Por Pepe Marquínez (Sunchales)
“Esquina de barrio porteño, te pintan los muros, la luna y el sol. Te lloran las lluvias de invierno en las acuarelas de tu evocación”…(1). Sur de Buenos Aires, Barrio de Pompeya o Nueva Pompeya como le guste. Centenera y Tabaré, esquina inmortalizada por Homero Manzi en la poesía del tango Manoblanca. La denominación de las calles obedece por un lado, a la obra del uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, considerada como la epopeya nacional charrúa a la que denominó Tabaré y por otro como homenaje a Martín del Barco Centenera conquistador y poeta español, e integrante de las expediciones de Garay y Ortiz de Zárate.
Manoblanca es un homenaje al carrerito porteño que habitaba ese espacio barrial allá por los años 20, época en que Manzi desde el internado del Colegio Luppi de Centenera y Esquiú en Pompeya, recogía impresiones y vivencias que luego trasuntaría en sus poesías convertidas en letras de tango.
El carrerito en cuestión es un personaje del barrio del Once que conduce una chata celeste “mostrando las dos iniciales pintadas a mano”. Aquí Manzi hace referencia al filete, ese arte porteño tan valorado y tan nuestro que tuvo como precursor y gran exponente a León Untroib (Ostrow, Polonia 1911- Buenos Aires 1994).Hoy quizás el máximo artista del fileteado sea Martiniano Arce.
También el poeta nombra a “la estrella de bronce claveteada en la suela de cuero” aludiendo en esta oportunidad a un oficio en extinción: el del personaje que se dedicaba a realizar talabartes denominado precisamente talabartero.
Los caballos se llaman Manoblanca y Porteñito ;“el gajo de ruda detrás de la oreja” que lleva el conductor se usaba como preventivo de las paspaduras.
En Centenera y Tabaré hoy funciona el Museo Manoblanca el que guarda objetos y material relacionado con la vida y obra del poeta. Sobre el muro que da a Tabaré se encuentra escrita en grandes caracteres la poesía del tango referido y en lo alto luce emplazada una elegante chata celeste.
Muy cerca, se encuentra la Avenida Perito Moreno que une al barrio con Villa Soldatti y que no es otra cosa que el terraplén mencionado por Manzi en Sur.
También vecino a la esquina, aparece Puente Alsina allí donde muere Avenida Saenz la calle principal del barrio. El puente (denominado oficialmente Uriburu) une Pompeya con Valentín Alsina (esto ya es provincia) y otrora llegó a ser zona de guapos, malevos y compadritos. Por allí se encontraba La Blanqueada un boliche que también era lavadero de caballos. Se afirma que allí se bailó por vez primera el tango.
Del otro lado del Riachuelo, funcionaba La Chancha Negra que era milonga y fonda pero se le anexaba con frecuencia la riña de gallos y el cubilete.
Hoy muy cerca de los lugares nombrados, en Valentín Alsina, se ha erigido una estatua en homenaje al “malevo”, ese personaje porteño rescatado por el tango en muchas de sus poesías. Entre otros cabe mencionar al Tigre Millán: “Pobre tigre que una noche en Puente Alsina dos cobardes lo mataron a traición” … (2) y al zurdo Cruz Medina: “Fue hombre entre los hombres, fue taíta entre matones, pasó su vida breve allá en el arrabal… (3). La estatua está construida en aluminio y es obra del escultor madrileño José Perera, tiene una altura de 8 metros y se realizó sobre chapa batida, modelándosela a golpe de martillo y soldadura autógena. (4)
Hacia 1920, Valentín Alsina era pampa, constituía la zona de los alfalfares cuya fragancia – allende el Riachuelo- percibía Manzi desde su internado en las noches de Pompeya del Colegio Luppi: “y un perfume de yuyos y de alfalfa que me llena de nuevo el corazón. (5)
(1) Esquinas porteñas. Vals (Piana y Manzi).
(2) El Tigre Millán. Tango (Francisco Canaro).
(3) Sangre Maleva. Tango Pedro Blasco.
(4) Parise Eduardo. Secreta Buenos Aires.
(5) Sur. Tango Troilo Manzi.
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