Por Alicia Riberi
Reflexionando cuál es para mí el sentido de Pascua, descubrí lo importante que es la actitud que asumimos frente a esta celebración tan fuerte, todos los que nos sentimos parte de la Iglesia.
Iglesia no es una pared erguida y más o menos pintoresca, no es un conjunto de imágenes, ni la conforman los consagrados sino que todos somos iglesia, porque así lo quiso Dios. Aunque también debemos tener en cuenta que Dios es tan grande que nos dio la posibilidad de elegir, sí, no nos obligó a seguirlo, nos invitó a seguirlo, que es muy diferente y eso hace la diferencia. En la vida el mayor peligro que corremos las personas es la manera en que vivimos nuestra libertad. Muchos creemos que la libertad nos da el poder de digitar todo, aun lo que involucra a otras personas y en ocasiones se disgregan hasta las familias por el mal uso de libertad.
En cada pascua Dios nos convoca a que revivamos su muerte y resurrección para que nunca olvidemos que El asumió su muerte, por voluntad del padre, pero dócilmente por amor a nosotros y eso es mucho más que lo que nosotros somos capaces de hacer. Jesús venció a la muerte y somos tan ilusos que infinidad de veces lo desafiamos jugando a ser Dios, sin advertir que Dios hay uno solo.
Pascua es la posibilidad de revisar el sótano del corazón como decía Juan Pablo II, blanquearlo y sacar afuera lo que no sirve, lo que nos hace mal, para poder construir un lugar limpio y cálido para que Dios habite en ese sótano y se convierta en nuestro escudo para enfrentar todos los días los desafíos que seguramente se presentarán y no siempre podremos con todo y eso no es que Dios nos abandonó, sino simplemente que hay algo que aún no aprendimos.
Muy adentro siento que la Pascua es un regalo de Dios para su pueblo, porque cada año en esa fecha habilita una nueva posibilidad de conversión por su infinita misericordia. Nadie queda afuera de esta invitación, en consecuencia no hay que sentirse avergonzado y que esto impida nuestra cercanía a Dios, El siempre perdona y nos recibe como un Padre bueno que en un cálido abrazo, convierte nuestro corazón en un cofre de buenos sentimientos, que se dispersarán por el mundo y edificarán modelos más humanos que hoy parecieran desaparecidos.
Por respeto y consideración a su inmenso sufrimiento y sacrificio es que me atrevo a invitar a todos, eruditos e ignorantes, negros y blancos, pobres y ricos, consagrados, fieles y no tan fieles, tenemos una nueva oportunidad, Dios nos llama a través del Papa a volver al rebaño, a unirnos, amarnos, respetarnos, defendernos y apoyarnos ya que para Dios somos todos iguales.
Especialmente y muy humildemente le pido a los consagrados que sean pastores con olor a oveja como dice Francisco, ya que la humanidad los necesita para recuperar la fe y la confianza, tienen una gran responsabilidad. Toda la Iglesia deberá rezar ardientemente por ustedes para que resistan y puedan ayudar a la conversión de quiénes solo estamos aprendiendo. Pascua es una gran oportunidad.
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