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Información General Domingo 28 de Mayo de 2017

Llegan los restos de San Martín

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Amado Raspo

Por Amado Raspo

El 5 de abril de 1877, el presidente don Nicolás Avellaneda, dirigió al pueblo de la República un manifiesto destinado a promover la repatriación de los restos de San Martín, fallecido en Francia hacía 27 años.

Avellaneda terminó su mensaje con la siguiente frase: "Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden la conciencia de sus destinos y los que se apoyan en tumbas gloriosas son los que mejor preparan su porvenir".

Se había formado una comisión para celebrar el centenario del nacimiento del prócer y continuó sus trabajos para repatriar sus restos. A principios de 1880, se decidió trasladar los restos de San Martín a bordo del transporte "Villarino" que llegó al Río de la Plata en el mes de mayo.

Fueron originariamente a Montevideo, donde se rindieron solemnes homenajes. Luego se cruzó el Río de la Plata, entre salvas, hasta arribar el 28 de mayo, por la mañana.

Ese día fue declarado feriado nacional; y la escuadra y los barcos surtos en el puerto izaron las banderas. Al bajar el féretro, Sarmiento pronunció en el muelle, uno de sus más emocionados discursos, en nombre del pueblo y Gobierno Argentino.

El cortejo se desplegó hacia la Plaza San Martín, donde los esperaban el Presidente y sus ministros. Al pie del monumento hablaron Avellaneda y el Ministro del Perú, don Evaristo Gómez Sánchez.

Luego el cortejo avanzó por la calle Florida, hasta desembocar a las cuatro de la tarde en la plaza de la Victoria. Los restos fueron recibidos en la Catedral metropolitana por el arzobispo Aneiros, y velados por una comisión integrada por los generales José María Bustillo, Juan E. Pedernera y José María Francia. Durante toda la noche desfilaron severos y tristes los guerreros y los descendientes de los fundadores de la Patria, para rendir el postrer homenaje. Algunos años pasados, con mi esposa y los alumnos de 5to. año del Instituto San Martín de Humberto Primo, fuimos a la Catedral, para rendir nuestro sencillo pero sincero homenaje a nuestro mayor prócer; y hallábase en ese entonces dos granaderos haciendo guardia.


Extractado de "Crónica Histórica Argentina" Tomo IV.

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