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Información General Lunes 30 de Septiembre de 2013

Las intrigantes catacumbas romanas

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REDACCION

Por REDACCION

Desde hace siglos, estas extrañas y antiguas galerías subterráneas han atraído e impresionado profundamente, a visitantes y peregrinos de todo el mundo. En el año 1578, cuando varios obreros cavaban por el lado de afuera de los muros de Roma, encontraron una entrada por la cual bajaron hacia lo que parecía un laberinto interminable de túneles cuyas paredes estaban cubiertas de inscripciones y brillantes pinturas al fresco. Inmediatamente se difundió la noticia de que había reaparecido a la mirada del mundo una ciudad de los muertos olvidada durante siglos. Los romanos acudieron en masa a admirar aquel prodigio. Aquellos viejos túneles vetustos, gélidos y sombríos, repletos de recuerdos conmovedores siguen fascinando y atraen anualmente a más de un millón de visitantes, de todas las razas, colores y credos desde los más lejanos confines. Algunos ateos sólo por curiosidad; muchos otros auténticos peregrinos: sacerdotes, monjas y grupos religiosos. Eran cinco las catacumbas abiertas al público siendo la mayor, la de más interés y más visitada, la de San Calixto, siendo la última morada de nueve papas del siglo III, extendiéndose debajo de la apacible campiña varios kilómetros al sur de las antiguas murallas por la célebre Via Apia. La entrada está en un viejo jardín de adelfas, cipreses, laureles, hiedras, etc. con una antigua fuente en el centro entre rocas doradas por el sol. Amigo lector: lo invito a incursionar por estas célebres galerías y descubrir sus misterios. En otros tiempos cada visitante llevaba una vela encendida; pero esta práctica se abandonó porque las velas ahumaban las paredes o manchaban con cera derretida la ropa. Actualmente las galerías están dotadas de una discreta iluminación eléctrica. Era frecuente que en estas y otras catacumbas los túneles estaban excavados a uno y otro lado del pasadizo con tumbas superpuestas o “lóculos” que semejaban literas de tercera clase de un transatlántico. En muchos casos hay inscripciones que hacen referencia a personas de humilde condición; algunos cristianos sepultados en las catacumbas eran aurigas del circo romano, ídolos de las muchedumbres. Hay sin embargo tumbas más suntuosas: algunas llamadas “arcosolios”, tienen encima un arco al que adornan habitualmente pinturas al fresco. Otras más elegantes se llaman “cubículos” y son recintos pequeños o capillas para los miembros de una sola familia adinerada. Pero no todas las tumbas denotan riqueza: a veces contienen los restos de personas humildes. Muy cerca de San Calixto se encuentran otras dos catacumbas: las de Santa Domitila y San Sebastián. Esta última se denominaba en tiempos antiguos San Sebastián ad Catacumbas, y de esta enigmática palabra procede la voz con que ahora se designa a todas estas galerías subterráneas donde los cristianos enterraban a sus muertos. Las otras dos son la de Santa Inés y la de Santa Priscila, en el otro extremo de la ciudad, al norte de Roma.

Dada una de las cinco está adscripta a una orden monástica diferente. Casi todo lo que imaginan los visitantes a propósito de los descriptos laberintos es mera leyenda, a pesar de que hace más de un siglo se han separado cautelosamente los hechos reales de la ficción en todo lo que se ha dicho de las catacumbas. No es verdad por ejemplo, que estas se hayan cavado para servir de lugar secreto de culto o de escondite para los cristianos perseguidos. Las hicieron abierta y legalmente, con permiso de las autoridades paganas, para que sirvieran de cementerio y como tales gozaban de la misma inviolabilidad sacrosanta que otros lugares destinados al mismo fin. Además, tal calidad se respetaba, con raras excepciones, durante las persecuciones más encarnizadas. Hola amigo lector, ¿Está dispuesto a acompañarme a desentrañar los misterios de estos antiguos laberintos? Si su respuesta es afirmativa comencemos a analizar los porqué de la existencia de estas galerías subterráneas. Pero ¿por qué fueron los cristianos y no los paganos, quienes cavaron catacumbas?. Simplemente por razones económicas. Como la ley romana prohibía los entierros en el recinto de la ciudad, la tierra situada extramuros y al pie de las murallas era muy solicitada para cementerios y resultaba demasiado cara para los primeros cristianos. Pronto se agotaron las parcelas ya que se necesitaba más espacio para enterrar a un cristiano que a un gentil.

En aquella época incineraban los cadáveres de todos los romanos y luego guardaban las cenizas en urnas. Por otra parte los cristianos insistían en inhumar el cuerpo intacto, a la usanza judía. Pensemos que el espacio de unos seis metros cuadrados podía contener las cenizas de unos 1.000 paganos, mientras que sólo de 30 a 50 despojos de cristianos. Por esta razón cuando los cristianos agotaron la extensión superficial de aquellos lotes, decidieron cavar galerías subterráneas. Construyeron sobre la superficie un segundo, un tercero y hasta un cuarto nivel, penetrando hasta una profundidad de 20 metros. Por fortuna era fácil la labor. La tierra se componía de un sedimento volcánico que se petrificaba al contacto con el aire, por lo cual no requería apuntalamientos. A partir del año 313 en que el emperador Constantino legalizó el cristianismo, hubo un extraordinario auge en la construcción de catacumbas. Luego cesaron las excavaciones porque ya había más terrenos para cementerios. En cuanto al número de cristianos sepultados en los subterráneos nadie lo conoce ni lo conocerá. En ciertas épocas las tumbas fueron saqueadas por los invasores bárbaros: en otras, por los propios cristianos, pues creían que todos los cuerpos depositados allí eran de mártires y buscaban sus huesos para conservarlos como reliquias. Los eruditos arribaron a conclusiones muy contradictorias, ¿les interesaría repasarlas? Los signos de los primeros cristianos fueron (los que suponían símbolos del martirio: una palmera, una paloma, una M con una línea encima y además frascos sellados y llenos de un líquido rojo que suponían sangre de mártires). Al ser analizado en el laboratorio resultó ser perfume o vino de consagrar. El verdadero descubrimiento data de aquel día de 1578 en que los picos perforaron una bóveda de tierra. Más tarde los siglos se sucedieron, los frescos laberintos fueron adecuados para guardar vino cuyos toneles arruinaron las bellas pinturas al fresco al rozarlos en su paso por los corredores. Luego terremotos y tormentas ocultaron las entradas y las catacumbas se hundieron en un profundo sueño, yacían olvidadas por el mundo, pero siempre existieron peregrinos curiosos como Ud. y como yo y marcharon a redescubrirlas, “en una de mis visitas me topé con una señora romana que me comentó que había pensado que este era un lugar lúgubre y triste pero no fue así. Fue como visitar un templo muy antiguo, muy apacible, tranquilo y consolador”. Le relaté que hacía más de mil años otro peregrino tuvo una reacción muy semejante. Había escrito en latín en la pared de una catacumba de una de las galerías “Hay luz en estas tinieblas: hay música en estas tumbas”.

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