Por Alicia Riberi
Madre es una palabra muy pequeña que se expande en el universo infinitamente. Cuando me pongo a pensar que escribir sobre mamá, no me alcanzan las palabras, se me nubla la mente y se me extravía la mirada, como buscando a mi madre que fue un verdadero regalo de Dios.
Ser madre biológica o de corazón, es un don, es una gracia de Dios, es “trabajo enorme” que muchas veces nos absorbe mucho tiempo y a nuestro hombre le cuesta entender.
Me gustaría hablarle a todas las madres, a las que se ocupan de sobreproteger a sus hijos, les digo que no lo hagan porque cuando ustedes no estén pueden provocar en sus hijos, temor, inseguridad o bien buscar desesperadamente alguien que las reemplace; a las que están pensando en abortar…por favor, no lo hagan, son parte de sus vidas, son carne de su carne y se van a arrepentir, piensen si sus madres lo hubiesen hecho con ustedes…no estarían hoy acá; a las madres que sin darse cuenta no advierten que sus hijos necesitan algo de tiempo y muchas respuestas, que no tienen que encontrar en las calles, sino en su hogar, no las juzgo, ya que trabajé toda mi vida, pero siempre traté de cuidar mi vínculo afectivo con mis hijos y eso no implica que no me haya equivocado en muchas ocasiones, pero estuve y los abracé muchas veces e infinitas veces les dije cuánto los amo; a las madres que han perdido a sus hijos, no les puedo decir lo siento, porque es muy poco, ni puedo, ni quiero imaginar el dolor agudo que deben sentir durante todas sus vidas, lo que sí les prometo es orar siempre por todas ustedes.
En realidad hoy todas las madres debemos cobrar más protagonismo en la vida de nuestros hijos, porque el mundo los invita y los incita a meterse en una vorágine que los envuelve, y a veces dejan de ver con claridad cuál debe ser el norte en sus vidas. Si la familia siguiera siendo el eje de la sociedad, no habría tantos niños y jóvenes boyando por las calles sin rumbo, desorientados; no habría tanto anciano abandonado, tantas madres olvidadas, que cuando nosotros, ajenos a sus vidas, las visitamos y les preguntamos cómo están, rápidamente te responden, que tienen hijos, que están muy ocupados, pero que siempre les hablan y se acuerdan de ellas y entonces pienso, aún en ese momento los defienden y protegen.
Ser madre es dar sin esperar recibir, es apoyar incondicionalmente, es aconsejar desde el corazón sin importar que no nos entiendan, es fabricar un escudo gigante de amor para amortiguar los golpes, es estar, siempre estar…y seguramente cuando alguno se enoja y deja de vernos y nos rechaza, sentimos que en nuestro corazón algo sangra y una cuántas lágrimas silenciosas y escondidas se nos escapan, pero eso no debe paralizarnos, porque hay otros hijos, otros afectos, que esperan una sonrisa nuestra…pero a esos hijos que se van les recuerdo que Dios, nada más y nada menos que Dios, dijo: honrarás a tu padre ya tu madre. Pero también nos dice que podemos retractarnos, arrepentirnos y volver a empezar.
A los que no tenemos a mamá con nosotros, comparto el dolor, porque si bien agradezco profundamente a Dios que me la regaló casi noventa años, a ninguna edad, uno querría perderla…gracias viejita por haber sido un pilar fundamental en mi vida, por haberme formado en valores, por enseñarme tantas cosas, que hoy tengo muy presente.
Niños, niñas y jóvenes, descubran hoy y ahora el valor de tener una mamá con nosotros, no esperen sentir el terrible dolor de la soledad y la pérdida para descubrir su valor…mamá es el cimiento, es el sostén, es el amor caminando y ese amor se irradia todo el tiempo, en sus gestos, en sus miradas, en sus palabras.
Gracias Dios por descubrir el valor de mi madre y por ser madre…gracias!
Felicidad a todas las madres y vaya para todas una oración sentida y afectuosa! Madre, es una palabra que se prolonga hasta el infinito en nuestras vidas.
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