Por REDACCION
El "Tedeum" del 25 de Mayo se celebró en la Catedral "San Rafael" presidido por el párroco Alejandro Mugna al que asistieron autoridades. A continuación se transcribe su interesante homilía:
Una vez más nos reunimos en esta casa de oración para dar gracias a Dios; dar gracias por el don de la Patria que nos cobija, de la cual somos a la vez herederos y constructores.
Herederos del camino ya recorrido, del cual nuestros mayores han sido protagonistas en las diversas etapas de este pueblo, que es crisol de razas y de culturas. Herederos de un "modo de ser país", que se fue gestando a lo largo de nuestra historia y nos regala una identidad que amamos y defendemos. Somos a la vez constructores, llamados a un compromiso real con el presente, para abrirnos al futuro con esperanza.
Los textos de la sagrada escritura que acabamos de escuchar nos ponen de cara al proyecto de Dios, que es en primer lugar la persona y el mensaje de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, cercano a toda la humanidad hasta el extremo del amor manifestado en su cruz y resurrección. Las bienaventuranzas forman parte del "Sermón de la montaña", donde Jesús traza un programa de vida fundado en el amor, para hacer de sus discípulos "sal de la tierra y luz del mundo". Es un estilo de vida exigente y gozoso a la vez, que de ninguna manera invita a la resignación y a la pasividad ante el mal y la injusticia, sino que en lo cotidiano de la vida, invita a vivir la fuerza del Amor que todo lo transforma.
En este sentido el apóstol San Pablo nos exhorta: "eviten la amargura, los arrebatos, la ira, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Por el contrario sean buenos y compasivos, perdonándose los unos a los otros como Dios los ha perdonado en Cristo." (Ef. 4,31-32). La fuerza transformadora del amor traza caminos de reconciliación, y abre una brecha de esperanza, aún en las situaciones más complejas o negativas.
Los obispos argentinos en su mensaje de la última asamblea plenaria, se dirigen a "todos los miembros de la Iglesia y a los hombres y mujeres de buena voluntad", inspirados en la bienaventuranza que proclama: Felices los que
trabajan por la paz...
En el párrafo inicial de este mensaje, nos dicen textualmente: "Constatamos con dolor y preocupación que la Argentina está enferma de violencia. Algunos de los síntomas son evidentes, otros más sutiles, pero de una forma o de
otra todos nos sentimos afectados. Queremos detenernos a reflexionar sobre este drama porque creemos que el amor vence al odio y que nuestro pueblo anhela la paz" (N° 1).
La lectura completa del mensaje deja en claro que los obispos al señalar los síntomas de violencia en nuestra sociedad, nos manifiestan su preocupación de pastores, y nos ayudan a descubrir que todos, en diversa medida, somos
responsables de alguna violencia o de situaciones que la provocan e incluso la instalan.
A la vez nos invitan a ampliar la mirada, para descubrir que la violencia afecta a todos y sólo será posible superarla, si todos nos comprometemos en la construcción de la paz verdadera.
El compromiso por la paz debe llevarnos en primer lugar a una revisión personal, nos dicen los obispos en el número 4 del documento: "Para lograr una sociedad en paz cada uno está llamado a sanar sus propias violencias..." (4)
Y más adelante: "Para construir una sociedad saludable es imprescindible un compromiso de todos en el respeto de la ley. Desde las reglas más importantes establecidas en la Constitución Nacional, hasta las leyes de tránsito y las normas que rigen los aspectos más cotidianos de la vida.." (6)
Ante el desafío, los obispos nos brindan un mensaje de realismo, pero sobre todo de profunda esperanza, nos dicen: "Estos síntomas son graves. Sin embargo, en el cuerpo de nuestra sociedad se encuentran también los recursos para afrontar el paciente camino de la recuperación. Todos estamos involucrados en primera persona. Destacamos, ante todo, el profundo anhelo de paz que sigue animando el compromiso de tantos ciudadanos. No hay aquí distinción entre creyentes y quienes no lo son. Todos estamos llamados a la tarea de educarnos para la paz". (9)
Finalmente nos brindan el estímulo de la fe. Una fe que nos convoca hoy y que fortaleció e iluminó el caminar de muchos argentinos a lo largo de la historia: Nosotros creemos que Dios es "fuente de toda razón y justicia" y que los peores males brotan del propio corazón humano. El vínculo de amor con Jesús vivo cura nuestra violencia más profunda y es el camino para avanzar en la amistad social y en la cultura del encuentro... Jesús es nuestra paz, en él encontramos vida y vida abundante. A El volvemos nuestra mirada y en El ponemos nuestra esperanza para renovar nuestro compromiso en favor de la vida, la paz y la salud integral de nuestra querida patria. Jesús nos dice: "Felices los que trabajan por la paz..." (10).
Queremos trabajar por la paz, deseamos la felicidad de comprometer nuestra vida en la edificación de un mundo mejor, de una patria más justa, menos violenta y libre de aquellos flagelos que la afligen. Por eso con humildad los invito a que juntos recemos la oración que regaló al mundo San Francisco de Asís, oración que refleja un corazón pacificado por Jesús, el príncipe de la paz.
Señor,/ haz de mí un instrumento de tu paz:/ donde haya odio, que yo ponga el amor,/ donde haya ofensa, que yo ponga el perdón;/ donde haya discordia, que yo ponga la unión;/ donde haya error, que yo ponga verdad;/ donde haya duda, que yo ponga fe;/ donde haya desesperación, que yo ponga esperanza;/ donde haya tinieblas, que yo ponga luz;/ donde haya tristeza, que yo ponga alegría.
Señor,/ haz que yo no busque tanto:/ ser consolado como consolar,/ ser comprendido como comprender,/ ser amado como amar.
Porque:/ dando es como se recibe,/ olvidándose de sí es como uno se encuentra,/ perdonando es como se recibe el perdón,/ y muriendo es como se resucita a la Vida.
Que Nuestra Señora de Luján nos cuide con su ternura de madre y nos acompañe en la oración. Amén.
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