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Información General Domingo 13 de Octubre de 2013

Los Galgos: el café de los dos barrios

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Pepe Marquínez (Sunchales)

Por Pepe Marquínez (Sunchales)

Callao y Lavalle. Café y Bar “Los Galgos”, otro de los lugares declarados notables por el gobierno de la ciudad, según una ley que tiende a proteger el patrimonio tangible de Buenos Aires.

El local data de 1880 y originariamente perteneció a una familia de apellido Lezama. Allí se erigió una casa de dos plantas. En 1920 fue alquilada a la firma Singer, primera fábrica de máquinas de coser de América latina. En 1925 fue farmacia y en 1930 un asturiano aventurero se estableció con café y bar. El ibérico en cuestión era aficionado a la carrera de perros, algo muy común en su terruño natal; lo bautizó en consecuencia “Los Galgos” y la denominación se preserva hasta hoy. Hacia 1948 un gallego de la aldea de Lalin en la provincia de Pontevedra, Don José Ramos, lo adquiere y hoy el negocio está en manos de sus 3 hijos: Alberto, Inés y Horacio.

Ingreso, observo atentamente el entorno: una antigua radio eléctrica modelo “capilla” sobre una repisa, una manija chopera en forma de cisne, el mobiliario y la boiserie acorde con la ambientación al mejor estilo de los café parisinos del “viejo Montmartre", numerosas fotos antiguas y un cartel enlozado con fondo blanco y letras azules que dice: “Prohibido escupir en el suelo” (ordenanza de abril de 1902). Preside el recinto una pareja de galgos de porcelana, antiguos, esbeltos, colocados separados en dos repisas altas detrás del mostrador.

Me atiende amablemente Horacio Ramos, me pregunta si soy periodista. Obviamente le respondo que no, le explico que me gusta la historia de esta ciudad, sus rincones, sus sitios, que me atrapó su cultura y su música. Seguimos hablando, le pregunto: ¿en qué barrio estamos?. Entre complaciente y orgulloso me responde: “si usted sale por la puerta que da a Lavalle se encontrará en San Nicolás, si usted gana la calle por Callao estará situado en el barrio de Balvanera”. Realmente algo curioso. Alguna vez dije que los límites barriales de esta ciudad están determinados por lo que estableció originariamente cada parroquia.

Me cuenta Horacio que donde hoy está situado el Obelisco se encontraba la Iglesia de San Nicolás de Bari y que fue demolida para ensanchar la Avenida 9 de Julio y construir ese monumento (década del 30). Me trasladé a la zona aludida para tratar de encontrar algún vestigio de la circunstancia narrada por Horacio y observo satisfecho que en una de las caras del Obelisco está grabada la siguiente leyenda: “En este lugar se izó por primera vez la enseña nacional en la torre de San Nicolás” XXIII-IX- MDCCCXII. Esta parroquia dio origen al nombre del barrio.

También me cuenta que por Lavalle, cruzando Callao e internándose por lo que es hoy el pasaje Enrique Santos Discépolo hacia 1857 circulaba La Porteña. En 1878 dejó de hacerlo porque obstaculizaba el tránsito. Que por Callao vio pasar a Eisenhower, De Gaulle, Kennedy y Juan Pablo II y que eran habitués de Los Galgos entre otros Troilo, Discépolo, Frondizi y el bisonte Alende.

Muy cerca, en Callao 262, funcionaba el restaurante “El Tropezón” allí se comía el mejor puchero de Buenos Aires y en la época de oro del tango las grandes orquestas y la gente del ambiente artístico recalaba de madrugada luego de las actuaciones para rematar la noche y cenar.

Eduardo Trongé lo inmortalizó en la poesía de un tango del año 1928 que se llama “Seguí mi consejo” cuya letra dice… “No vayas a lecherías a pillar café con leche, mandate tus pucheretes en el viejo Tropezón”…Hoy el Tropezón ya no existe, cerró sus puertas en 1962, pero junto con Los Galgos y tantos otros lugares similares, forman parte de la rica historia de esta “misteriosa Buenos Aires”.

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