Por REDACCION
Por Leandro Martino Luna. - El título corresponde a un documento cuyo título análogo escrito en 2012, pertenece a los catalanes Adell y Castañeda (artículo en línea). El texto interroga acerca de si por la irrupción de tecnologías emergentes (digitales) en entornos educativos tradicionales se requerirán también de teorías pedagógicas que “se hallen a la altura” de la revolución tecnológica actual.
El concepto nuevo dificulta definir lo emergente, y hay que evitar la confusión de emergente con nuevo. Es cierto que muchas tecnologías emergentes son novedosas, aunque el mero hecho de ser nuevas no las convierte automáticamente en emergentes. En educación, pueden ser nuevos desarrollos de tecnologías ya conocidas o aplicaciones educativas de tecnologías propias de otros campos de la actividad humana.
En la última década, con la llegada de la web 2.0 o web social (expresión acuñada por Tim O´Reilly en 2005) se han incrementado las versiones digitales de objetos de uso educativo cotidianos: pizarra (digital), libro (electrónico o e-book), fotografía (digital), aprendizaje (electrónico o e-learning) y la lista continúa. La presente ola tecnológica contiene una marca de origen a la cual debe su éxito: sus productos aspiran a convertirse en lo más invisible posible. Una tecnología es “invisible” cuando su uso no modifica el comportamiento habitual del usuario. Piense en los gadget que todos los días utiliza y que jamás imaginó emplearía, con mayor o menor destreza, de manera natural.
Adell y Castañeda definen a las pedagogías emergentes como “el conjunto de enfoques e ideas pedagógicas, todavía no bien sistematizadas, que surgen alrededor del uso de las TIC en educación y que intentan aprovechar todo su potencial comunicativo, informacional, colaborativo, interactivo, creativo e innovador en el marco de una nueva cultura del aprendizaje”.
Un ejemplo de ello lo demuestra la tabla de “conceptos clave y teorías del aprendizaje y de las alfabetizaciones digitales” de Helen Beetham, Lou McGill y Allison Littlejohn en la que se entrecruzan autores muy referenciados en pedagogía y psicología educativa como Gardner (inteligencias múltiples), Illich (descolarización) y Vygotsky (comunidades de aprendizaje/indagación) con enfoques tecno-educativos novedosos como el Conectivismo (George Siemens), la colaboración creativa (Burns, Humphreys, Landow), el Aprendizaje Académico (Holme) y la alfabetización multimedial (Buckingham, Setton Green), entre otros. Este “árbol” de referencias, pese a sus evidentes ramificaciones y frondosidad, no realiza una contribución clarificadora sobre las ideas esenciales acerca de qué son las “pedagogías emergentes”; y es factible que el amalgamiento de enfoques teóricos den como resultado propuestas contradictorias.
SOBREEXPECTACION
Resulta sencillo abrigar la creencia que las innovaciones de hoy van a alterar radicalmente la forma de enseñar y aprender de mañana. Es saludable sostener cierto escepticismo hacia las promesas de cambios revolucionarios. El universo educativo no está exento de los denominados “ciclos de sobreexpectación” típicos de la tecnología. La curva de Gartner representa un modelo explicativo al respecto: las personas y organizaciones pueden enarbolar el potencial disruptivo de productos, sistemas y procesos tecnológicos, aunque esa glorificación no depende de la propia tecnología, sino de las condiciones del contexto de aplicación, esto es, su uso en contexto y, especialmente, de los intereses comerciales que la rodean.
¿Es posible la “innovación disruptiva” en educación? Christensen, Horn y Johnson plantean una serie de ideas para innovar “disruptivamente” la educación estadounidense. Entre ellas, adoptar una perspectiva de enseñanza centrada en el estudiante disponiendo de una metodología didáctica propicia al aprendiz con la asistencia de tecnologías digitales al alcance de la mano. Además, proponen diseñar un currículum modular pensando en los estudiantes y no “monolítico” (o centrado en el profesor). Ambas no son apuestas pedagógicas nuevas, aunque sí “disruptivas” respecto de las prácticas corrientes. Los factores que aminoran la participación de los docentes en procesos de innovación didáctica y difusión de esas innovaciones responden, muchas veces, más a creencias y actitudes que a barreras materiales externas como son la falta de recursos económicos o de tiempo.
RASGOS VISIBLES
Como antes se mencionó, no es posible todavía resumir en un cuerpo sistematizado y definitivo muchos de los principios basamentales de las prácticas pedagógicas emergentes. No obstante, en algunas formulaciones teóricas sobre dicha temática (Anderson y Krathwohl, Churches) se pueden delinear algunas señas características:
* Poseen una visión de la educación que trasciende la mera adquisición de conocimientos y habilidades concretas. Educar es, además, ofrecer oportunidades para que se produzcan cambios significativos en la manera de entender y actuar en el mundo.
* Se basan en teorías pedagógicas conocidas y en desarrollos más actuales.
* Sus proyectos trascienden los límites físicos y organizativos del aula (extra-recintual) enlazando contextos formales e informales de aprendizaje, aprovechando recursos y herramientas globales, y mostrando colaborativa, social y horizontalmente resultados y productos también de manera global.
* Se exhorta a los participantes (estudiantes) a configurar espacios y entornos de aprendizajes propios. Ejemplo son los PLEs: Personal Learning Environments o Entornos personales de aprendizajes.
* Potencian conocimientos, actitudes y habilidades relacionadas con la competencia “aprender a aprender”, la metacognición y la responsabilidad.
* Convierten actividades escolares en experiencias personalmente significativas y auténticas, estimulando la creatividad y el compromiso emocional de los participantes.
* La evaluación asume márgenes de tolerancia que posibilita evidenciar aprendizajes emergentes, es decir, aquellos no prescriptos por el docente.
En el maridaje entre educación y tecnologías digitales existe una alianza compleja y recíproca: lo educativo, social, psico-pedagógico-didáctico se entrelaza con lo económico-comercial, político y simbólico. Más allá de estas variables, es la práctica educativa in situ la que moldea el uso y la puesta en acción de la(s) tecnología(s) en las aulas.
El autor es profesor de Educación Superior en Ciencias de la Educación en ITEC, ISP N°2 y UTN.
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