Por Pepe Marquínez (Sunchales)
Fue acaso el cabaret más famoso de aquel opulento Buenos Aires en la época en que el tango venía arrasando. Lo llamaron Chantecler y funcionó en Paraná 440 muy cerca de Corrientes. Se inauguró en diciembre de 1924 y en la oportunidad actuó la orquesta del renovador Julio de Caro. Estrenó en esa instancia el tango Buen Amigo y lo dedicó al Dr. Enrique Finochietto, famoso cirujano de aquel entonces.
En 1960 se decretó su defunción y Enrique Cadícamo, fiel habitué del recinto, le dedicó su tango “Adios Chantecler”: “ Te redujo a escombros la fría piqueta y al pasar de noche mirando tus ruinas,este milonguero se siente poeta y a un tango muy triste le pone sordina”… Por sus salones desfilaron variadas orquestas: la del mencionado Julio De Caro, la de Joaquín Do Reyes, Carlos Marcucci, pero la que más tiempo permaneció en cartelera fue la de Juan D`arienzo, el Rey del Compás.
Fue aquella una época en que proliferaron los cabarets (palabra francesa que se traduce como taberna) y con Buenos Aires a la cabeza, junto a nuestro Chantecler, existían el “Royal Pigall”, el “Marabú” (Maipú casi Corrientes), el “Tibidabo” (Corrientes y Libertad), el “Bambú”, el “Lucerna” o también los de la zona del bajo (Leandro Alem) de inferior categoría pero de nombres atractivos :·
”Montmartre”, ”Derby”, “Royal”, “Cielo de California” o el “Ocean Dancing”.
Eran espacios de diversión de la noche porteña, donde se lucían hermosas muchachas denominadas “coperas” porque precisamente se las contrataba para que el cliente consumiera copas mientras alternaba con ellas, por eso también se las conocía como alternadoras, se afirma que lo que consumían estas chicas era té, mientras al cliente se lo facturaba como whisky.
Varios tangos aluden a las mujeres de este ambiente; Perla Fina, Margot, De tardecita, Mano Cruel, solo por nombrar alguno de ellos.
Pero volviendo al Chantecler, digamos que era un lujoso cabaret donde actuaban acróbatas, magos, transformistas y hasta contaba con una pileta climatizada donde se lucían bañistas exhibiendo sus destrezas. Todo conformaba una varieté al mejor estilo circense. Contaba con una amplia barra y tres pistas para baile, escenario imponente y los palcos eran de una amplitud inusitada, donde el cliente podía beber y cenar en ellos y hasta bailar. Poseían teléfonos para ordenar su consumición. Estaban dotados de rojas cortinas de pana para asegurar la privacidad. Lo dice el tango de Cadícamo: “Entre aquellas rojas cortinas de pana, en tus palcos altos que ahora no están, se asomaba siempre Madama Ritana cubierta de alhajas y bebiendo champagne”. Es que el Chantecler era de propiedad de Giovanna Ritana y de su esposo Amadeo Garesio, oriundo de Córcega, quien llegara a Buenos Aires para actuar como trapecista. Se dice que la pareja regenteaba varios prostíbulos de Buenos Aires y que la Ritana conocida en el ambiente como “Jeannette”, hacia 1915 tuvo un “affaire” con un tal Carlos Gardel a la época en que el zorzal cumplía 25 años. Era de una belleza incomparable.
Otro personaje famoso del Chantecler, fue el “Príncipe Cubano” de piel morena quien durante muchos años actuó como animador del lugar (1). Se constituyó en una figura clásica del cabaret y se dice que fue quien bautizó a D`arienzo como “EL Rey del Compás”. Lo nombra el poeta en su aludido tango, como homenaje a ese lugar porteño que tuvo su larga historia: “ Ya no queda nada, ni aquello no existe, ni tus bailarinas ni tu varieté, Príncipe Cubano, te veo muy triste, pasar silencioso frente al Chantecler”.
(1) - Contrariamente a lo que la gente suponía, no era cubano sino que había nacido en el gran Buenos Aires en 1880. Su nombre verdadero era Angel Sánchez Carreño.
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