Por Alicia Riberi
Transitando el camino de esta vida, viviendo y observando lo que viven y manifiestan otras personas, he descubierto el valor extraordinario de la fe.
La fe es una virtud teologal, como la esperanza y la caridad y las tres juntas determinan un modelo de vida, acorde a lo que Dios quiere de nosotros y eso es muy importante. Pero podemos seguir ahondando en este tema que apasiona, ya que es, para el que cree, como una medicina mágica que nos sostiene cuando parecería que ya no podemos más… es el imán que a muchos absorbe, cuando miran cómo viven los que la practican asiduamente.
Yo creo que todos tenemos fe, escondida en un rincón de nuestro corazón, algunos la desarrollamos y la vivimos, otros de vez en cuando, otros jamás se enteraron que la tenían y tal vez frente al temor de la muerte, quieren tomarla a borbotones, o saber qué es. La fe irradia luz.
A veces nos preguntamos porqué, tal o cual persona a pesar de haber sufrido tanto, soportado tantos sin sabores, sonríe, muestra un brillo especial en su mirada, una paz inusitada y aún en la tristeza sorprende. Es la fe que obra en nosotros a pesar de nosotros mismos, es esa fuerza silenciosa, que no grita, no escandaliza, no hace alarde, pero transforma todo como brisa traviesa que ni se puede ver, pero se siente tan profundamente que no se puede ignorar.
Dicen que la fe mueve montañas… la fe desarma corazones de piedra y los convierte en corazones palpitantes y sensibles.
Leí por ahí una expresión con la que me identifico: la fe, por tanto, nos lleva a actuar conforme a lo que creemos, cambiando nuestra forma de vivir…
La fe cambia nuestra óptica de todas las cosas, del mundo, del amor, de las personas, de los errores, del dolor… la fe, si es genuina, nos hace mejores personas y nos lleva a descubrir en el servicio una nueva manera de vivir, una nueva manera de mirar a nuestro prójimo, una nueva manera de amarlo.
A través de la fe desandamos nuestro interior para sanarlo, para sacar afuera todo aquello que nos impide ser nosotros mismos, todo aquello que no nos deja crecer como personas, todo aquello que nos impide establecer vínculos sanos y duraderos.
La fe …la verdadera fe nos desanda como personas, para que abramos nuestro corazón a una vida nueva, diferente, que nos ayude a transitar en esta existencia, un camino nuevo, para ganar un espacio en la morada final.
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.