Por Alicia Riberi
En realidad la vida cada uno la construye como quiere y eso está bien siempre y cuando sus intereses personales no involucren a otras personas. Hay personas que construyen la realidad a través de mentiras que le son funcionales para cumplir sus objetivos. Si observamos a los políticos en la Argentina, se identifican mucho con esto ya que fabrican una panacea para conseguir el poder y después licuan la panacea y se transforma en un verdadero infierno que nos va calcinando poco a poco. Obviamente que hay gente que de todas maneras apoya mentiras que les sirven, otros apoyan mentiras que se tragan como grandes verdades y otros nos indigestamos porque no sabemos cómo hacer para digerirlas. La ARGENTINA reclama de políticos que sacrifiquen sus propios intereses en bien de un pueblo, que parecería amnésico ante una realidad que se viene repitiendo cíclicamente en la Argentina.
Hay ancianos que durante toda su vida escucharon a sus hijos decirles cuántos los querían y cómo les agradecían los esfuerzos realizados por ellos y hoy advertimos, que muchas personas no recuerdan que para ser lo que son necesitaron de sus mayores, mejores o peores, pero mayores que intentaron con su mejor esfuerzo marcar caminos para que al menos no se perdieran. Hoy hay graffitis en todas partes de propagandas de todo, sería bueno que existieran, para recordarnos los valores como estandarte en la vida, pero en todas las edades, ya que la madurez en lugar de hacernos evolucionar nos hace involucionar y perdemos de vista lo trascendente, para reemplazarlo por lo efímero y lamentablemente no lo descubrimos hasta que llegamos al final de la vida y a veces ni eso.
Hay familias que perdieron el rumbo, viven una gran mentira y en consecuencia su escala de valores se ve tan alterada que no perciben errores garrafales que terminan destruyéndolas. Una familia en la que se metió la droga, o las faltas de respeto o el engaño y siguen, van camino a una pendiente que indefectiblemente terminará desbarrancándolas.
En el orden laboral, estamos cansados de ver adonde lleva la mentira: al letargo total en donde cada uno se enfrasca en su propia mentira y construye a partir de ahí, castillos de arena o atropellos para lograr el poder a costa de lo que sea, aún a costa de mentiras que desconectan de tal manera a las personas con la realidad, que les hacen creer sus propias mentiras.
En la Iglesia seguramente se ven personas que van a mostrarse para generar una imagen exterior que les brinde el rótulo de buena persona, sin haber advertido que la iglesia es la casa de Dios en donde vamos todos los pecadores, pero aceptándonos como tales, no disimulando para creernos mejores que nadie, sino lo que en verdad queremos, aunque lentamente, es mejorar como personas desde el fondo del corazón. La hipocresía nos hace peores que aquel que es pecador y se reconoce como tal.
La mentira se instaló en el mundo desde el inicio de la humanidad, ha causado flagelos que han destruido poblaciones enteras y la vida de millones de personas, la mentira es peor que una enfermedad terminal. La enfermedad terminal, acaba con la persona, pero no con su espíritu, la mentira acaba con la persona y con su espíritu porque lo ha intoxicado, lo ha contaminado con tanta cantidad de mentiras que ya no se reconoce la verdad.
La mentira es uno de los tantos antivalores que rondan hoy, la vida humana…lastima, nos hace desconfiados, nos coloca en un lugar tenebroso y oscuro e impide que veamos la luz que nos conecta con la verdad, que es el valor por excelencia, porque permite construir cimientos inalterables y que garantizan una convivencia responsable y genuina.
La mentira como estilo de vida nos va empequeñeciendo y diluye el amor como motor de cualquier existencia para convertirlo en un motor que se activa sólo por conveniencia.
La mentira hoy es un estilo de vida… entre todos deberíamos desterrarla, para tener una esperanza en el futuro…
Los comentarios de este artículo se encuentran deshabilitados.