acercamiento a su forma de pensar, a su posición con respecto a la vida, la política, la literatura, lo que él pensaba de la amistad, de la libertad, de los derechos humanos... tiene una forma tan intimista de relatar que te lleva por caminos que no son descriptivos, sino que son muy de adentro", explicó la mujer que llevó adelante el encuentro de anoche, ante un buen marco de personas.
Cortázar recibió reconocimientos ayer en todo el país, desde el buscador más famoso en internet, Google, hasta en las escuelas mismas de Rafaela. Vivió casi toda su vida en Argentina y buena parte en Europa. Residió en Italia, España, Suiza y París, ciudad donde se estableció en 1951 y en la que ambientó algunas de sus obras.
Con Rayuela, escrita en 1963 (ya pasaron más de 50 años de la publicación del libro con el que cobró notoriedad), el escritor y sus personajes siguen cautivando a lectores generación en generación que muchas veces se identifican con la rebeldía de "La Maga" o los cuestionamientos de Horacio Oliveira en su camino a encontrarse consigo mismo.
Terminó estableciendo su residencia en París, donde moriría a los 69 años a causa de una leucemia. Además, adoptó la nacionalidad francesa en 1981 en protesta contra la última década de la dictadura militar argentina. Aseguraba que en su juventud soñaba con París y que en su vejez añoraba Buenos Aires.
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