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Información General Miércoles 5 de Abril de 2017

La productividad del tiempo y de los equipos

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Redacción

Por Redacción

Por Holger Zenklussen (*)


El tiempo es la materia prima de todas las cosas, es nuestro recurso fundamental. La provisión del tiempo es un milagro diario, es la oportunidad maravillosa para llegar a construirnos. El tiempo es nuestro capital más valioso y limitado, muy pocos hombres sobre la Tierra han tenido la oportunidad de disponer de más de 500 mil horas para construirse... no podemos perder ni una hora de ese escaso margen. Tampoco podemos asustarnos, pero debemos ser realistas. 

Si aprovechamos bien esas horas, son bastantes para lograr resultados. Si perdemos al tiempo, si no lo administramos sabiamente, grande será nuestro dolor al ver que nada podemos hacer para recuperarlo. Su uso correcto es un tema de vital importancia.

Pero estas reflexiones sobre el tiempo no deben inducirnos a pensar que la solución está en vivir a gran velocidad, muy por el contrario, aquí la clave será aprender a detenerse, a no asignar a las cosas más tiempo del que merecen. En distribuir el tiempo con equilibrio, dedicando una parte a la producción, otra a la distracción y distensión y otra parte del tiempo a la Superación y Desarrollo Personal. 

Se trata de lograr un uso armonioso del tiempo que nos permita construirnos como hombres plenos. No esperemos a que Dios nos detenga para adquirir conciencia de nuestra existencia y del sentido de todos nuestros esfuerzos. Podría ser demasiado tarde. 

Es necesario aplicar un tiempo para la acción, pero es igualmente necesario encontrar un tiempo para la reflexión, un tiempo para pensar. Debemos aprender a detenernos de tanto en tanto para unificar todas nuestras fuerzas, para ordenarlas y concentrarlas en nuestros objetivos e ideales. Usemos el tiempo para la acción, pero aprendamos a usar el tiempo para la contemplación y entonces sí adquiriremos sabiduría para continuar nuestra marcha hacia la perfección. 


DE LOS EQUIPOS 

E INSTALACIONES

Es necesario destacar que los jefes deben estar alertas para evitar derroches en todos los campos y en todos los aspectos. El derroche llega a veces en forma oculta pero muy grave, a comprometer la vida de los talleres y fábricas de un modo muy sutil... es el caso de los edificios, de los galpones, tinglados, construcciones diversas, etc., donde un afán constructor desmedido puede terminar por hundir a una organización. La eficiencia en cualquier actividad no la podemos medir por los edificios sino por los resultados que bajo tales construcciones se logran; es necesario pues aplicar un riguroso cálculo de productividad de cada metro cuadrado y llegar en la medida de lo posible a un cálculo de productividad por cada metro cúbico disponible. Debemos recordar que aceptar un metro mal aprovechado es igual que aceptar máquinas paradas, hombres sin tareas, desperdicios de materiales, y ciertamente sabemos que generalmente lo que todos ven en forma inmediata es la falta de producción en el personal y olvidan o pretenden olvidar a todas las otras formas de derroches.

Para un buen dirigente solo existe el Derroche y debe ser eliminado en todas las formas y matices, debe ser neutralizado con una acción decidida e inteligente aplicada en todo momento y lugar.

Lo mismo podemos señalar con respecto a los equipos. Máquinas, herramientas y útiles diversos son necesarios para poder desarrollar los procesos con la técnica adecuada. Muchas veces, sin embargo, encontramos un uso descuidado de estos factores de producción. Una falta de conciencia es la única explicación frente a situaciones de mal trato, abuso, uso arbitrario, descuidos, etc., a que son sometidos los equipos de trabajo, se olvida generalmente que estos bienes de capital son el resultado del esfuerzo de muchos hombres, de generaciones enteras que han puesto su conocimiento, su arte y su oficio, para lograr equipos que permitan producir en condiciones más ventajosas, con menor esfuerzo, con mayor calidad y menores costos. Destruir el resultado de la investigación y de la ciencia es un delito que clama justicia. Romper y destruir equipos y máquinas no es una manera de agredir a un dueño o a un patrón, es una manera de agredir al mudo, a todos los hombres. 


(*) Consultor internacional de empresas e instituciones, conferencista y un pionero en jerarquizar a los mandos medios y su rol como bisagras en las organizaciones. El presente artículo forma parte de su libro "El Taller de Nazaret", donde sintetiza sus ideas sobre el mundo del trabajo, las personas y las organizaciones.





 

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