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Información General Miércoles 9 de Octubre de 2013

Murió Cacho Paublán, maestro de la locución

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REDACCION

Por REDACCION

El pasado 14 de julio había cumplido 77 años y aunque con las señales del paso del tiempo en su cuerpo -la suya no fue una vida fácil ya que todo le costó mucho esfuerzo-, siempre mantuvo un espíritu joven, una total frescura en sus pensamientos. Es que Raúl Paublán, Cacho para todo el mundo ya que fue y seguirá siendo amigo de todos, quien ayer nos dejó para siempre con su presencia física aunque incorporándose en el lugar de los mejores recuerdos, fue una de esas personas que no tuvo maldad. Habilísimo para entrelazar palabras, era por el contrario la imagen de la ingenuidad, de la sinceridad, de la inspiración de confianza, alejado de la maledicencia, del chismerío -como hace unos días lo reclamó el papa Francisco-, en definitiva, una persona de buena entraña.

Desde el micrófono fue un maestro, sin regalarle nada en el momento de la postrer despedida, sino que ese título lo da la vida, la capacidad y la condición humana. Lo dijimos muchas veces al escribir sobre Cacho, y personalmente cada vez que tuvimos oportunidad, que fueron muchas, pues hasta hace muy poco siguió visitándonos aquí en la Redacción, con su sonoro saludo del que nadie podía exceptuarse, portador de constantes recuerdos que parecía le hacían revivir aquellos tiempos de gloria, como realmente los tuvo siendo conductor de festivales, entrevistador infaltable de cuanta figura del espectáculo anduviera por aquí, locutor de fuste, dueño de una voz dulce, pegadiza y muy bien manejada, todo le salía naturalmente, había nacido con ese don y supo compartirlo con la gente. Desde aquellas legendarias tertulias de los domingos en Independiente de los años 60 y 70 de las que se transformó en la figura convocante con su capacidad e inventiva, siendo un verdadero anticipado en el tiempo, hasta todo lo que se fue enhebrando después en su carrera, conduciendo cuanto festival de importancia por aquí se hacía. Y la radio, esa LT28 nacida al aire en 1970 de la cual fue una de sus voces más prestigiosas, junto a otros como Teresita Volta -con quien compartió programas, La casa de los Tíos por ejemplo-, Juan Carlos Morales, Rubén Gerbaudo, María del Carmen Aleman, Néstor Pic, Carlos Beceyro, Leonelo Bellezze y Enrique Musachio, entre otros.

Pocos años antes también había participado de la radio LT24 de carácter municipal, creada durante la intendencia de Rodolfo Muriel, de la cual también tuvimos el privilegio de participar en su programación, aunque todo fue muy efímero, apenas algunos meses.

Para dar la verdadera dimensión de la talla de Paublán, tal vez lo más apropiado sea mencionar algunas figuras del espectáculo a las que entrevistó y presentó en los festivales a su cargo. Palito Ortega, Sandro, Valeria Linch, Susana Giménez, Mirtha Legrand, Sergio Denis. ¿Hace falta seguir agregando? También anduvo por el tango, presentando a Julio Sosa, al Polaco Goyeneche, a las orquestas de Osvaldo Pugliese, Juan D'Arienzo y Astor Piazzolla, manteniendo con esta última una breve relación que la amplió ser su presentador en actuaciones por toda esta zona. Estas menciones alcanzan y sobran para dimensionar su figura.

Otros datos lo recuerdan como empleado de la entonces firma Picasso, concesionaria de Ford. Que se había jubilado hace 10 años, que fue alumno de las escuelas Moreno y Técnica en los dos niveles de enseñanza, pero que la locución fue su verdadera pasión, una actividad que iluminó gran parte de su vida. Ya desde el retiro, despuntó el vicio con intervenciones en su LT28, también en la radio de su gran amigo Lolo Bauducco, en la San Patricio, complementando el mundo de recuerdos en el que vivía hurgando permanentemente en su voluminoso archivo de fotos, muchas de ellas publicadas en este Diario cuando algún acontecimiento relacionado con la figura en cuestión así lo justificaba. Más de una vez, desgranando esos recuerdos, daba la impresión que alguna lágrima quería escapar de sus ojos y rodarle por la mejilla. Lo contaba con pasión, más con el corazón que con el pensamiento, y fue tal vez lo que lo ayudó a mantenerse en vida.

Tuvo dos hijos que fueron su alegría, hasta el momento de los nietos que le iluminaron este último trecho del camino. Junto a sus amigos, en esas largas charlas noctámbulas del café, infaltables en una parte de su vida. 

A Cacho lo conocimos y disfrutamos de su amistad, desde aquellos tiempos de las recordadas tertulias. Los encuentros se fueron haciendo espaciados, pero bien aprovechados. Nos retumba aún su voz del cálido saludo en cada visita a la Redacción, que por suerte no fueron pocas. Nos dejó una gran persona, un buen tipo, como solemos decir siempre, lo que no es poco decir al momento de la despedida final. Un balance provechoso, ya que no somos más que eso: recuerdos a través de los cuales continuamos presentes. 


Roberto J. Actis

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