Saltar menú de navegación Teclas de acceso rápido
Información General Domingo 4 de Mayo de 2014

La mente en estado digital

Leer mas ...

REDACCION

Por REDACCION

Por Leandro Martino Luna (*). - Ya casi ningún docente se sorprendería por lo que el psicólogo catalán Carles Monereo denominó “mentes virtualizadas”. Hace referencia a nativos (niños y jóvenes) en territorios de habla digital donde dispositivos, interfaces y programas (aplicaciones) integran su cotidianeidad al punto de convertirse en trasparente lo artefactual, viéndose el lenguaje (empleado para comunicar, informarse, interactuar y conocer en estos entornos artificiales) alterado por estas prácticas virtuales hasta “encarnarse” (subjetivizarse) y extrapolarse a todos los ámbitos sociales físicos.

Los seres humanos siempre experimentamos los objetos de forma multisensorial, incluso en medios mono-sensoriales como una conversación telefónica exageramos la entonación, gestualizamos, cambiamos de posición corporal, etc. Por ende, las experiencias sensoriales recibidas en un mundo de características psico-físicas y espacio-temporales distintos producen representaciones distintas de nuestra corporalidad que suponen modalidades diferentes de percibir, sentir, relacionarse con el tiempo y el espacio y nuevas formas de reconocerse y agruparse.

Las generaciones en edad escolar arriban a las aulas portando ese “hándicap digital”. De igual modo a cómo el paso de la cultura oral a la manuscrita, y de esta a la cultura impresa, tuvo reconocidas repercusiones sobre la forma de aprender y pensar, la transición de la cultura impresa a la cultura digital desencadena consecuencias diversas sobre nuestra cognición.


MIGRACION

CULTURAL

Efectivamente, los que nacimos en el siglo XX hemos emigrado de una cultura a otra. Los niveles de integración al ethos digital varían notablemente de un grupo etario a otro. Las concepciones epistemológicas dominantes en cada colectivo también se distancian. Mientras que para los “emigrantes” siempre han existido verdades universales, tanto de carácter científico como moral, independientemente de quienes las significan y que deben ser comunicadas obligatoriamente por las instituciones de educación formal, para los nativos estas tienden a guiarse por una consigna relativista: toda verdad depende de quién, cuándo, cómo y porqué se aseveran encontrándose siempre sujetas al emisor y al contexto en el cual se emite.

En lo referente a la localización del conocimiento, mientras que para los primeros el mismo se halla en la memoria individual, para los segundos se localiza distribuido entre teléfonos celulares inteligentes, memorias portables de almacenamiento, sitios webs específicos, entre otros. Y por supuesto, en comunidades sociales de naturaleza virtual.

Respecto del lenguaje, los emigrantes están inseparablemente unidos a los lenguajes caracterizados por su linealidad lógico-secuencial y a reglas de comprensión y producción estrictas (se trate de notaciones textuales, matemáticas, musicales), alejadas de la globalidad, flexibilidad y simultaneidad de los lenguajes audiovisuales donde se superponen voz, sonidos, grafismos, animación, etc.

Los nativos acostumbran a re-utilizar lo anteriormente producido, aprovechando los restos de textos, gráficos, plantillas para producir un nuevo producto. La aplicación de procedimientos como “cortar”, “pegar”, “guardar como” conforman verdaderos mash-up (re-combinaciones) donde el ejemplar, copia o documento original pierde validez en el entorno digital.


COMPETENCIAS

DIGITALES

Ante este panorama y adentrándonos en el terreno educativo, el interrogante es ¿cómo podemos contribuir, desde los usos educativos de las herramientas tecnológicas, a formar en los jóvenes competencias digitales en escenarios cambiantes y poliédricos muchas veces imperceptibles?

* Los educadores deben intervenir en los procesos de enseñanza con claras intencionalidades educativas, en un intento de subsanar el relativismo y la confusión epistemológica de los alumnos al otorgar a cualquier información el mismo valor de verdad y relevancia.

* Al verse disminuida la relación directa con los objetos y acontecimientos, aspectos esenciales de nuestras experiencias físicas y sociales como el compromiso, la responsabilidad, la adecuación al registro lingüístico pertinente en una conversación cara a cara, la diferenciación entre lo fundamental y lo trivial se tornan borrosos y difuminan hasta la completa desaparición.

* Como afirma Umberto Eco, “cualquier exceso de información puede generar silencio”, resulta ingenuo, por lo tanto, el razonamiento que sostiene que por el simple hecho de nacer en una cultura digital se desarrollan espontáneamente habilidades y competencias de búsqueda y selección eficaces y criteriosas prescindiendo de la enseñanza intencional.

* Evitar el info-mercantilismo educativo donde la proliferación de ofertas educativas de e-learning (o blend learning) se convierten en meros “paquetes de información listos para la ingesta rápida e irreflexiva” permitiendo la obtención de títulos con celeridad sin el impacto sólido de los conocimientos que debe poseer el estudiante condenándolo a la inter-pasividad y no a la pro-actividad necesaria en la sociedad-red.

En la historia de las innovaciones educativas, a menudo, se han antepuesto las técnicas y los métodos en lugar de pensar el modo en que una nueva tecnología podría contribuir a alcanzar determinadas metas educativas. En muchos casos, se adquiría primero la tecnología para buscarle luego un uso más o menos pertinente. La resistencia de muchos docentes no debe interpretarse como una señal de oscurantismo reaccionario e inmovilista, sino como una actitud de prudencia y responsabilidad profesional, que enciende una alarma y nos recuerda que la educación de los futuros ciudadanos es una temática demasiado importante para dejarla en manos de dispositivos y aplicaciones que, en mayor medida, obedecen a leyes de mercado más que a propósitos formativos genuinos.

La simple exposición a una tecnología no proporciona cambios en las habilidades cognitivas. Si de cambios en las formas de pensar de trata, deben obedecer a prácticas sistemáticas, apropiadamente combinadas con sesiones de enseñanza presencial para aquellos objetivos que lo requieran, suficientemente extensa y duradera y, sobre todo, comprometida con unas finalidades educativas socialmente consensuadas que respondan al interrogante: ¿qué ciudadanos (en enseñanza obligatoria), profesionales (en enseñanza pos-obligatoria) y científicos (en maestrías y doctorados) deseamos?; o lo que es casi lo mismo, ¿qué tipo de mentes virtuales debemos ayudar a desarrollar desde los medios educativos, con la inestimable (y prudente) ayuda de las tecnologías de la era digital?

Se ha publicado bastante sobre cuáles pueden ser las habilidades o competencias que deberán atravesar las currículas educativas oficiales para el siglo XXI. Se ha logrado alcanzar cierto consenso. Las mismas incluirían competencias socio-cognitivas relativas al aprendizaje autónomo y estratégico, al aprendizaje cooperativo, al aprendizaje con recursos comunicativos multimediales y multimodales, al aprendizaje emocional (perspectivismo), al aprendizaje crítico y argumentativo, y al aprendizaje sobre el sentido de nuestra propia existencia.

La construcción de una mente virtual estratégica es inseparable de los contextos y prácticas de uso que pueden potenciar aprendizajes en el sentido deseado. Contar con la asistencia de toda la comunidad educativa, no es sólo una expresión de deseo, en una condición "sine qua non". (* Prof. de Educación Superior en Ciencias de la Educación. Licenciatura en Tecnología Educativa UTN – Facultad Regional Rafaela).

Seguí a Diario La Opinión de Rafaela en google newa

Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.

Te puede interesar

Teclas de acceso