Por Redacción
Por Holger Zenklussen (*)
Producir puede producir cualquiera, pero producir con productividad es mérito alcanzable sólo por quienes ponen no solo su voluntad en el trabajo, sino que agregan toda su inteligencia y una importante dosis de amor en lo que están haciendo. Producir con productividad significa producir con eficiencia. Significa ser capaz de lograr resultados, de conseguir materializar ideas, de fabricar artículos con el menor costo y dentro de niveles de calidad aceptados y reconocidos por el mercado. Producir con productividad significa ser capaz de hacer más con los mismos recursos, y en casos de emergencia grave, hacer la misma cantidad de productos con menos recursos.
Dejamos constancia de que esta segunda alternativa debe ser elegida en casos graves, ya que frente a un mundo insatisfecho aún en sus necesidades más elementales, es moralmente injusto frenar la expansión cuantitativa de nuestros talleres y empresas por "comodidad" gerencial, por egoísmos conformistas, por falta de imaginación comercial o simplemente por especulación.
No podemos olvidar en ningún momento la sabia indicación de Paulo VI, en la Encíclica Populorum Progressio: "... tener más para ser más" en esa idea se debe encontrar el motivo que explique todos nuestros esfuerzos productivos, todas nuestras fatigas y nuestros cansancios. Es necesario llevar a nuestras organizaciones hasta sus puntos de óptimo funcionamiento, sin obstaculizar su pleno y armonioso desarrollo, permitiendo la expansión dentro de los límites de su manejo ordenado.
Denunciar a quienes, sin causa grave, deciden frenar los ritmos crecientes de producción es un aporte al Bien Común. La conducción racional de las empresas reclama un aprovechamiento integral de los recursos y el logro de niveles crecientes de bienes y servicios. Pero para ello es necesario que se logre la más importante de las mejoras en materia de productividad: el Mejoramiento de los Jefes, el Desarrollo de la Capacidad Conductiva de los Dirigentes.
La productividad de los equipos, del personal, de las instalaciones, de los materiales, del dinero, etc., solo será realmente posible si logramos una verdadera Productividad en los Equipos Gerenciales y en los Mandos Intermedios, es decir en los jefes.
LA PRODUCTIVIDAD
DE LOS MATERIALES
En su poema "Las manchas de tinta", Carlos Puig decía: "¡Qué pena profunda siento cuando derramas la tinta! En esa tinta volcada muchas palabras había; ahora nunca llegaremos a saber lo que decían".
El poeta captó en su breve mensaje todo lo que podemos decir sobre el tema de la productividad de los materiales. No es solo la cuestión económica la que nos obliga a defender con tenacidad y energía el tema del aprovechamiento racional de las materias primas y materiales, a luchar hasta el cansancio por eliminar todas las formas de desperdicio y derroche. Es antes que todo, una cuestión de principios morales, una cuestión de dignidad y respeto hacia los hombres, los que nos lleva a apreciar el valor intrínseco y esencia de todas las cosas que llegan a nuestras manos.
En cada material que se tira vemos a miles de trabajadores anónimos arrojados en los tachos de desperdicios. En cada trozo de madera, en cada pedazo de tela, en cada parte de los innumerables elementos que entran en los procesos productivos, se encuentran otros hombres, otro técnicos, otros obreros que con su disciplina, esfuerzo y fatigas, se hicieron presentes en nuestros talleres y en nuestras fábricas.
¿Permitiremos ahora que algún insensato se dé el lujo de tirarlos? ¡Jamás!
(*) Consultor internacional de empresas e instituciones, conferencista y un pionero en jerarquizar a los mandos medios y su rol como bisagras en las organizaciones. El presente artículo forma parte de su libro "El Taller de Nazaret", donde sintetiza sus ideas sobre el mundo del trabajo, las personas y las organizaciones.
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