Por Pastor Carlos Terranova
Una de las grandes invenciones de la humanidad fue el microscopio. Quizá usted tenga una opinión diferente y considere que la televisión, la radio o Internet, etc. sean más importantes. Sin embargo considero un paso agigantado la articulación del microscopio. Ha permitido a los científicos apreciar en una dimensión mayor partículas diminutas que escapan a la visibilidad. Ahora, vamos a la vida práctica. Hay personas que asumieron en su vida un microscopio espiritual. ¿Por qué razón? Porque los problemas, por diminutos y triviales que sean, los agigantan a proporciones descomunales. A partir de insignificancias desatan verdaderas tormentas que nada le envidiarían al diluvio universal. Los israelitas en su salida de Egipto y, posteriormente, durante el tránsito por el desierto, tenían su propio visor. Con él agrandaban las dificultades y, automáticamente, generaban rechazo al obrar de Dios. No habían aprendido a confiar en el Señor y ante el más mínimo inconveniente, desencadenaban un huracán que sacaba a flote su condición de hombres y mujeres acostumbrados a la esclavitud, que no querían superar esa situación. Un pueblo así fue al que debió guiar Moisés. ¿Qué hubiera hecho usted en su caso? Probablemente habría renunciado. ¿Cómo identificamos que tenemos un microscopio espiritual en nuestras vidas? Sencillo: cuando no aceptamos que algún hecho, por mínimo que sea, marque una diferencia entre aquello que esperábamos y lo que ocurre realmente. No olvide que los seres humanos concebimos las cosas conforme creemos que deben ser, y si no acontecen como aspirábamos, nos asalta el desánimo, la desesperación y el íntimo deseo de no seguir luchando. Moisés, un líder que se forjó con el paso del tiempo y quien compartió las expectativas que nos asaltan a usted y a mí en diferentes períodos de la existencia. Sacó al pueblo del territorio próximo al mar Rojo y cuando, después de tres días de camino, atravesaban el desierto de Shur, se encontró con enormes dificultades cuando no se halló agua dulce para beber. “Entonces el pueblo murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Qué hemos de beber? Y Moisés clamó a Jehová, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron, y allí los probó...” (Exodo 15:24, 25). La salida a la encrucijada no es volver atrás ni salir corriendo, sino enfrentar los malos momentos, no con temor sino con la firme convicción de que podrán superarse. Esa certeza motivó a Moisés a implorar la respuesta divina para encontrar una alternativa. Debemos entender que los problemas no son para siempre. “Y llegaron a Elim, donde había doce fuentes de aguas, y setenta palmeras; y acamparon allí junto a las aguas” (Exodo 15:27). Moisés no sólo pudo solucionar lo inmediato sino que el texto me muestra que pudo guiar al pueblo a cosas mejores. Sin embargo dos meses después de salir de la cautividad, cuando se encontraban entre Elim y Sinaí y a pocos días de haber superado el problema de las aguas amargas, surgió otro inconveniente: “Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud” (Exodo 16:1-3). La gente buscaba algo por qué protestar. ¿Ha visto gente así?; Tal vez compañeros de trabajo quienes a todo le encuentran problema? Personas que se convierten en hombres y mujeres expertos en ver lo malo antes que lo bueno. “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo, y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no” (versículo 4). El Señor salió al paso con una solución. Dios cumplió su promesa y les envío el maná, pan del cielo. Pero al tiempo el pueblo en lugar de agradecer la provisión de su Dios, se cansó y empezó a reclamar que quería carne. La historia del pueblo de Israel se repite una y otra vez… ven los problemas con un microscopio y cada pequeña dificultad, los asaltaba como un problema gigante Una actitud negativa del pueblo fue olvidarse que el verdadero gigante era Dios, que El estaba de su lado y les respaldaba siempre. Momentos difíciles hemos atravesado todos. Usted y yo no somos ni los únicos ni los últimos en enfrentar dificultades. ¿Cuál es el secreto para sobreponernos con éxito? Sencillamente confiar en Dios, cuando arrecia la tormenta, debemos creer que Dios es más grande que los problemas, que en sus manos todo tiene solución. Sólo así venceremos. El pueblo de Israel exageraba los problemas y minimizaba el poder de Dios para ayudarlos, esa actitud los llevó a dar vueltas y vueltas por 40 años, cuando podrían haber llegado a su destino en 15 o 20 días. ¿Increíble verdad? Lamentablemente nuestra actitud hace muchas veces que perdamos la bendición de Dios, que erremos el rumbo y compliquemos innecesariamente las cosas para alcanzar nuestras metas. Debemos aprender que los problemas y las crisis son oportunidades de crecer y tomar decisiones sabias. Con la ayuda de Dios podemos enfrentar nuestra realidad con sus luchas y pruebas, pero con la seguridad que, como expresa el salmista…Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará el Señor –Salmo 34:19.
Primera Iglesia Evangélica Bautista -Email: pastorcarlosterranova@gmail.com
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