Por Alicia Riberi
Muchas veces cuando uno tiene hijos se fija metas para ellos y programa y organiza y cuando ellos crecen nos desbaratan todos los planes y eso nos hace pensar muchas veces que fracasamos como papás. Hay otros casos en donde damos tanto, que no permitimos que los hijos valoren lo que cuesta ganar cada cosa en la vida y se acostumbran a crecer pensando que el riego siempre viene de afuera, entonces no vale la pena el esfuerzo. También hay situaciones en que los hijos se crían como esas flores silvestres que crecen sin riego, ni cuidados especiales, descuidadas, pero igual se yerguen como diciendo, a pesar de todo acá estamos y en la sociedad como son silvestres las ahogan con las que parecieran rosas, orquídeas y no vemos la riqueza de lo simple.
Los hijos son un objetivo para casi todos los matrimonios, pero cuando los tenemos, muchas veces erramos en su formación, porque no hay escuela para padres, la vida simplemente nos adiestra a puro golpe y aprendizajes. Eso no está mal, lo que está mal es porfiarle a la vida cuando nuestros hijos no están en el camino correcto. No hay que defenderlos de nada ni de nadie, ellos deben aprender aunque sea con dolor, que la vida se descubre todos los días y que del esfuerzo depende el futuro. Si nosotros trazamos el futuro de nuestros hijos, los condenamos a transitar un sendero ajeno que no les va a permitir dar pasos seguros, sino pasos tambaleantes, por que como ellos no los trazaron desconocen las estrategias para resolver cada obstáculo.
Los hijos no son un trofeo que nosotros debemos exponer como la realización máxima de nuestra vida… por ejemplo, mi hijo es médico, contador, ingeniero y este pobre es empleado porque no le dio para más o es artista, bohemio y no supe qué hacer con él. Papás… ser ingeniero, contador, diplomático no garantiza que tengamos hijos mejores y peores, si les gusta la música, las letras, la pintura o simplemente ser mano de obra eficiente está muy bien. Si todos fueran “profesionales”, quién sería mano de obra para las cosas de todos los días, lo que sí hay que enseñarles es a hacer bien las cosas de todos los días, eso es ser valientes y generosos. Yo detecto que muchos padres cuyos hijos no son profesionales se sienten frustrados y eso está muy mal, yo me siento orgullosa de mis hijos como personas, como gente de bien y no hay que pedirles más de lo que nos pueden dar. Agradezco todos los días y a cada momento tenerlos, poder abrazarlos y decirles que los quiero mucho.
También es cierto que hay veces que no sabemos cómo ayudarlos a crecer, a descubrir sus metas, pero para eso también hay solución, ponerlos en manos de Dios y ayudar a esos hijos desorientados, escuchándolos y estando cerca para ir orientándolos y no manejándolos.
Los hijos son el regalo más grande de la vida y el amor por ellos es tan grande que duele y ese dolor nos da la pauta que no son nuestra propiedad, debemos formarlos para que enfrenten la vida lo más seguros posibles y no perderlos de vista, pero no vivir por ellos, ellos deben caminar su propio camino y encontrar el rumbo que los haga felices. A veces no es lo que nosotros quisiéramos para ellos, pero es lo que ellos quieren.
Los hijos no deben ser una obra de arte nuestra, sino que deben ser lo que ellos quieren, con lo que nosotros les enseñamos.
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