Por Santiago Allassia
En medio de un clima festivo y con buena concurrencia del público, el segundo día del IV Festival Internacional de Poesía de Córdoba continuó con su atractiva agenda de actividades. Además de las clásicas lecturas en el patio del Cabildo, se realizó el encuentro de traductores de poesía y la primera serie de lecturas en la calle.
Una de las gratas novedades de este año consiste en la publicación de un libro quintilingüe, que reúne textos de cuatro poetas indígenas de Argentina con sus respectivas versiones al castellano. O sea, toda una novedad para el campo editorial argentino: dar visibilidad a la poesía de los pueblos indígenas. Los poetas que integran el libro son Liliana Ancalao, escritora de Río Gallegos perteneciente a la nación mapuche, que escribe en castellano y en mapuzungun; Mario Castells, autor rosarino de origen paraguayo, que escribe en un castellano mixturado con guaraní; Juan Chico, poeta chaqueño de origen qom, y Lecko Zamora, poeta salteño que escribe en castellano y en wichí.
El título del libro es “Lenguaje. Poesía en idiomas indígenas americanos”, y fue objeto de no pocos debates entre autores y editores. Al respecto, uno de los responsables de la edición, Gastón Sironi, en diálogo con LA OPINION, explicó que “fue una discusión muy larga y muy fructífera para nosotros. Desde ya que también fue un privilegio haber podido participar de ese diálogo que nos enriqueció mucho. Aprendimos, desde nuestra inocente ignorancia, que las organizaciones indígenas desaconsejaban el uso de la palabra aborigen u originario. El mayor riesgo que enfrentamos fue el de tratar de no presentar a este libro como una curiosidad autóctona pintoresca. Fue muy difícil eso para nosotros, ignorantes como somos de la problemática cultural, lingüística, política, económica de los pueblos indígenas en Argentina. Pero estamos aprendiendo a hacerlo, se trata de un proceso largo. Por suerte hemos contado con la confianza y la generosidad de los cuatro poetas.”
"O sea que la edición de este libro -continuó Sironi- es una experiencia nueva para el campo editorial argentino. En gran medida, sí. La voz de los pueblos indígenas, de su cultura, de su poesía, ha sido silenciada y arrasada a lo largo de los siglos. Son idiomas que han tratado de erradicarse, de hecho han estado prohibidos. Por eso creemos que vale tanto la apuesta del libro, y para nosotros también es un compromiso el hecho de poder difundir la obra de poetas indígenas. No sólo a través del libro, sino también invitándolos a leer en el Festival, a circular. Ojalá podamos traer cada año a poetas de los pueblos indígenas argentinos y de otros lugares. No descartamos poder invitar alguna vez a poetas indígenas canadienses, por ejemplo, o de Centroamérica, o colombianos. A nosotros siempre nos interesó esa mixtura musical de las lenguas que se concreta con las lecturas. El ambicioso nombre de festival internacional se debe también a la idea de mezclar poesía en diferentes idiomas, y sobre todo de escucharla en su versión original aunque nosotros no la comprendamos. Después, siempre podemos contar con las versiones en castellano, para que también el público pueda acceder a esos textos".
ECHAR LUZ EN
EL MISTERIO
Daniel Samoilovich es uno de los poetas argentinos de más amplia y destacada trayectoria. Traductor y crítico, ha ejercido la dirección del prestigioso Diario de Poesía desde su fundación en 1986 hasta 2011. En la mañana templada, antes de abordar su performance de lectura poética, dialogó sobre diversas cuestiones en torno a la escritura poética.
-¿Cuándo y cómo empieza a escribirse un poema? ¿Empieza con el poeta frente a la página, o se origina mucho antes, en la memoria, en el inconsciente, en la búsqueda azarosa, quizá, de fragmentos de experiencia para que vayan luego a volcarse al texto?
-Es difícil saber cuándo una experiencia va a fructificar en un poema. Es algo que se descubre cuando se empieza a escribir. Una vez, hace años, me habían invitado a dar una charla para chicos de tercer grado de primaria, y ellos tenían preparadas algunas preguntas que en realidad eran variantes de la misma cuestión: esto que está pasando ahora, ¿usted lo va a escribir en un poema? Entonces yo repetía siempre la misma respuesta, y era que no lo sabía. O sea, con esto quiero decir que el poema nace en algún momento antes de la escritura, pero ¿cuándo se verifica que esa semilla estuvo ahí? Cuando echa flor, cuando crece. En mi caso, a veces tomo pequeños apuntes, en alguna libreta, suelo tener dónde escribir cuando se me ocurre algo. Pero después yo me reservo por lo menos un día por semana para entrar en el momento de escritura, me voy a trabajar como haría un pintor que tiene su taller, en principio, separado de su casa. Es entrar en un lugar y en un tiempo propio, reservado para la escritura del poema.
-¿Y si no aparece ese “estado de lenguaje” tan particular que es la poesía?
-No importa. Uno lee, corrige, traduce, siempre hay algo. También voy dispuesto a que quizá no pase nada. Pero siempre termino poniendo el culo en la silla y haciendo algo.
-O sea que es importante provocar un movimiento del cuerpo para que algo empiece a surgir en lo real.
-Sí, pero es como hace un pintor, o una bailarina. Una bailarina no se pone a bailar en el ascensor en cualquier momento que se le ocurre, o en la cocina. Puede pensar, quizá, un paso, una coreografía, pero después va a un lugar donde hay una barra y pone la pierna, la estira, y practica, ensaya, prueba.
-¿Qué lugar ocupa la poesía hoy?
-Quizás parezca que no tiene el espacio y la importancia que tuvo en algún momento, por ejemplo a comienzos del siglo veinte, ese prestigio, esa adoración pública que existía hacia personajes como Amado Nervo o Rubén Darío. Pero esas cosas van y vienen, ¿no? Yo creo que siempre la poesía tiene un lugar seminal, un lugar de elaboración en la cultura. Después eso se expresa de distintas maneras. Yo creo que quizás hoy hay más vasos comunicantes que en otros tiempos, por ejemplo entre poesía y canción. ¿En qué otro momento de la historia ocurrió que un cantante tremendamente popular como Bob Dylan tomara su nombre de un poeta? O sea, que un músico remitiera su imaginación a un poeta, con todo lo que significa tomar un nombre, una inspiración. Yo creo que esto no pasaba antes, en todo caso era al revés: Lope de Vega, Quevedo, los grandes poetas, tomaban cosas de la poesía popular para reelaborarlas e incorporarlas en sus obras. Y ahora tenemos de pronto esta situación en donde la poesía hace un calado hondo sobre la cultura popular, a través de la música, por ejemplo. Pero no sólo la música, hay muchos pintores que han sido influidos por sus lecturas poéticas. Por eso percibo que la poesía sigue teniendo un lugar importante.
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